Crítica con nombre propio

buen humor vs mal humorProsiguen los criterios sobre el polémico tema del humor en Sancti Spíritus.

 

(Roger Fariña Montano, director del Teatro Principal)

Me ha tocado participar en este debate sobre el polémico tema del humor en Sancti Spíritus. Objetivamente ya era necesario, por lo que agradezco a quienes hicieron llegar sus criterios a propósito del artículo “Más allá del cuero”, publicado el 16 de agosto en las páginas de Escambray. En palabras de la colega Gisselle Morales, “la polémica suele ser provechosa cuando se circunscribe a ámbitos intelectuales”.

En la sección “Derecho a réplica” el director del grupo humorístico Cariduros, Noelio Ramos, manifiesta su desacuerdo con los criterios planteados en “Más allá del cuero”. Ramos sugiere en las líneas finales de su texto que “cualquier crítica o sugerencia, venga de quien venga, si es justa, será bien recibida”.

Ello tiene puntos en común con el comentario de un asiduo lector de Escambray que declaraba estar de acuerdo con el artículo, pero que siempre esperó se mencionara el nombre de algún grupo o espectáculo. En ese momento, honestamente, no era el propósito del comentario, mas ahora lo reclaman las circunstancias.

Dentro de una bolsa es muy difícil respirar. Así afirma el director de Cariduros, quien acota que la crítica no debe consistir en meter a todos dentro de un mismo saco. Sin embargo, él continúa denunciando mi criterio de que algunos grupos arman un show a base de fonomimias y caricaturas; a lo que conjetura posteriormente que he ignorado como articulista que “esas dos variantes de la proyección escénica son precisamente las que distinguen a la casi totalidad de los grupos del territorio”. Entonces me asalta una pregunta: ¿quién está metiendo a quién dentro de una bolsa?

Pa 500 es el título del espectáculo que propuso recientemente Cariduros. Con la dirección artística y general de Noelio Ramos, Pa 500 alude a problemáticas que están latentes en la semántica conductista de orden psicosocial. Intenta abordar temas de cortes múltiples con la máxima de propiciar una variedad meditabunda al espectador.

El espectáculo no siempre lo logra, y no porque la idea esté infundada, sino por la carencia de recursos expresivos en el diseño de los personajes, también en consonancia con el ceñido esbozo de las escenas y, por tanto, en su acabado.

Los actores acuden a estereotipos y a personajes caricaturescos, lo cual es un tanto más permitido en el humor por sus características específicas; sin embargo, no se percibe un entrenamiento o técnica precisa que resalte las dotes histriónicas en sus representaciones.

Esta falta de oficio —y no me refiero al oficio de trabajar una jornada de ocho horas y cobrar a fin de mes— desencadena una larga lista de desaciertos e imprecisiones, ya sea en la sucesión de acciones o de movimientos, incluso, en la dicción por el atropellamiento de los textos, en el caso de los sketches que se insertan dentro del espectáculo.

Un plato fuerte de Pa 500 son las fonomimias. En este aspecto arrancan risas, sí que lo hacen, apoyándose en las desventajas físicas del actor con el vestuario árido o extravagante. Pero deberán cuidar el momento del doblaje, tan fundamental en las fonomimias, si se tiene en cuenta que es un personaje el que está pronunciando desde la musicalidad esos textos; en ocasiones se descuidaban, se ocupaban más de la gestualidad y perdían el sentido de la historia. Ha de recordarse que el público, por supuesto, no va a los teatros o al cabaret a que lo engañen.

En el intento de comercializar su producto humorístico llaman al espectáculo Pa 500, un título que a todas luces confunde al espectador que lee los anuncios en la cartelera, asiste al encuentro y una vez en su butaca queda desalentado intentando hallar analogía entre el nombre que le vendieron y lo que ve. Esta incoherencia da paso a que el hilo conductor nunca se defina.

En su réplica el director se contradice y a ratos es —sin ironías—honesto cuando afirma que “un espectáculo muy bien intencionado, apto para cualquier tipo de público o escenario, suele ser tildado de tedioso” y en otro momento acentúa que “esta labor (la del humor) es también un medio de vida y un modo de sustento”.

Es ahí donde radica el quid de la cuestión. Se trata de que al convertir el humor en una vía de sustento, en las salas de los teatros o en los sitios nocturnos tengamos que aguzar los sentidos y mirar cómo se deshonra el arte y, por ende, la cultura.

Sirva este análisis de puente comunicativo que incita al diálogo agudo y constructivo; de lo contrario, se estaría desaprovechando una polémica que ha puesto en primeros planos la salud de nuestro humor.

3 comentarios

  1. Realmente no espero que esta polémica de algún resultado, pues lo veo ahora como algo más personal. El artículo fue generalizante y fuerte, la respuesta del humorista clara y oportuna. Lo que sucede es que no tenemos una crítica sistemática en nuestros medios de todos los espectáculos de arte que se ofrecen en SS y no solo de humor, las noticias de arte en los medios solo son informativas. Un buen ejemplo los columnistas que atienden las actividades deportivas ahí si hay siempre critica oportuna, ah y muy profesional. Mi sugerencia saquen todos sus conclusiones pero pongan punto final a este dime que te diré.
    saludos

    • tiene razón mi amigo edelvys, ya no tiene sentido ningún dialogo porque es que nunca hubo intensión de las partes. hay cuestiones que por ética no mencinaré pero el humorista fue muy claro cuando pidió en una ofensiva carta inicial inédita hacia mi persona y luego en su réplica de Escambray que necesitaba críticas con nombres y apellidos para de esta manera arreglar los problemas, y yo como crítico tenía que ser fiel a mis principios; y así fue. no es nada personal, no se equivoque, soy un profesional, es solo que en mi artículo de Más allá del cuero solo pretendía hacer reflexionar sobre esas problemáticas que usted y el pueblo saben que existen, ese era el cometido del artículo y si se fija bién no menciono nombres de grupos, espectáculos o directores, es solo un mal general que asfixia el humor a escala nacional. no sé cual fue la rezón que llevó a este humorista a indignarse, se supone que está seguro de que su trabajo es digno y profesional, si fuera el caso, no tenía que -como se dice en el argor popular- ponerse el chaleco: ¿por qué se lo puso? Reflexione amigo, todo por el bien de la cultura y la salud cultural y recreativa del pueblo !que merece buen arte!. saludos cordiales, Roger Fariña

  2. Ojalá la polémica ayude a mejorar la calidad de los espectáculos humorísticos en Sancti Spiritus. Creo que los encargados de decidir qué llevar o no al público podrían ser más estrictos y no permitir que grupos de mala calidad suban a escena. Esto que digo es válido también para otro tipo de espectáculos, donde han sido protagonistas artistas de otros territorios.

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