Un palacio cinco estrellas (+fotos)

Descendientes de los Iznaga habitaron la casa hasta la década de 1990. El proyecto de intervención del Palacio Iznada, en Trinidad, ha atizado polémicas antológicas: ¿tradición o modernidad?, ¿cultura o turismo?.

 

Apuntalado por una inextricable armazón metálica y separado del resto de la ciudad por una pared de zinc que intenta preservarlo de la depredación, el Palacio Iznaga no solo les duele a los trinitarios por el deplorable estado en que vegeta desde hace décadas, sino sobre todo por el fracaso de los sucesivos intentos de restauración.

“Es como una llaga en pleno centro histórico -describe Isabel López, una lugareña que bordea a diario el impresionante inmueble y ha llegado a anotar las tablas que crujen, los aleros que se despeñan, las plantas parásitas que minan las paredes-. Está en pie de puro milagro”.

El deterioro ya venía reptando por las gruesas tapias mucho antes de que los propietarios, descendientes de la dinastía Iznaga, abandonaran la mansión hace casi 20 años y comenzara el largo vía crucis de la casona hasta encontrar quien se echara a cuestas la millonaria inversión que suponía devolverle las ínfulas de antaño.

El proyecto de hotel previsto para el Palacio Iznaga incluye la construcción de un edificio contemporáneo que respetará los códigos arquitectónicos del inmueble original. De modo que cuando supieron que la otrora residencia particular se convertiría en un lujoso hotel, los trinitarios se regocijaron por la salvación providencial con la misma vehemencia con que pusieron el grito en el cielo por las concesiones que -ellos lo saben mejor que nadie- el patrimonio cultural suele hacerle al turismo.

Acostumbrados como están a convivir con la infraestructura hotelera, los habitantes de Trinidad no se alarman tanto por el cambio de uso del inmueble como por las interioridades de un proyecto que concibe, además de la remodelación de la casa colonial, la construcción “desde cero” de una estructura contemporánea que permitirá ampliar la capacidad de alojamiento y, por ende, transmutará la imagen del Palacio Iznaga.

La inserción del nuevo volumen en el edificio con grado de protección I por sus valores históricos y arquitectónicos ha polarizado las opiniones: de un lado quienes sostienen la pertinencia de mantener a rajatabla la edificación, sin realizarle modificaciones ostensibles; de otro, los defensores de la convivencia armónica entre tradición y contemporaneidad, un criterio que, a la postre, ha terminado por imponerse.

Durante los años que se mantuvo cerrada, el deterioro agravó el estado constructivo de la mansión. EL TIEMPO DETENIDO

No fue precisamente para hospedar a extraños que don Pedro José Iznaga y Borrell, sobrino del Marqués de Guáimaro, mandó a reconstruir a principios del siglo XIX la casa solariega donde había nacido, en la calle Desengaño, entre Gloria y Media Luna, a escasos 100 metros de la Plaza Mayor de Trinidad.

En aquellas habitaciones descomunales de puntal altísimo que crecieron en orden irregular, ajustándose a las veleidades del terreno, plantó Iznaga y Borrell el origen de su familia, una estirpe que se mantendría aferrada al lugar hasta las postrimerías del siglo XX en un intento desesperado por preservar a buen recaudo el abolengo decimonónico.

Fascinado con la aureola de misticismo que advirtió en la mansión, el estudioso Joaquín Weiss incluyó en su libro La arquitectura colonial cubana una descripción del palacio tal como lucía en la década de 1960: “Cuando habitaba la casa la señora María Méyer, viuda de Iznaga, la vastedad y majestad de los aposentos, avalorados por su antiguo mobiliario, producía el efecto de que en ellos se había detenido el tiempo y refugiado allí algo de la vida de antaño”.

Por su parte, la doctora Alicia García Santana sitúa el inmueble “en el punto de partida de los cambios operados en la casa cubana tradicional durante el siglo XIX”.

La casona fue erigida a principios del siglo XIX a escasos 100 metros de la Plaza Mayor de Trinidad. Según la reconocida experta, el Palacio Iznaga fue uno de los primeros en utilizar el alero en gola, que se extendería a toda la región central durante la primera mitad de esa centuria; el hierro para la protección de ventanas y balcones, así como las persianas en abanico para proteger la galería-comedor de los ardores del trópico.

Edificación que descuella en el entramado urbano por la monumentalidad de su escala y la armonía de sus elementos compositivos, el Palacio Iznaga está a punto de sumar al inventario de primicias constructivas la de erigirse como la primera mansión doméstica trinitaria a la cual le “crecerá” un hotel cinco estrellas en las espaldas.

ALARIFES MODERNOS

Mientras recorre las estancias que aún permanecen en pie, Giddel Yhanes Calero, director de la Unidad Básica Inversionista Palacio Iznaga, no se imagina aquellos lejanos días en que el maestro de obras verificaba el trabajo de artesanos y alarifes, sino la fisonomía hipotética de la futura instalación que, bajo el patronato de Hoteles Encanto, de la cadena Cubanacán, dispondrá de 10 habitaciones en el edificio patrimonial y 31 en el nuevo inmueble.

A punto de comenzar las acciones más apremiantes -consolidación de los muros en peligro de colapso, restauración y restitución de los elementos originales-, repasa una y otra vez hasta los mínimos detalles de un proyecto que costó, al decir de buena parte de los 60 trabajadores que dirige, “sangre, sudor y lágrimas”.

El deterioro ha venido trepando por los muros y arcos de medio punto desde hace más de 20 años.“Es una intervención osada -asegura Yhanes Calero- porque implica la construcción de un edificio completamente nuevo, por lo que fue preciso que los especialistas de Trinidad y los arquitectos que asumieron la obra en la Empresa de Proyectos (EPROB), de La Habana, negociaran antes de entregarnos el resultado definitivo para ser ejecutado”.

De tales escaramuzas dan fe los mil y un documentos que, durante años, ha venido intercambiando la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios con la EPROB y que han redundado en la concreción de ideas conceptuales respetuosas del inmueble y su entorno: que se rescaten los elementos originales y se reinterpreten los ya perdidos sin remedio; que la edificación añadida no exceda las dimensiones del inmueble primigenio ni rompa la línea de fachada; que la infraestructura técnica necesaria para el funcionamiento del hotel no amenace las visuales del monumento, y un larguísimo etcétera de recomendaciones y ordenanzas impostergables.

“Ha sido un proyecto fascinante -sostiene vía telefónica Susana Fresneda, especialista en Arquitectura de la EPROB, quien lleva dos años enrolada en esta suerte de expedición a la Trinidad profunda-. Detectamos en el edificio los elementos que necesitaban restaurarse, pero tuvimos que recorrer otras casas erigidas en la misma época con el propósito de observar los rasgos arquitectónicos que en Iznaga ya se habían perdido”.

Al decir de proyectistas e inversionistas de la obra, el inmueble original, cuyas estructuras se respetarán al máximo, permitirá la lectura coherente del período histórico del que es representativo; mientras el adosado se inspirará en los códigos de la casa colonial, sin calcos miméticos, de manera que la identidad trinitaria se advierta, incluso, en la inserción contemporánea.

A un costo aproximado de 13 millones de pesos, según cálculos preliminares de Giddel Yhanes, la gigantesca obra debe quedar concluida en 22 meses y medio si llega a cumplirse con precisión inglesa el apretado cronograma de ejecución, si los recursos arriban en tiempo, si las dilaciones que han rondado el proceso inversionista del Hotel Pansea no deciden posarse también sobre los arcos de mediopunto y la torre-mirador del Palacio Iznaga.

Para ese entonces ya los trinitarios habrán venido asistiendo a la transfiguración, palmo a palmo, de un inmueble que veneran con devoción casi religiosa y que prefieren dejar en los estrechos márgenes del turismo antes que desmigajado de a poco bajo el peso avasallador de la escasez y la desidia.

4 comentarios

  1. Me alegro que pueda al fin rescatarse ,aunque sea en su aspecto exterior ,el legendario Palacio de Iznaga como decia alguien en el articulo… es una llaga en el mismo Centro Historico de la ciudad… Pienso que cualquier Trinitario estara feliz de que este inmueble insignia de muchisimas visuales de la ciudad tenga al menos un uso decoroso aunque no sean los de aquel Centro de Promocion , Desarrollo y Promocion Cultural Para la Comunidad que soño la Oficina del Conservador de la ciudad….en cuanto al edificio en la parte trasera me gustaria que tuviera el aspecto colonial del edificio principal al menos en sus exteriores…. si no desentonaria…..lo digo porque no se aclara bien en el articulo…

  2. A decir verdad eso se veía venir nadie iba a invertir semejante suma de dinero que requiere ese inmueble si obtern ningúm provecho, eso no es nuevo los esperituanos saben bien, que la Colonia para que fuera restaurada hubo que darsela a una cadena de tienda que opera en divisas (TRD) , EL MISMO HOTEL CANADA´EN TRINIDAD, EL ANTIGUO HOTEL PERLA ETC,ETC ,ETC.

  3. Hay algo que es de vital importancia que en este comentario no se aclara del todo los herederos que partieron en fecha expuesta por casualidad dejaron o hubieron de ceder la propiedad de este palacio o retazo de cinco estrellas al gobierno por escrito o alguna otra entidad u otra persona porque de lo contrario no veo el porque sean las razones que sean quien no sea el propietario en este caso el gobierno provincial tenga que invertir exagerada suma de dinero para en momento determinado se aparezca determinada persona como verdadero titular heredero digo esto pues hay un cuento chino que dice PAPELITOS HABLAN y en eso no se equivocan aunque halla en existencia muchas quejas pero las leyes pueden derrumbar un castillo de cinco estrellas de buenos deseos y de costumbres de aparecer un reclamante y no creo que nadie quiera trabajar como un chino si no tiene garantizado o legalizado la propiedad del palacio por lo cual no vale la pena comer ansias y luego morir de frustraciones a no ser que el o los herederos que los hay garanticen reconstruir al gobierno para que el palacio se convierta parte del patrimonio de la provincia pues de otra forma son palabras en superlativo y MAYUSCULAS sin riesgo a la perdida muy elevada monetaria. Lazaro izquierdo

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