Espectáculo sobre el ring

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El espirituano Yosbany Veitía logró su séptimo título nacional. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

Sancti Spiritus dio un KO al espectáculo y ganó el pleito sin objeción en el recién finalizado Torneo Nacional de Boxeo Playa 

 

Veitía gana y Sancti Spíritus sella un espectáculo de altura (+fotos)

Sancti Spiritus asegura cuatro medallas de bronce en Torneo de Boxeo Playa Girón

 

Sancti Spiritus dio un KO al espectáculo y ganó el pleito sin objeción en el recién finalizado Torneo Nacional de Boxeo Playa Girón que le devolvió a la sala Yara el esplendor de los años ochenta del pasado siglo cuando albergaba jolgorios similares.

Y no es chovinismo provincial. Lo suscribieron atletas, entrenadores, prensa visitante, afición y directivos de la disciplina y el deporte nacional, como el presidente de Inder, el doctor Antonio Becali, quien señaló: “el atleta tiene la última palabra, y ellos me lo han comentado, al igual que entrenadores, personal periodístico… Este ha sido el mejor torneo de la historia y ello sube la parada para la próxima sede que es Camagüey. Hay que felicitar a las autoridades del Partido, el gobierno y el Inder por tal acogida. Esto es lo que queremos en materia de espectáculo, que las cosas se hagan con cultura del detalle y con prestancia para que el púbico lo disfrute como lo ha hecho el pueblo espirituano”.

 Si algo sobró al Girón fue cultura del detalle. Y empecemos por el principal ingrediente. A esta fiesta no faltó ningún jerarca, muchos de los cuales tuvieron que sudar duro la camiseta por el empuje y rivalidad de los segundos o terceros como lo sucedido en el pleito final de los 49 kilogramos, cuando el campeón mundial Yohannis Argilagos cedió 3-2 ante Damián Arce, justamente elegido como el más combativo del evento. O el mismísimo campeón mundial y olímpico Arlen López que debió buscar sus mejores golpes para imponerse en los 75 por votación dividida vs. Orley Iglesias.

Que el equipo íntegro de la selección nacional haya subido al cuadrilátero de la Yara, es muestra del respeto a la afición que se dio cita en el graderío para admirar a esas estrellas alcanzables, aunque más de una vez ese propio público enardeciera de contrariedad cuando los jueces dejaban fuera de opción a algún local que, desde los ojos y el corazón de los espirituanos, se vieran ganar como los casos de Jorge Griñán y Darieski Palmero, este último compensado en parte con la elección de su combate vs. Armando Martínez como el mejor pleito del torneo.

 Con este tipo de cake, el resto de la fiesta estaría garantizada por su organización, logística y nivel técnico, según Alberto Puig, presidente de la Federación Cubana de Boxeo, para quien el certamen fue un éxito total. Y en esto agrego las propuestas gastronómicas de las afueras, que quizás pudieron ser más, pero al menos hicieron acto de presencia con precios un poco menos caros.

 Recalco lo que ya dije de los otros atributos del espectáculo que hizo convivir en perfecta armonía colores, luces, vestuarios, “túnel ahumado”, camerinos y salas de árbitro a la altura del mejor torneo. Un detalle que encandiló a varios de los presentes fue la concomitancia simétrica de la escenografía publicitaria donde la más raigal propaganda histórico-deportiva se atemperó con la modernidad de las marcas, muchas tan cubanas como el deporte.

Así, el emblemático “Listos para Vencer” que identifica al Inder desde hace sesenta años y la imagen de Charolito espirituano, compitieron en paridad con el Ciego Montero, el Meliá Cohíba o la mundialmente conocida marca de los campeones: Puma.

La Yara lució prestancia y abolengo y solo alguna que otra hendidura en su techo, hizo recordar la huella de Irma en septiembre pasado, pues las marcas de sus ventiscas fueron borradas por la familia deportiva espirituana que en días y noches la maquillaron al punto de ponerla más bella que antes, al decir de Becali.

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La sala Yara vistió sus mejores galas como sede del evento. (Foto: Vicente Brito / Escambray).

Tanto esfuerzo se coronó desde las gradas y también desde el ring. Desde lo primero porque fue el espirituano un público de cinco herramientas por su presencia a toda, incluso en las jornadas finales cuando las opciones de los locales eran más remotas y si quedaron espacios vacíos fue casi todo culpa del horario matutino, que se ajustó a las demandas de la televisión por poner a competir la fase regular de la pelota cubana con uno de los mejores eventos boxísticos del mundo.

Así y todo el público fue fiel a su papel de catalizador clave del espectáculo, desde la hora en que aplaudió con delirio a Julio César La Cruz y a otros, a pesar de ver más de un despojo arbitral, sobre todo cuando se trataba de enfrentar a un consagrado, algo que ni siquiera el Girón ha podido sacudirse del peso subjetivo de quien toma decisiones. Por tanto para el público, sabio, justo, pasional y disciplinado, concedo un 5-0 a su favor.

Vamos a la recompensa desde el ring. Aunque en tierra yayabera siguen divididas las opiniones de hasta donde ganaron o perdieron Darieski Palmero y Jorge Griñán, el lugar conquistado por los locales cae en el rango de lo pronosticado por la propia familia boxística: un quinto lugar con 28 puntos y el título anunciado en los 52 kilogramos de Yosbany Veitía, su séptimo sucesivo que vino a copar el orgullo provincial, tanto como las bronceadas de tres talentos en franco ascenso: Griñán, Palmero y Osvaldo Díaz; y para redondear la elección de Pablo Carbó como mejor árbitro.

Para el ídolo local fomentense, ganar en casa, aplaudido con devoción por sus seguidores, es la recompensa a un año de lujo. “Desde que supe que el torneo sería aquí me dije que tenía que prepararme bien para no hacer quedar mal a mi público y a mi provincia, este triunfo se lo dedico a ellos y a mi familia”.

La Yara se sacude poco a poco la adrenalina de siete días en que Camagüey, con 48 puntos, se confirmó como la principal plaza pugilística del país, seguida de Guantánamo con 38 y Pinar del Río con 35 unidades. Y también se reafirmó otra certeza: que el boxeo es lo mejor que tiene el deporte cubano de esquina a esquina.

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