Sancti Spíritus: Colada con sabor robusta (+fotos)

La cosecha cafetalera en Sancti Spíritus pronostica superar en más de 100 toneladas a la anterior

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El café necesita vestirse, echar hojas y varetas nuevas, manifiesta Anastasio Martínez. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El café está tan variable como el clima; si en la pasada campaña la falta de lluvia ahogó la floración, amén de que el área en cosecha fue menor debido al proceso de transformación del cultivo, la presente contienda muestra un rasgo poco común: retraso en la maduración del grano, lo cual provoca niveles de recolección por debajo a lo planificado para la etapa.

“No es que los técnicos se equivocaran a la hora de realizar el estimado agrícola, es que ha sido atípico ese comportamiento y es un fenómeno que asociamos al efecto del clima, pero con exactitud desconocemos aún las causas”, advierte Leosvaldo Cruz Duardo, especialista de Café en la Delegación Provincial de la Agricultura.

La maduración tardía genera un desplazamiento en la recolección y el momento pico se corre en el calendario; sin embargo, el especialista subraya la seguridad en la campaña, “porque el grano está en la mata y tiene que madurar, tenemos que prepararnos para recogerlo cuando llegue el momento óptimo”.

ROBUSTA EN EL HORIZONTE

Fuera del comportamiento agrícola descrito, otra singularidad de la contienda aparece en el marcado predominio de la variedad robusta, que debe aportar, según datos oficiales, alrededor del 85 por ciento de la producción.

Se trata, suscribe Cruz Duardo que, de las 242 toneladas de café oro planificadas a acopiar, solo 38 corresponden a la variedad arábico, el de calidad exportable. Tan marcada desproporción resulta más llamativa cuando vemos que desde el punto de vista del área la cosecha incluye 700 hectáreas de robusta y 580 de arábico.

El rendimiento agrícola del robusta promedia 0.31 toneladas por hectárea, mientras el arábico apenas llega a 0.07.

“El arábico lo tenemos en zonas altas: Topes de Collantes, Gavilanes, Río Arriba La Escalera y algunas partes de El Pedrero; es verdad que muchas matas transitan por el primer o segundo año de recolección, pero debemos mejorar la atención y el manejo técnico en el cultivo. Otro de los problemas que atentan contra el rendimiento es el exceso de sombra, incluso también afecta al robusta”, señala la fuente.

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La calidad del grano ha distinguido al territorio en las últimas campañas. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Pese a estos contratiempos, la campaña iniciada en septiembre y enmarcada hasta febrero, planifica un incremento con respecto a la anterior de 110 toneladas, salto motivado por el proceso de renovación del cultivo y el despegue del rendimiento en la variedad robusta, subraya el directivo.

 Una mirada estadística a la cosecha ilustra que en Trinidad se concentra el 55 por ciento de la recolección, a raíz del crecimiento experimentado principalmente en la zona de Caracusey, donde radican la UBPC Carlos Cancio y la Cooperativa de Créditos y Servicios Conrado Benítez. A nivel de provincia el sector cooperativo y campesino debe aportar el 70 por ciento del plan.

FINCA DE EXCEPCIONES

El café es tan variable como la misma topografía montañosa donde se siembra y aquí se cumple que toda regla tiene su excepción. La finca del productor Anastasio Martínez Fleites, perteneciente a la UBPC Enrique Villegas, en la zona de El Algarrobo, no solo define casi la mitad del plan de producción de esa unidad, también atesora un historial agrícola con utilidad hasta para la indagación científica.

“Nunca había empezado a cosechar tan temprano, el primer pase lo di al comenzar noviembre, se me adelantó la maduración, no sé, porque en otros lugares está atrasada. Lo recogido ha salido bueno, estoy lavando el grano en un tanque, dejo el malo y todo lo entregado ha sido de primera calidad”, relata el productor.

En la finca, bordeada por el río Seibabo, que divide las provincias de Villa Clara y Sancti Spíritus en esa parte del lomerío trinitario, se rompen hasta los manuales técnicos. “Esas matas que usted ve ahí se sembraron en 1980, lo sé porque conozco bien la zona, y mire la parición que tienen, está tan buena el área que me da lástima renovarla; no hay secretos, solo atender bien el cafetal”.

“No estudié en ninguna universidad —responde Anastasio Martínez ante la curiosidad periodística—, llevo 44 años en el café, un cultivo donde los pasos son inviolables, por ejemplo, el deshije es necesario porque ese gajo le chupa el agua a la mata; el café necesita vestirse, echar hojas y varetas nuevas porque nunca pare en los mismos tallos, y lo otro es manejar bien la sombra”.

Cuenta Anastasio que en los tiempos de cosecha duerme muy poco; el arrimo a la base de campismo situada en la ladera villaclareña del río Seibabo, lo obliga a cuidar el grano. “Luego cuando cojo un repelón es en el tronco de un palo con una botella de café y el perro al lado, figúrate, tengo que cuidar el fruto de un año de trabajo”.

 

REBOTEO EN LOS SECADEROS

Las cuatro industrias que respaldan la cosecha en la provincia están en condiciones tecnológicas para asumir el beneficio del grano, según explica el especialista del cultivo, quien agrega que se planifica extender otra vez ese proceso a la mayor parte del café acopiado.

Al centro ubicado en Seibabo le corresponde recibir el 32 por ciento de la recolección prevista en Trinidad, en tanto el grueso de la producción de ese territorio se atenderá en la planta situada en la comunidad La 23, en Pitajones.

“Este año se ve bien el café, y el saneamiento que se le hace en la mata crea condiciones para cumplir con los parámetros de calidad; aquí en la industria, desde que entra el grano hasta que se vende, estamos atentos al proceso”, expresa Lucilo Turiño Hernández, administrador.

Tras el despulpe el café pasa al secado y comienza el ciclo de reboteo cada 15 minutos. “Mientras menos tiempo tengas el grano en los patios de secadero es provecho y calidad, por eso se busca acortar ese proceso y con tres o cuatro días de buen sol se logra un secado correcto”, refiere Nosley Turiño Gándara, técnico de Calidad.

Además de la preparación tecnológica para asimilar los volúmenes de recolección, la industria cafetalera espirituana da prioridad al mejoramiento de los patios de secado, una inversión que necesita continuidad de cara a los incrementos productivos previstos a partir del programa de recuperación del cultivo.

“Hay que reparar los patios para eliminar las grietas y partiduras en los pisos porque el grano se daña, puede perder el pergamino y eso es una imperfección que atenta contra la calidad; también se requiere ampliar en las plantas las capacidades de secado para buscar correspondencia entre el desarrollo agrícola e industrial y evitar lo que nos pasó en 1980, en que se disparó la producción y hubo que secar café hasta en el aeropuerto de Trinidad”, alerta el administrador del centro de beneficio Seibabo y continúa en su faena del día.

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