Trinidad de Cuba: el descubrimiento constante (+fotos)

El Centro Histórico Urbano de Trinidad y su Valle de los Ingenios se erigen entre los sitios más completos y mejor preservados de América Latina y el Caribe insular.

Cuando revisaron el expediente, hilvanado con el preciosismo de las tejedoras de antaño, y recorrieron palmo a palmo la ciudad, los expertos internacionales terminaron de convencerse: aquel villorrio suspendido en el tiempo y descrito en los folios mecanografiados ciertamente existía en la vida real. No dudaron, entonces, en enamorarse sin remedio de una reliquia como Trinidad, sobreviviente del imperio del azúcar, e inscribieron su Centro Histórico y su Valle de los Ingenios en la lista del Patrimonio Mundial.

La decisión, tomada de manera unánime en Brasilia, durante un encuentro de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el 8 de diciembre de 1988, reconoce los valores de la ciudad en tanto ejemplo eminente de “un conjunto arquitectónico que ilustra un período histórico significativo” y de “un hábitat humano tradicional, representativo de una cultura y vulnerable bajo los efectos de mutaciones irreversibles”.

Con un agasajo como ese, de índole universal, no solo se premiaba la cruzada por la conservación que habían emprendido los trinitarios desde inicios del siglo XX, cuando se alzaron las primeras voces ciudadanas para impedir que se demoliera uno de sus emblemáticos palacios; sino también el compromiso del Gobierno para con las labores de restauración y rehabilitación de la memoria histórica.

En semejante determinación mucho había influido, a su vez, la asesoría de la doctora Marta Arjona Pérez, presidenta del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, quien alentó a los trinitarios reunidos en torno al Museo de Arquitectura de la ciudad para que fundamentaran, teórica y metodológicamente, los valores del Centro Histórico Urbano y del Valle de los Ingenios, un conjunto que ya recorría el mundo a través del lente de los fotógrafos y que se erigía como la segunda propuesta cubana a la Lista del Patrimonio Mundial.

Adscritas al texto emitido en Brasilia, dos recomendaciones premonitorias: proteger el valle de cualquier medida que altere su integridad ecológica y constructiva, y atender las demandas del Turismo sin que el sitio patrimonial sufra modificaciones y usos inadecuados; ordenanzas que, sin embargo, no han bastado para proteger la tercera villa de los influjos —ora enriquecedores, ora perniciosos— de la contemporaneidad.

De los efectos de ese otro boom, no precisamente azucarero, al que ha venido asistiendo la ciudad desde hace algunos años puede dar fe Víctor Echenagusía Peña, quien se enroló junto a un reconocido grupo de especialistas en la aventura de confeccionar el exhaustivo expediente para optar por la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad, y hoy lamenta el deterioro que viene corroyendo los valores primigenios.

“Nuestra arquitectura es muy vulnerable —sostiene—; cualquier intervención desacertada, cualquier amputación, por mínima que sea, hace peligrar la esencia del conjunto. En la medida en que se van eliminando detalles y añadiéndose otros ajenos a la historia y tradición de Trinidad, se va contaminando, por desgracia, nuestro entorno patrimonial. Cuba es un ajiaco de culturas, es cierto, pero la ciudad debe crecer y enriquecerse de las influencias externas de manera coherente, orgánica”.

El redimensionamiento de la industria azucarera que otrora hizo florecer el valle, la apertura al Turismo como estrategia de supervivencia y, más recientemente, el aumento de las iniciativas por cuenta propia han transfigurado el escenario en el que se desenvuelve la restauración, realidad que, según Echenagusía Peña, impone nuevos retos en aras de preservar un espacio físico único.

“Sería imperdonable que no hiciéramos hasta lo imposible por salvar a Trinidad, una ciudad hecha a la escala humana. Es un conjunto arquitectónico que te arropa, te protege; no es como otras, en las que el edificio aplasta al ciudadano —asevera—. En Trinidad todo es holgado, hasta la luz es diferente. Hay un motivo de sorpresa a cada instante: doblas una esquina y te encuentras una visual inesperada, que se te interrumpe porque la calle se retuerce y llega no se sabe a qué lugar. Es el descubrimiento constante. Y, después, el hombre que juega dominó en la esquina, desenfadado, desafiando el calor. No puede encontrarse algo así en Nueva York, ni en Londres, ni en ningún lugar. En medio de un mundo que se mueve a una velocidad enorme, esta ciudad es un oasis que no podemos darnos el lujo de perder.

“Pero el hombre tiene que vivir, y ese es el sentido humanista de nuestra restauración; no porque restaurar sea una materia de las Humanidades, sino porque la rehabilitación de los edificios va acompañada del mejoramiento de la calidad de vida de la gente que los habita”, puntualiza Víctor, quien se confiesa un defensor a ultranza de las más raigales tradiciones de la villa.

Del desvelo por preservar también la espiritualidad del pueblo dio fe, durante el acto de proclamación en la Plaza Mayor, Federico Mayor Zaragoza, a la sazón director general de la Unesco, quien declaró entonces a la prensa: “Trinidad ofrece esa sensación de síntesis de cultura (…), las raíces de esa síntesis están vivas en las danzas y en las expresiones folclóricas del pueblo, que se suma, de hecho, a la cultura universal”.

Es una realidad que advierten, desde los expertos más avezados hasta los forasteros que inundan sus plazas, mochila al hombro: el Centro Histórico Urbano de Trinidad y su Valle de los Ingenios se erigen entre los sitios más completos y mejor preservados de América Latina y el Caribe insular, una condición que esgrimen los especialistas para demostrar que desde el minimalismo de una ciudad habitada, sin catedrales monumentales ni imponentes fortalezas militares, también se puede deslumbrar a medio mundo.

ESCENARIOS PATRIMONIALES:

El Centro Histórico Urbano cuenta con 2 051 edificaciones, en su gran mayoría viviendas representativas de la arquitectura doméstica de los siglos XVIII y XIX; de ellas, a 83 se les ha conferido el Grado de Protección I. Dividido para su estudio y restauración en tres zonas, abarca más de 50 manzanas. 

El Valle de los Ingenios se encuentra ubicado al norte y este de la ciudad de Trinidad. Cubre un área aproximada de 276 kilómetros cuadrados y está compuesto por unidades menores como el Valle de San Luis, el de Santa Rosa, el de Segundo Tercio del Agabama, la depresión de Méyer y la llanura sur de Trinidad. La región cuenta con 73 sitios arqueológicos y ruinas arquitectónicas como herencia del esplendor azucarero.

 

LEGADO EXCEPCIONAL

“Creo sinceramente que el único modo de detener el proceso de transformaciones de la periferia —y en algunos casos, de inmuebles del centro— es acudiendo al corazón y a la mente de sus pobladores, argumentando una y otra vez sobre la excepcionalidad del legado trinitario. No es inteligente modificar un Centro Histórico que ha llegado a nuestros días como lo era a mediados del siglo XIX (…). A la labor de las entidades que se han ocupado de la salvaguarda de la ciudad —cuyos resultados están a la vista— se debe sumar el esfuerzo consciente de los que la viven o la visitan, pues en Trinidad todos tenemos que ser conservadores de su patrimonio”. (Alicia García Santana, en su libro Trinidad, un don del cielo).

 

2 comentarios

  1. Ahora sí las veo, …por fin. Trinidad está muy linda y bien conservada. Me hubiera gustado haber visto todavía más fotos, hace años que no la visito.

  2. Caramba, ¿dónde están las otras fotos?, me dejaron embullado.

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.