Sancti Spíritus: El voli gana en tie break

Con una adecuada fórmula, el laboratorio espirituano que forma atletas de este deporte acumula resultados favorables en la arena nacional e internacional. Sin embargo, algunos componentes entorpecen un mejor desempeño de la disciplina

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La matrícula de la EIDE reparte a 25 por cada sexo con representatividad en las diferentes categorías. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El voli masculino cubano escribió hace poco letras doradas al convertirse en el primer deporte colectivo con boleto a Río de Janeiro. Cuatro yayaberos hicieron historia en el preolímpico de Canadá tras ganar invictos y permitir el regreso de la disciplina al escenario cuatrienal, 16 años después de su última incursión. Uno de ellos se alzó con la estafeta de Jugador Más Valioso: Rolando Cepeda.

El éxito es, sobre todo, un resultado del “experimento” cubano, que intenta recomponer su química propia. Varios componentes de esos preparados se fabrican en Sancti Spíritus.

TORRE A TRES MANOS

Cuando hace más de una década Rolando Cepeda restableció la presencia espirituana en lo alto de la malla cubana, asumió una mayor responsabilidad en medio de la crisis de éxodos de este deporte. Poco después, Osmani Uriarte entraría por sus fueros como el mejor de las categorías cadete y juvenil en más de un torneo internacional. Luego vendrían otros. ¿Cuáles son los ingredientes de la fórmula? En Sancti Spíritus casi todo confluye en un laboratorio, concentrado en la EIDE Lino Salabarría Pupo.

Uno de los instrumentos radica en la capacidad, experiencia y estabilidad de su fuerza técnica: “Hay cuatro entrenadores con más de 20 años de experiencia —acierta Yamil Herrera, jefe de cátedra—. Tratamos de que en cada equipo haya siempre uno experimentado, hemos viajado y no hemos abandonado el trabajo. Hay que agradecerle a Osiel Vázquez, estuvo en República Dominicana y no nos faltaron balones; puedes tener la mejor captación, atletas de 2 metros, pero sin eso no desarrollas a nadie”.

Otro instrumental ha sido el olfato y el trabajo para detectar y pulir talentos, más allá de la estatura, pues según el propio Yamil desde su fundación, por la EIDE no han pasado 10 atletas por encima de 2 metros. “Evaluamos la talla de los padres, algunos tienen una talla adecuada, pero un desarrollo acelerado y cuando llegan a los juveniles no crecen, en La Habana te piden 1.85 para las hembras, 1.90 para los varones”.

La fórmula ha dado fe de su buena aleación. A los cuatro atletas casi olímpicos Sancti Spíritus suma otros dos en escuelas nacionales (Raiko Altunaga y Carmela Massip), cinco de los cuales asistieron a eventos internacionales en el 2015. Por un remate de menos, o un hit de más, el voleibol no repitió como mejor deporte colectivo en su disputa con el béisbol. Un segundo lugar inédito en la primera categoría, en parte por el bronce de los varones —aun sin sus cuatro estrellas—, quinto en el escolar, plateados en el juvenil en los dos sexos y un primero general…

“Los captamos de pequeños para lograr la escalera y sostener los resultados —bolea Ismael Rodríguez Pentón, con 21 años de labor—, los vemos por la calle, los buscamos en las escuelas, algunos salen de la reserva de los municipios, pero no aportan mucho. Yaguajay era el que más promociones tenía a los centros nacionales, incluso antes de la EIDE: Taimaris Agüero, Misleidis Salgado, Yamisleidis Hernández, pero ha faltado trabajo.

“Se han rescatado competencias provinciales. En el 2015 se hizo la pioneril y salió el equipo que obtuvo plata nacional. Se hizo la primera categoría que al menos da participación. Al voli le hace falta jugar más. En Cuba solo se da un campeonato nacional de días y cuando se acabó, se acabó; las ligas que no son de máximo nivel en el extranjero juegan tres meses. Ese resultado de Cepeda y Uriarte y el equipo general lo demuestra; además de la mayor motivación por el contrato, llegaron en forma por estar jugando”.

En cinco años en Dominicana Osiel Vázquez condujo incluso los destinos de selecciones principales, una resultante del laboratorio espirituano y que le permite ver más allá de la altura de la malla. “Todos los que están en la EIDE han sido medallistas, incluso de oro. Osniel Melgarejo debe ser contratado, lleva cinco meses en plaza en el equipo nacional y va a ser olímpico, está entre los cuatro mejores auxiliares de Cuba por su elevado nivel, no lo querían, al igual que a Adrián Goide. Hay un atleta que es el más laureado en cuatro años (dos de oro, dos de plata y un bronce): Ariel Oliva Hernández, de Yaguajay, en cualquier momento sube”.

Como garantía de continuidad, disponen del elemento “químico” básico. La matrícula de la EIDE reparte a 25 por cada sexo con representatividad en las diferentes categorías), mas, como en toda fórmula, algunos componentes enrarecen la receta.

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Mientras Osiel Vázquez estuvo en República Dominicana a los muchachos de la EIDE no les faltaron balones. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

TANTOS A FAVOR, TANTOS EN CONTRA

“Desde fines del curso pasado todas las EIDE usan una donación de 36 balones que eran para recreación —ataca Yamil—, las de aquí llegaron esta semana porque di una tanda en el almacén, tenemos unos balones rojos que para enseñar están bien, pero para el entrenamiento no, porque la vida útil no llega a tres semanas”.

Históricamente el laboratorio cubano se ha soportado sobre la fuerza de su ataque. De ahí que se eche de menos el componente que la sostiene, tanto como un taraflex que pudo hacer la diferencia en Cuba hace años. “En los últimos cuatro o cinco años, este grupo se acostumbró al un trabajo físico con pesas, hace tres meses no se hacen porque no hay dónde hacerlas —burla el bloqueo Ismael—, mientras dos locales, uno en la propia EIDE y otro en la polivalente Yayabo, se ‘desusan’ en todo menos en esto.

“La única provincia que tuvo un taraflex fue esta desde 1992, lo vi entrar y después lo he visto hecho pedazos: para la gimnasia rítmica, como tapiz del ring de boxeo”, se lamenta Pentón.

A punto del “set-point”, sobre el tabloncillo de la EIDE, una jugada sobre la net, detiene el partido por unos segundos. “Lo peor es la falta de estímulo —saca por fin Yamil—, desde el 2000 hemos logrado al menos una medalla todos los años, ya hablamos de los resultados del 2015, lo del segundo general nunca había pasado en ningún deporte y aquí nadie ha venido a felicitarnos, eso indispone, no es posible que con seis medallas tengas menos rango que otro con dos, como la pelota, y fue el deporte del año; a nivel nacional nos dañan, únele que hace tres años no nos dan ni un peso para dieta mientras todas las provincias llevan, siempre nos mandan en tren mientras al resto le ponen ómnibus para su competencia nacional”.

Sobre la raya, un balón provoca decisión dividida: “A la vuelta de dos años no hay equipo juvenil aquí”, recibe Osiel. Mas Yamil decide aprovechar las bondades de la zona cuatro con un remate decisivo: “Nada nos hará retroceder”. Y a sus espaldas, una torre a muchas manos decide en tie break.

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