Agua a punta de lápiz (+fotos)

A pesar del envejecimiento de los sistemas de riego, Sur del Jíbaro le pone coto a los tiempos en que el agua se despachaba por la libre

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El agua resulta determinante en casi todos los procesos vinculados al cultivo extensivo del arroz. (foto: Juan A. Borrego)

Con 2 779 kilómetros de canales de riego y drenaje —casi el doble de la extensión de la isla de Cuba—, más de un millar de compuertas y una cifra similar de mecanismos hidrorreguladores, gobernar el agua en la arrocera Sur del Jíbaro parecería tan complicado como hacer aterrizar sin contratiempos un MiG 29 en las cuestas del Escambray.

El ingeniero Genaro García, uno de los hombres que sabe contar con pelos y señales la historia productiva de los llanos de La Sierpe, asegura que los sistemas —concluidos a inicios de los años 70 del siglo pasado con asesoría del extinto campo socialista— tienen tanta simetría como las calles del Vedado, pero también se tragan media presa en una cosecha.

Si se considera que la tecnología por aniego empleada en la zona tiene una norma de aprovechamiento de apenas el 68 por ciento —sin contar el desgaste acumulado y la falta de mantenimiento— y que el canal magistral, que trasvasa el agua a lo largo de 45 kilómetros hasta los límites con Ciego de Ávila, fue concebido con pérdidas planificadas por proyecto de un 15 por ciento, entonces resulta fácil inferir que alrededor de la mitad del agua de la presa Zaza, el mayor embalse artificial del país, se pierde, irremediablemente, antes de llegar a la planta.

El asunto clasificó como intrascendente en los tiempos en que los temporales se sucedían lo mismo en otoño que en primavera y las presas se llenaban mes tras mes; sin embargo, a la luz de la nueva realidad climatológica la cuestión se torna estratégica, sobre todo cuando se trata de una producción como la arrocera para la cual el agua, sencillamente, es de vida o muerte.

El dilema fue abordado en estas propias páginas en noviembre del 2010, en el contexto del debate nacional a propósito de la discusión de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, cuatro de los cuales (300, 301, 302 y 303) abogan por la necesidad de un mejor uso del agua. Para entonces la más importante empresa agropecuaria de Sancti Spíritus y una de las principales arroceras de Cuba (aporta aproximadamente el 25 por ciento de la producción nacional del cereal) era renombrada también por un sobreconsumo que desbordaba todas las normas —17 351 m3/ha para la temporada de frío y 16 154, para la de primavera—, con cifras alarmantes como las del 2002, año en el que su promedio se disparó hasta los 28 047 m3/ha.

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Cientos de alcantarillas y mecanismos de regulación han sido reparados en Sur del Jíbaro entre 2010 y 2014. (foto: Juan Antonio Borrego)

DISCUTIMOS PERO AL FINAL NOS ARREGLAMOS

Unos 500 anegadores diseminados por cinco Unidades Básicas de Producción Cooperativa, una granja estatal y siete cooperativas de Créditos y Servicios cumplen el ritual de torear el agua que llega por gravedad desde la presa Zaza hasta la última terraza de Sur del Jíbaro.

Acostumbrados por décadas a servirse “a toda teta”, como ellos mismos prefieren definir los tiempos de la abundancia o el derroche, los arroceros han tenido que apretarse muy duro el cinturón para implantar el imperio del orden, cumplir los índices aprobados para cada temporada y asegurar los crecimientos productivos registrados en los últimos años, los mayores en dos décadas. Para el ingeniero Raúl Hernández Negrín, especialista de la actividad de riego y drenaje en la Empresa Agroindustrial de Granos Sur del Jíbaro, el asunto ha podido ordenarse gracias a la implementación de un sistema de trabajo que incluye “conciliaciones sagradas” todos los jueves a las dos de la tarde entre las bases productivas, la dirección de la entidad y Recursos Hidráulicos. “Discutimos, pero al final nos arreglamos”, asegura Marilyn Díaz Quesada, la directora general de la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico en Sancti Spíritus, quien reconoce en la comunicación permanente y el intercambio con los consumidores una fortaleza para ajustar las entregas tal y como lo exija la realidad del día a día. Pero como el asunto no depende solamente de discusiones al borde de una mesa de trabajo, en Sur del Jíbaro también han tenido que hilar muy fino con el adoctrinamiento de los anegadores, la selección del personal más capacitado para regir la actividad en cada base productiva y el enfrentamiento a un vicio que durante décadas costó muchos metros cúbicos a la economía: el robo de agua.

“Solo así —dice— hemos podido incrementar la productividad, o sea, tenemos más toneladas de arroz con la misma cantidad de agua”.

Con un gráfico de barras en una mano y una calculadora en la otra, el ingeniero Raúl Hernández, semana tras semana, les abre los ojos a los responsables sobre la importancia de no descuidar el control ni un minuto.

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A pesar del crecimiento productivo experimentado, en los últimos años la arrocera espirituana cumple las normas de consumo de agua. (Foto: Vicente Brito)

AGUA QUE NO HAS DE BEBER…

Aunque el precio del agua subió de 5 a 18 pesos por cada 1 000 metros cúbicos, todavía el recurso clasifica como muy barato, tanto que el pasado año Sur del Jíbaro, uno de los grandes consumidores del país, apenas pagó unos 9,5 millones de pesos por los más de 500 millones de metros cúbicos que necesitó para sus dos campañas. Los expertos aseguran que al arroz pudiera faltarle cualquier cosa menos el agua, un producto que interviene de manera decisiva en la germinación, la nutrición, el control de las malezas y el ahijamiento del cultivo, pero que además resulta determinante en otros procesos como la fertilización, el manejo de plagas y enfermedades, la regulación de la salinidad y del PH del suelo.

Como en la región ya más de una vez han tenido que esperar por el favor de las nubes para poder iniciar una campaña, desde hace un tiempo los arroceros vienen atando los cabos sueltos y poniendo sus dineros en función de impedir que el agua de la presa Zaza se escurra por las esclusas del despilfarro.

Implementar el sistema de medición del líquido hasta el nivel del lote, que hoy en buena medida se hace a ojo de buen cubero, extender la capacitación a las bases productivas, estabilizar los jefes de riego en las diferentes unidades y priorizar la siembra en bloques —también favorece el trabajo de la aviación y de las cosechadoras—, se cuentan entre los proyectos más inmediatos de la agenda empresarial. El regreso de las inversiones y del mantenimiento a la arrocera espirituana ha asegurado la limpieza de más de 500 kilómetros de canales primarios y secundarios, la sustitución de alrededor de la mitad de los 1 333 hidromecanismos existentes y la reparación de unas 900 alcantarillas entre 2010 y 2014.

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El Canal Magistral Zaza trasvasa toda el agua que consume Sur del Jíbaro. (Foto: Montos)

Nada de ello, sin embargo, sustituye la fórmula ideada por el ingeniero Raúl Hernández Negrín para poner coto a los tiempos en que el agua se despachaba por la libre, una solución que, según dice, contiene tres elementos fundamentales: crear conciencia de ahorro, poner mano dura con los derrochadores y despachar cada gota a punta de lápiz.

 

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