Venezuela: última derrota de la oposición

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En la concentración chavista en Caracas, el presidente Maduro declara el fracaso de la “mega marcha” opositora.

Ahora se hacen números y se sacan conclusiones. La megamarcha convocada por la oposición para este jueves primero de septiembre en tres avenidas de la capital venezolana, y que los partidos que forman la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) llamaron Toma de Caracas, fracasó, según todos los indicios que llegan desde ese país suramericano y caribeño.

 

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Se plantearon reunir un millón de individuos de distintas partes del país y el Presidente Nicolás Maduro, basado en reportes de observadores situados en los lugares de concentración y fotos aéreas, pudo constatar —como lo hicieron periodistas y analistas internacionales— que entre esos tres puntos no pasaban de unas 35 000 personas, cifra 28 veces inferior a la propuesta.

Pero lo principal: el propósito manifiesto del liderazgo de la MUD de generar actos de violencia para desestabilizar el país y facilitar la agresión armada externa no lo lograron; en primer lugar porque las autoridades tomaron medidas para neutralizar a elementos potencialmente peligrosos implicados en planes de atentados y sabotajes destinados a crear el caos en la capital y, luego, en todo el país.

Adicionalmente a lo anterior, se desplegaron numerosos efectivos de las fuerzas de seguridad, policiales y antidisturbios en sitios estratégicos para disuadir a los potenciales guarimberos de sus aviesos propósitos, pues a estas alturas del tablero político venezolano el Gobierno no se puede dar el lujo de pecar de ingenuo, lento o falto de imaginación, máxime cuando el presidente del parlamento, Henry Ramos Allup, convocó en su alocución a nuevas protestas y cacerolazos.

Para los veedores objetivos de lo que se trata es de dar un golpe suave por la vía constitucional, o por la de la presión de masas en las calles que fuerce el revocatorio, salpicado de actos violentos o, en su defecto, un golpe en toda regla con la participación de un grupo de militares hostiles liderados por una especie de Pinochet morocho, que no acaba de aparecer, pues la Venezuela de 2016 no es el Chile de 1973.

En primer lugar, porque el pueblo que eligió y respaldó a Chávez y que hoy apoya a Maduro, en estrecha alianza con la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, se está mostrando firme y flexible a la vez en esta guerra irregular que le hacen fuerzas reaccionarias internas con el apoyo de Estados Unidos y sus testaferros internacionales.

En segundo lugar, porque cada vez que la oposición cree haber encontrado la fórmula mágica para derrocar al Gobierno este encuentra las formas y los métodos de neutralizar sus acometidas y no le ha temblado la mano a la hora de ir radicalizando posiciones sin cerrar la vía del diálogo y el entendimiento, como recursos para preservar la paz.

Ahora mismo, en medio del panorama interno enormemente complejo, agravado por las acciones ilegales de la bancada opositora, mayoritaria en la Asamblea Nacional, el Presidente Maduro acaba de anunciar que está listo para promulgar el decreto que retirará la inmunidad a los distintos cargos, incluido el parlamento, si violan la legalidad establecida.

De acuerdo con analistas serios, fueron la misma oposición y sus rencillas internas, las que cortaron la posibilidad de realizar el referendo revocatorio este año, al salirse de fecha para presentar la solicitud oficial de ese instrumento jurídico autorizado por la propia Constitución chavista, y ahora quieren ejecutarlo a como dé lugar, de manera expedita y violando la Carta Magna.

Precisamente para eso era la “megamarcha”, para forzar al Tribunal Supremo Electoral a adelantar la fecha del revocatorio que, supuestamente, debe sacar a Maduro del poder, quebrantando los preceptos constitucionales cuando está claro que si el TSE cediera a esas presiones, se crearía un precedente funesto, pues los conjurados de derecha sentirían un deseo irresistible de vulnerar la ley.

De manera que se trata de una cuestión de principios y legalidad, y, por tanto, no negociable, ya que su trasgresión llevaría al desmontaje vertiginoso del orden interno y al caos, al río revuelto donde esa rabiosa oposición quiere pescar. No hay peros que valgan, pues, de acuerdo con la fecha en que la MUD presentó la solicitud del citado referendo, este no podrá realizarse antes del primer trimestre del próximo año.

No obstante, se puede dejar volar la imaginación y suponer que impusieran la consulta popular, que reunieran los 7 500 000 votos necesarios para apartar al Presidente y, aun así, según esa misma Constitución de 2001, le sustituiría en el poder el vicepresidente Aristóbulo Izturiz, del mismo Partido Socialista Unido de Venezuela, a quien tocaría terminar el actual mandato, el cual expira en el 2019.

¿Se estarían tranquilos entonces luego de forzar la salida del hombre que Hugo Chávez nombró su sustituto? Muy difícilmente. ¿Creen acaso que Izturiz sería más fácil de presionar que Maduro, quien figuraría seguramente de asesor principal de la presidencia? Harto improbable.

Venezuela tampoco es Brasil, donde el vice y ahora presidente Michel Temer es de otro partido diferente al de Dilma Rousseff, la mandataria recién defenestrada. Lo que si está claro es que, al paso que va, la dirigencia toda de la MUD parará en la cárcel por situarse progresivamente y por voluntad propia, fuera de la ley.

2 comentarios

  1. Tambien con mucho respeto, marcharon Mas de un million de personas . Y eso q cerraron los accesos

  2. Con todo respeto al articulo publicado y a la opinión de su autor no creo en realidad hayan sido 35 000 opositores solamente, yo tuve la posibilidad de ver en la televisión la marcha y le puedo asegurar que era multitudinaria al menos lo que yo vi, no se puede tapar el sol con un dedo, la situación alli está bien complicada.

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