Campaña electoral en EEUU: Bernie Sanders sigue sorprendiendo

Los expertos han tenido que admitir que la campaña de Sanders está lejos de ser derrotada y tiene suficientes fondos para mantenerse hasta la convención nacional del partido en julio

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Lo que ofrece Sanders es poner fin a lo que han sido casi cuatro décadas de políticas neoliberales aplicadas por ambos partidos en su país.

“¿Qué? ¿18 mil en el sur del Bronx? Estoy empezando a pensar por primera vez que es posible, tal vez no probable, pero sí posible que Bernie lo logre”, me cuenta un estratega sindical nacional en Washington, veterano de incontables luchas y de muchas derrotas contra una cúpula política y económica bipartidista que le dejaron a él, y millones más, un profundo escepticismo de que algo de verdad pueda cambiar en este país.

Bernie Sanders vino al sur del Bronx, uno de los rincones más pobres del país, a ofrecer su invitación a lo que llama una revolución política, a declarar que ya basta (enough is enough) y a enviar el mensaje de que la clase multimillonaria no debe, y no puede tenerlo todo.

Ahí lo presentaron la actriz Rosario Dawson, el cineasta Spike Lee y Residente, de Calle 13; cada uno ofreció razones por las cuales él es el único político que representa un cambio real tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Residente subrayó que votar por él es votar por un cambio de la relación estadunidense con Puerto Rico y con toda América Latina, para poner fin a las intervenciones, el apoyo a las dictaduras, y a nombre de los que luchan y lucharon por un cambio, y destacó que votar por Clinton y su amigo Kissinger es insultar la memoria de los miles de muertos, desaparecidos y torturados en toda América Latina por las políticas impulsadas por ese señor.

Con marcado acento de Brooklyn, donde nació de un padre inmigrante polaco judío que llegó sin un centavo a este país a los 17 años, Sanders condena la avaricia de Wall Street, la corrupción del sistema electoral y político, y el robo del futuro de los jóvenes y los trabajadores de este país. Para tener una idea del contenido y el sabor de este acto, consultar.

En gran medida, lo que ofrece Sanders es poner fin a lo que han sido casi cuatro décadas de políticas neoliberales aplicadas por ambos partidos dentro del país más poderoso del mundo.

Y su mensaje ha hecho temblar a la aristocracia estadounidense, incluida su contrincante Hillary Clinton, la reina del Partido Demócrata, y ha resucitado el eco de largas luchas por la igualdad, por los derechos civiles, por los derechos de los trabajadores y los inmigrantes.

Tal vez lo más notable es que un político veterano de 74 años –el más viejo de todos los precandidatos– se ha vuelto la voz de los jóvenes en esta elección. Muchos señalan que el mensaje de Clinton es que ella es la de mayor experiencia para lograr los cambios dentro del sistema político, pero que ellos desean un cambio del sistema político y por eso están con Sanders.

Ha sido descartado –por los medios, por los expertos, por las cúpulas– como opción real desde que lanzó su campaña el año pasado. Eso persiste, y cada semana la narrativa oficial es que no podrá superar la ventaja en delegados, apoyo institucional y dinero de la que goza Hillary Clinton. Pero una y otra vez sorprende a su contrincante, a la cúpula del partido, a los grandes medios y a los que se proclaman expertos.

Orgullosamente ha rechazado establecer los Comités de Acción Política (PAC) mediante los cuales todos los candidatos canalizan donaciones de sectores de las cúpulas para sus campañas, y sin ningún respaldo de multimillonarios y empresas o de fortunas personales, Sanders optó por invitar sólo contribuciones de la gente. Con ello, el mes pasado recaudó 44 millones de dólares. Desde que arrancó su campaña ha recibido más de 6 millones en contribuciones individuales directas a la campaña, de más de 2 millones de personas, cada una de un promedio de 27 dólares en contribuciones directas. Es un récord histórico.

El margen de ventaja de Clinton aún es muy amplio, pero los expertos han tenido que admitir que la campaña de Sanders está lejos de ser derrotada y tiene suficientes fondos para mantenerse hasta la convención nacional del partido en julio.

Después del desencanto con Obama (quien había despertado algunas de las mismas expectativas que Sanders), después de la anulación de millones de futuros por la crisis económica más salvaje y brutal desde la gran depresión, después de años de vivir con las políticas del temor y la guerra posterior al 11-S, surgieron nuevas expresiones sociales que condenaban la extrema desigualdad económica, la devastación ecológica y las políticas de control y represión. Fueron los primeros llamados de algo nuevo que se salió de los canales establecidos para gritar un gran ya basta contra el establishment político, entre ellos Ocupa Wall Street en 2011, y Black Lives Matter en 2013. Una parte de ambos desemboca en la campaña de Sanders.

Mientras tanto, sigue sorprendiendo, y mucho, que no sólo millones ya no le temen a la palabra socialista en este país que se distinguió como enemigo de todo lo rojo, sino que se identifican de alguna manera con ese concepto.

Tal vez lo más curioso es cuando uno se topa con aquellos que se consideran progresistas tanto dentro como fuera de este país y reconocen con agrado, pero a la vez descartan, el fenómeno Sanders. Mientras sus opositores en el poder se preocupan, y mucho, partes de lo que deberían ser sus aliados sospechan de sí mismos, como que, ya cansados y hartos de desilusiones, no se atreven a creer que se pueda romper el monopolio político, económico y hasta social de las cúpulas. Más fácil fascinarse con la derecha, con el enemigo, en este caso tan exquisitamente representado por alguien como Donald Trump. Tanto aquí como en México y otros países se sabe, se opina, se comenta mucho más sobre Trump que de alguien que se atreve a proclamarse socialista democrático, y que tiene mucho más apoyo real, en números absolutos, que Trump en este país.

Lo más sorprendente de esta elección no es Trump, ni la derecha, sino la inesperada fuerza de una izquierda que se atreve a enfrentar al uno por ciento y sus títeres en Estados Unidos.

Que alguien, que algunos, que millones de repente se pregunten ¿será posible? ya es un milagro en este país.

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