No hagas pareja con nadie… (+ Fotos)

El repentista Raúl Herrera, quien compartió escenario por más de 30 años con Luis Martín, evoca a quien consideraba el Rey de las tonadas Parece una pelea de gallos, digna de un óleo de Mariano Rodríguez, quien maduró con los influjos Cezanne, Matisse y Goya. Parece un duelo salido de

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Luis Martín constituyó una antológica pareja musical con Raúl Herrera, durante más de 30 años.

El repentista Raúl Herrera, quien compartió escenario por más de 30 años con Luis Martín, evoca a quien consideraba el Rey de las tonadas

Parece una pelea de gallos, digna de un óleo de Mariano Rodríguez, quien maduró con los influjos Cezanne, Matisse y Goya. Parece un duelo salido de las páginas de Alejandro Dumas y escenificado en Francia, país que visitaron en seis oportunidades.

De un lado, Luis Martín Álvarez, con blanca guayabera; del otro, Raúl Herrera, con su inseparable sombrero hasta las cejas. Mas, la disputa no es a golpe de espuela ni a espada dieciochesca; es a pura décima, definida por Mirta Aguirre como “taburete en dos pies”.

Por más de 30 años y con su gracejo típico y acendrada cubanía, esta pareja de repentistas se vio frente a frente para darle vitalidad a la composición métrica, que zarpó desde los muelles españoles hacia Cuba. La décima hizo su viaje/ sin maletas ni baúles/ en las jorobas azules/ del camello del oleaje…, relataría el propio Herrera.

Hace unos cuatro años, el mal de Parkinson forzó la retirada de la música del colega de Raúl; en aquel entonces, el Gigante Remediano escribió: Siempre incluiría a Luis/ Martín en mi travesura/ porque es la contrafigura/ mejor que hay en el país./ Se tornó mi mundo gris/ desde el día que enfermó/ y como se jubiló/ por el problema que tiene/ no ha habido nadie que llene/ el vacío que dejó.

Lamentablemente, el Ruiseñor del Yayabo —apelativo que le endilgó Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí— abandonó la controversia de la vida el 19 de octubre del 2015. Para su adversario en la escena, se fue un caballero, un amigo, y aún más: otro padre, santa palabra.

La ingratitud no le asiste a Raúl, quien asegura que Martín contribuyó a abrirle el camino para establecerse en tierra espirituana, pues en Villa Clara el “estadio estaba lleno” de poetas improvisadores en los tiempos en que él decidió ganarse la vida enlazando rimas, luego de haber sido cortador de caña, trabajador de una cantera y tramoyista de un teatro.

“Luis estuvo muy pendiente de mí”, sostiene, y habría que creerle si se considera que este hijo de Cabaiguán, nacido el 10 de octubre de 1938, tampoco llegó a la cima del repentismo “en paracaídas”, como aclaró más de una vez, en evidente alusión a los años que enterró en el surco como agricultor y a su oficio de camionero, tractorista, chofer de guagua y buldocero.

Ese andar vivencial sirvió de tamiz y enriqueció su obra poética, muy vinculada al conjunto Los Pinares, colectivo que integró gracias a un acto de ordeno y mando del Comandante Faustino Pérez, quien al saber que su antiguo chofer había dejado de cantar, desenfundó, afortunadamente, la advertencia: “¡Vaya para la emisora y dígale al director que yo lo mando!”.

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El Gigante Remediano agradece a Luis su carrera artística en Sancti Spíritus. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Quizás, por ello, Luis llamó a Raúl cuando en Los Pinares quedó vacía una plaza al morir Jesús Pérez Sosa. “Éramos cuatro poetas en la bolsa. Antes yo había participado como aficionado con el grupo en la radio, en carnavales. Hicieron el análisis y aquí estoy”.

¿Cómo se produce el debut de ustedes como pareja en Palmas y Cañas?

“Eso ocurre después de morir Chanito Isidrón, que era pareja de Luis en el programa. En ese caso se tuvo en cuenta la vis cómica que tengo. Yo había actuado allí con Adolfo Alfonso y Justo Vega, cuando el XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Pero no solo nos presentamos en Palmas y Cañas; sino también en Meridiano Campesino, que se transmitía los jueves”.

En función del espectáculo, usted solía provocarlo.

“Lo hacía para darle más fuerza a lo que hacíamos, para atraer al público. Luis siempre abría y yo cerraba. Hubo un tiempo en que quiso cambiar de look para actuar en Palmas y Cañas; por eso le canté: Nadie sabe lo que habita/ en la cabeza de Luis,/ primero se metió un gris/ y ahora se dio un carmelita./ Cuando la gente grita: ‘viejo chulo’, me abochorno/ porque si en ese contorno/ le cae un buen aguacero/ parecerá un carbonero/ cuando está sacando un horno.

Luis siempre me ripostaba. Una vez le canté que el hombre después de los 60 es esclavo del carey; en la improvisación me dijo que yo daba tasajo para la provincia completa”.

¿Por qué le transmitía a usted tanta seguridad en el escenario?

“Luis era un maestro, el mejor comodín de los improvisadores. Con su presencia y ecuanimidad, transmitía mucha confianza. Nosotros dos éramos un todo, y si alguno tenía un resbalón, el otro seguía y terminaba. Nunca hubo un escollo que no pudiéramos vencer en la controversia. Luis llevaba un poeta dentro; el poeta nace, no se hace en un laboratorio”.

A lo mejor, por aquella sentencia guajira de que “Quien a buen árbol se arrima…”, el Ruiseñor del Yayabo compartió escena, igualmente, con otros notables del repentismo cubano como Jesús Orta Ruiz, Adolfo Alfonso, Justo Vega, Ángel Valiente, Rigoberto Rizo, Virgilio Soto, Jesús Pérez, entre otros cultivadores de la espinela, incluidos artistas nacidos en Islas Canarias.

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Luis Martín y Raúl Herrera se presentaron en escenarios de Cuba y de otros países.

VERSOS EN ULTRAMAR

Considerado por el repentista e investigador Alexis Díaz-Pimienta como “excelente tonadista, de canto reposado y suave”, Luis Martín dejó su impronta en Islas Canarias (dos giras), Francia, Marruecos, Nicaragua y Venezuela, siempre acompañado por el Gigante Remediano.

Cuentan que el pueblo canario destiló adoración hacia la pareja de repentistas en 1993, cuya imagen apareció en los más insospechados sitios de las ciudades. “Raúl Herrera y Luis Martín: Los poetas de Cabaiguán”, rezaba en los carteles. Aseguran, además, que si se postulaban para cualquier alcaldía allí, ganaban los comicios en primera vuelta.

“La gente creía que era mentira la rapidez con que improvisábamos. Allá, la música es más lenta, los poetas cantan más pausado”, comenta Herrera, quien grabó junto a su compañero el disco Punto cubano. Décimas, controversias y tonadas, producido por el Centro de la Cultura Popular Canaria y la Viceconsejería de Cultura del Gobierno canario.

Marcada por la alternancia del diálogo poético, las tonadas y la controversia picante, la obra fue descrita como un lujo por el catedrático Maximiano Trapero, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, quien resaltó la calidad interpretativa de los cubanos y la riqueza musical de la propuesta discográfica.

En seis oportunidades (la última fue en el 2007) visitaron Francia como parte del espectáculo La serenata picante, cuyo primer elenco lo integraron, también, la Familia Varela Miranda, Caridad Hierrezuelo, Fernando Álvarez y el espirituano Marcelo Lama.

Comunidades, teatros, museos y otras instituciones acogieron a los cubanos, quienes en una de esas ocasiones compartieron las tablas en París con el célebre cantautor brasileño Caetano Veloso y la diva sudafricana Miriam Makeba, quien les obsequió un disco firmado por ella.

Raúl, de esos viajes al extranjero, ¿qué anécdota más de una vez ustedes recordaban?

“Miles. Luis era muy comilón, a él le gustaban mucho los dulces. Recuerdo que en uno de esos viajes a Francia, fuimos en un 747 (Boeing) y, apenas nos sentamos, nos dieron una especie de tapones para los oídos en un estuche lindo, lindo. Él empezó a masticar aquello como si fuera chicle. Cuando llevaba más de media ahora en eso, me dice: ‘Oye, este es el chicle más amargo de mi vida, y que secó está’”.

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Ambos artistas merecieron la distinción Viajera peninsular, concedida en Matanzas.

EL ÚLTIMO PIE FORZADO

Ganador del premio al mejor poeta repentista en el Concurso de Música Campesina Eduardo Saborit en 1980, Luis Martín mereció el epíteto de Rey de las tonadas. “Él tenía una voz timbrada, melodiosa. Nunca lo sentí ronco; hasta con gripe proyectaba bien. Dominaba más de 100 tonadas a la perfección; cantaba mejor las matanceras”, añade su colega.

De esas dotes hizo gala, asimismo, en los programas Fiesta en el cañaveral, devenido luego Guateque en la Agricultura, de Radio Sancti Spíritus; Entre guitarra y laúd, de La Voz de Cabaiguán, y Lo nuestro es la tierra, transmitido por Centrovisión, y en las más disímiles veladas y actos políticos.

“Disfrutábamos ver la plaza llena. Mientras más público había, más seguros nos sentíamos. Cuando ves la plaza medio vacía, te merma la inspiración. Ya, al final, en uno de esos actos, a Luis no se le vio en plenitud de facultades, por la enfermedad. Después, te puedes imaginar cómo se puso al ver que no lo llamaron más para hacerlos”.

¿Cuándo cantaron juntos la última vez?

“En uno de sus cumpleaños, el 10 de octubre del 2014. Ese día la Universidad le entregó un reconocimiento, y cuando ya estábamos terminando, dijo que quería cantar conmigo. Un hombre a quien casi no se le podía entender, sacó fuerzas y estuvo cantando por media hora, más o menos. Este año íbamos a ir, pero ese día lo ingresaron”.

Entre décimas y dolor, Cabaiguán despidió el 20 de octubre a quien ostentaba la Distinción por la Cultura cubana —sin obviar otras medallas y estímulos—. En medio de la muchedumbre retoñó la voz de Raúl: Amigo, le digo adiós/ a tu voz y tu palabra/ sin permitir que se abra/ un abismo entre los dos./ Sé que vas del cielo en pos/ en invisible despliegue,/ pero cuando Dios te entregue/ su bendición y te irradie/ no hagas pareja con nadie/ espera por que yo llegue.

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Luis sobresalía por voz timbrada.

Enrique Ojito

Texto de Enrique Ojito
Premio Nacional de Periodismo José Martí, por la obra de la vida (2020). Máster en Ciencias de la Comunicación. Ganador de los más importantes concursos periodísticos del país.

2 comentarios

  1. Felicidades al periodista, bello trabajo.

  2. Las páginas de Escambray vuelven a estar alucinadas, tanto por el tema que abordan, como por el magnífico trabajo del reportero. Un homenaje periodístico a esos dos grandes de la espinela. Felicidades Ojo!!!! Un abrazo

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