2015: la economía cubana ¿se mueve?

Después de tocar fondo en junio de 2014 con solo 0,6 por ciento de crecimiento del PIB, se logró leve mejoría en el segundo semestre y —al parecer— sentar las bases para emprender en el presente año un crecimiento sostenible basado en factores internos y externos

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La economía cubana, en pleno proceso de transformación y revitalización desde la aplicación de los lineamientos aprobados por el VI Congreso del Partido, tocó fondo al cierre del primer semestre del 2014, con solo 0.6 por ciento de crecimiento del PIB.

Tan bajos resultados encendieron las alarmas, pues la cifra de incremento fijada para el año era de 2.2, basada en la aplicación de un grupo de programas y resortes de incentivos —que en parte no funcionaron— basados en los propios lineamientos, lo que hizo que economistas, periodistas e, incluso, directivos llamaran a definir con exactitud las causas y a encontrar soluciones que pusieran el desenvolvimiento económico sobre los parámetros trazados.

Finalmente, después de un gran esfuerzo en los distintos sectores, se logró terminar el año con 1.3 de crecimiento, dígito inferior a lo propuesto, pero indicativo del comienzo de un proceso de recuperación que, según entendidos, marca el principio de un cambio de ritmo de la economía de forma ascendente y a largo plazo.

Vale decir que el incremento medio de ese PIB entre el 2009 y el 2013 fue de 2.7 por ciento, cuando se estima que para emprender de forma efectiva el camino al desarrollo el país necesita crecer anualmente a un ritmo nunca inferior al 6.5 y, de ser posible, entre el 7 y el 8 por ciento. Vale recordar a propósito la megaeconomía china y el incremento sostenido de su PIB de entre un 8.5 y un 10 por ciento a lo largo de varios quinquenios, hasta convertirse en la mayor del mundo, por encima incluso de la de Estados Unidos.

Estos antecedentes sirven para valorar que, según lo informado en la IV Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, efectuada en diciembre, el incremento del PIB cubano para el presente año, estimado en algo más del 4 por ciento, representa un salto en relación con el desenvolvimiento anterior y debe marcar la pauta hacia resultados superiores.

Cuando la dirección del país plantea este incremento sostenido para los próximos años no lo hace basada en simples deseos de buenos augurios, sino que ya se han ido probando estrategias y métodos con prometedores resultados en un grupo de aspectos relacionados con el accionar económico.

De los datos económicos conocidos durante la última ronda de sesiones del parlamento cubano, se destaca el aumento de las inversiones previstas en 7 159 millones de pesos, lo que supera en 1 595 millones lo ejecutado el pasado año.

Entre estos se pueden citar —hasta septiembre del 2014— el aumento de 54.1 del aporte neto de las empresas por concepto de gravámenes, así como el crecimiento en 10.5 del impuesto de circulación y ventas de mercancías y servicios. Positivo también ha sido la reducción de las importaciones del 32.4 por ciento del PIB al 18.8, mientras las exportaciones totales se elevaron un 48.7 por ciento al crecer del 16.2 al 30.6 por ciento del PIB.

Debido a lo anterior se generó un cambio trascendente en la balanza comercial al pasar de un déficit promedio anual de 2 300 millones de dólares, a un superávit  de 2 991. Esto, naturalmente, crea las premisas necesarias para avanzar en la liquidación de la deuda externa y reequilibrar la balanza de pagos.

De los datos económicos conocidos durante la última ronda de sesiones del parlamento cubano, se destaca el aumento de las inversiones previstas en 7 159 millones de pesos, lo que supera en 1 595 millones lo ejecutado el pasado año. De acuerdo con las medidas adoptadas para incentivar el proceso productivo, se ha dado prioridad a la industria ligera, la agricultura y la ganadería, así como a la creación de infraestructura, entre otros sectores.

A los efectos del esperado despegue económico resulta obligado hablar de la Zona Especial de Desarrollo del Mariel (ZEDM), inaugurada en enero del 2014 por los mandatarios de Cuba y Brasil, y de la nueva Ley de Inversión Extranjera, encargada de ampliar y regular las prerrogativas de entidades foráneas para participar en la apertura económica cubana.

De momento, y según las tratativas realizadas con un grupo de empresas de distintos países, que poco a poco se irán concretando, Cuba se propone encaminar las inversiones hacia un grupo de sectores priorizados: farmacéutico y biotecnología, agroalimentario, agroquímico, energías renovables, construcción, automotor, electrónica y otros.

No se trata de objetivos tomados al bulto, sino que se han delimitado cerca de 250 proyectos relacionados con sectores y ramas privilegiados por la nación, con un valor total de casi 9 000 millones de dólares, siempre de acuerdo con las estrategias de desarrollo del país. Para cada uno de esos planes y programas se han calculado costos, tiempo de ejecución, fecha de entrada en explotación, suministradores y mercados, y aporte a la economía, entre otros aspectos básicos.

Ya desde los primeros momentos de inicio de las operaciones de la Oficina Reguladora de la ZEDM, distintos analistas adelantaban el impacto que tendrá la terminación de las obras de ampliación del Canal de Panamá, previstas para concluirse a finales del 2015, y el cruce por esa vía interoceánica de buques del tipo Post Panamax con capacidad para entre 4 000  y 5 000 contenedores.

Cuba se propone encaminar las inversiones hacia un grupo de sectores priorizados: farmacéutico y biotecnología, agroalimentario, agroquímico, energías renovables, construcción, automotor, electrónica y otros.

Y este cálculo, al que habrá que añadir en su momento lo que representa para Cuba la construcción de un súper canal en Nicaragua —el cual deberá estar terminado en el 2019—, debe generar demanda de fuerza de trabajo especializada, en particular de países del área, y ninguno cuenta con recursos humanos tan numerosos e instruidos como nuestra isla, estrecho aliado del gobierno sandinista en el marco del ALBA.

Pero este somero análisis estaría incompleto si no se precisara que el señalado incremento mínimo del 4 por ciento del PIB cubano para el presente año no tiene en cuenta las perspectivas que se abren con el anunciado restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre La Habana y Washington, pues los directivos de la esfera económica manejaron esencialmente datos basados en el programa de desarrollo del país, derivado de los Lineamientos Económicos emanados del VI Congreso del Partido, y en nuestras propias potencialidades.

Fundamento de lo anterior es que, cuando se anuncia oficialmente el acuerdo base de Cuba y EE.UU. el pasado 17 de diciembre, ya estaban elaborados los planes e informes para el presente año, que debían presentarse a discusión en la Asamblea Nacional, la cual por esos días estaba sesionando.

Sin embargo, preciso es decir que la nueva realidad incorpora factores de peso a tener en cuenta, por cuanto entre las medidas previstas por la administración Obama figura la autorización a los norteamericanos a viajar a Cuba, que ya logró este año el récord de 3 millones de turistas recibidos, a los cuales se pudieran sumar en el 2015 al menos medio millón de estadounidenses, interesados en conocer personalmente la isla y en derribar tabúes, cifra que debe incrementarse en un futuro.

La potenciación de la industria turística en su conjunto por una demanda incrementada en todos los aspectos puede actuar también como una locomotora adicional tirando del tren de la economía cubana.

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