La Feria de la sabiduría (+video)

A pesar de limitaciones económicas y el déficit de generación eléctrica, en Sancti Spíritus se vivieron días enriquecedores, gracias al libro y la lectura

En Sancti Spíritus se puso en venta más de un centenar de títulos. (Foto: Vicente Brito/Escambray).

La XXXII Feria del Libro ya es historia en Sancti Spíritus. El suceso, reflejo del actual complejo escenario cubano y a pesar de un complejo déficit de generación eléctrica, nos regaló jornadas con opciones variadas, donde la literatura arrastró al resto de las manifestaciones.

El mayor peso recayó en los programas teórico y cultural, que compensaron los vacíos en los anaqueles. Desde hace varias ediciones se sabe que el objetivo mercantil no es diana de la cita. Cada vez son menos los títulos que llegan al territorio como consecuencia de la falta de papel y otros insumos a nivel de país. Sin embargo, se rebusca al interior del sistema de librerías y se ofrece todo cuanto exista. Gracias a esa estrategia se puso en venta más de un centenar de títulos y otros existentes en los almacenes de los municipios espirituanos. Por tanto, la cifra de más de 630 000 pesos expendidos no resulta novedad.

Como tendencia sigue la literatura infantil en la mira del interés colectivo. Títulos como La Edad de Oro y las pancartas didácticas se robaron el show. Mientras, para los adultos se distinguió Arte y Libros. Dos universos y una isla, de Carina Pino Santos Navarro, una verdadera joya editorial bajo el sello de Letras Cubanas.  

Precisamente, la estancia aquí de editoriales con gran prestigio fue un puntal fuerte, al igual que el diálogo con los invitados, firmas reconocidas a nivel de país.

También dignificó a la cita la extensión a centros educativos y de trabajo de las presentaciones, conferencias y lecturas de poesía y narrativa en busca de sumar a un mayor número de públicos.

Una de las novedades del suceso espirituano —a semejanza de la cotidianidad del país— resultó la muestra de textos digitales. Pese a que aún se tropieza de frente con resistencias, ha sido esa opción un alivio para las editoriales nacionales y la propia Luminaria. La ausencia de papel les ha obligado tener una larga lista en espera para publicar o solo sacar a luz cifras irrisorias de ejemplares. Igualmente, durante los espacios de la Feria se demostró que como nación aún queda mucho por hacer en el camino del libro digital, que para nada resulta fácil. Bien lo saben Liset López y Duniesky Contreras con su experiencia de El hábito de la lectura: una mirada desde Sancti Spíritus y Dianelys Hernández, con Las Academias de música en Sancti Spíritus (1806-1968).

Por su parte, el programa cultural debió, en ocasiones, ajustarse a la falta del servicio eléctrico por el aumento considerable del déficit de generación o, incluso, olvidarse de ello.

La acción más ovacionada no tuvo competencia: la presentación de la obra Fátima y el Parque de la Fraternidad, interpretada por Ray Cruz. Le siguieron las propuestas infantiles, los sonidos y colores de un fragmento de las Parrandas de Guayos en pleno bulevar yayabero y la representación del proyecto trinitario Entre hilos, alas y pinceles al compartir las páginas de Siguiendo el hilo del tiempo, de la artista visual Yudit Vidal Faife.

Esas opciones en centros culturales y espacios públicos confirmaron que en esta tierra se pensaron todas las alternativas posibles para hacer una fiesta, principalmente con los recursos humanos y materiales del territorio.

Y es que el mayor valor del capítulo espirituano de la Feria del Libro fue que apostó por cambiar las rutinas de la urbe del Yayabo; una proeza casi titánica en tiempos de estrecheces económicas y otros muchos problemas.

A pesar de las ausencias de títulos, desorganización en algunas acciones previstas, suspensión de otras por falta de fluido eléctrico, casi nulo uso de imágenes visuales sobre la celebración, no se permitió tirar por la borda el homenaje a la literatura.

Lo más fácil sería no hacer, posponer… Y, por suerte, la voluntad de todo un país volvió avivar la sed por el conocimiento, porque eso significan los libros —físicos o digitales—: una fuente inagotable para ganar sabiduría.

Lisandra Gómez Guerra

Texto de Lisandra Gómez Guerra
Doctora en Ciencias de la Comunicación. Reportera de Radio Sancti Spíritus y corresponsal del periódico Juventud Rebelde. Especializada en temas culturales.

Comentario

  1. Se pudo haber hecho mejor?? No va siendo hora de tratar de buscar alternativas para armar una especie de feria que sea solo infantil?? Una vez al año no es fácil intentar encontrar algo más, sobre todo cuando después ya no hay más nada hasta justamente la incertidumbre del próximo año.
    En esta feria creo que es la primera vez que no se vendieron libros de cocina..El libro de sudoku fue el despilfarro de dinero más grande de esta temporada. No lo digo por el contenido, sino por la forma en que presentaron el contenido en susb paginas. Si a alguien se le pagó por armar ese libro, pues que le devuelvan el dinero. Un niño de tres años lo podría haber hecho mejor.
    Y una nota aparte sobre la supuesta polémica en la puesta en escena de dicha obra. Que es verdad?? Que es mentira?? Que es exageración?? No por gusto se le levantó SS al otro día solo hablando sobre eso. Solo digo, una aclaración no está de más, para evitar futuros malentendidos. Aunque quien sabe, y no regrese más….

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