Vega con menos manchas

Aunque lejos de las potencialidades agrícolas, en los últimos años Sancti Spíritus ha perfilado el veguerío y la presente cosecha fue montada sobre la base de entregar más tabaco

Sancti Spíirtus es la segunda provincia de mayor resposabilidad en la producción tabacalera cubana. (Foto Vicente Brito/Escambray)
Sancti Spíirtus es la segunda provincia de mayor resposabilidad en la producción tabacalera cubana. (Foto Vicente Brito/Escambray)

Vegueros espirituanos por sacarse la espina del incumplimiento

Una vega XXL en comunidad espirituana

Si bien la hoja de la provincia tiene como principal destino la industria nacional, la producción de capas para los puros de exportación gana espacio en la agenda tabacalera y, a tres años de retomarse el cultivo tapado, la modalidad figura entre los frentes de mayor despegue.

Vale decir que las cerca de 120 hectáreas plantadas bajo el cobertor equivalen a más de la mitad del área conseguida en la campaña precedente; tal incremento responde al interés nacional de asegurar capas en diferentes regiones, pues son evidentes los contratiempos climáticos en la zona occidental, principal plaza para la materia prima del rubro exportable.

No hubo que esperar años para ver la utilidad de esa estrategia de acuerdo con directivos del sector, la provincia produjo en la pasada cosecha casi la misma cantidad de capas que Pinar del Río.

Sin desconocer los serios tropiezos en la contienda anterior con el pago a tiempo del tabaco tapado, algo que para la buena salud del cultivo no debiera repetirse, la mejor señal en esta modalidad proviene de que cerca del 30 por ciento de los cosecheros son jóvenes, una halagüeña noticia ante la amenaza que representa en este el envejecimiento de los productores.

Pero el mayor aporte que hace Sancti Spíritus a la economía radica en el tabaco sol en palo, la hoja que se cultiva a cielo abierto y en la cual el territorio parece destinado a mantener para siempre la medalla de plata, al menos mientras en los campos de Cabaiguán, Taguasco y Zaza del Medio se respire el aroma de la hoja.

Como dice el experimentado campesino Ramón Marrero, ninguna vega se parece a la otra, sobre todo por la dependencia que tiene el cultivo del clima y ese impacto no se expresa solo a través de las plagas y enfermedades.
Cosecheros y especialistas afirman que la vega no tiene esta vez la misma melusa —grasa de la hoja—; “el año pasado entrabas al campo y se te pegaban las hojas, ahora se ve el tabaco más ligero y eso puede influir en el rendimiento”, puntualizó.

Lo cierto es que el territorio cubrió en esta campaña 2015-2016 las 2 722 hectáreas planificadas, puso punto y seguido y continuó la siembra con el propósito de acercarse a las 3 000 —otra petición del país.

Poco a poco el veguerío espirituano se ha sacudido de algunas de las manchas que lo empañaban —no me refiero a la enfermedad conocida como Pata prieta— y, por ejemplo, de la anterior campaña a la actual los directivos del sector aluden a más de 100 productores incorporados, muchos de ellos con experiencia.

Otro paso importante ha sido plantar unas 1 200 hectáreas —el 44 por ciento del plan— con la variedad Sancti Spíritus 2006, más resistente a las enfermedades y de mejor rendimiento. Aun cuando en su genotipo lleva incorporada la resistencia genética, los especialistas identifican que en la extensión de campo se demuestran tales cualidades y también las potencialidades para el corte de capadura.

Si la cosecha tabacalera exhibe en la provincia mayor integralidad, obedece también al trabajo desplegado alrededor de la madera porque el crecimiento del veguerío, incluido el tabaco tapado, obliga a incrementar las capacidades de curación y el 2015, con 781 casas construidas, resultó el año de más avance en cuanto a incorporación de esa infraestructura.

Sin embargo, la verdadera noticia es que los bosques fomentados por la propia rama surtieron el 60 por ciento de la madera demandada para la edificación de los aposentos, recurso que hasta hace muy poco se traía casi en su totalidad de otras regiones y, precisan los empresarios, la provincia proyecta garantizar a partir del 2018 la demanda de madera rolliza, excepto los horcones.

Sin demeritar el terreno ganado en uno de los cultivos que —aún incumpliendo los planes— mejor ha sostenido los crecimientos productivos en los últimos tiempos, la obra mayor está por delante: equiparar el rendimiento agrícola y los aportes de la hoja con las potencialidades del territorio, aspiración que los propios responsables de la actividad reconocen: está demostrado que Sancti Spíritus puede producir más tabaco.

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