Si te descubren, cómete la carta – Escambray

Si te descubren, cómete la carta

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Desde hace 20 años Golván Marín se mantiene en la música para recordar cada detalle junto al Che. (Foto: Carlos Luis Sotolongo/ Escambray)

Así recuerda el combatiente Golván Marín una de sus anécdotas junto al Che en África

“El Che nos mandó buscar y nos dijo: ‘Ustedes están presos, lo que cometieron se considera indisciplina’. Él estaba muy enfermo, el asma no lo dejaba dormir en las noches y había que inyectarlo. Walter Moro, un compañero, habla conmigo para ir al lago Tanganica y buscarle la medicina. Acepté, esa misma noche bajamos. Encontramos la medicina y logró inyectarse, pero al rato nos mandó a buscar y nos informó que estábamos presos, pues habíamos cometido una indisciplina equivalente a ser fusilados.

“Nos amarraron a un árbol y nos tuvieron dos días sin comer, ni un trocito de yuca nos llevaron. Creímos que nos iban a matar de verdad, pues todos los compañeros se pasaban el dedo por la garganta como si nos fueran a eliminar. Yo pensaba que era cierto ya que con el Che no se bromeaba. Luego nos incorporó al combate”.

 

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Así relató Golván Marín Valdivia, excombatiente internacionalista, compañero del Che en la guerrilla africana una de sus experiencias más extremas al lado del Guerrillero Heroico. También narró varias anécdotas cargadas de profundas emociones y dolores, la mayoría de ellas relacionadas con Tato el nombre de guerra del Comandante Guevara en aquel continente.

¿Cómo conoce al Che?

“Primero debo explicarle los sucesos ocurridos en la Lucha Contra Bandidos. Soy de origen campesino y revolucionario. El 23 de diciembre de 1962 una banda de contrarrevolucionarios se aparece en mi casa a las dos de la tarde, asesinan a mi hermano Oliverio Marín Valdivia y me hieren. A partir de ahí me incorporo a la Lucha Contra Bandidos.

“En el campamento El Maizal recibimos la visita del comandante Yoel Iglesias, enviado por Fidel a cumplir una misión. Nadie sabía el lugar exacto a donde iríamos. Nos prepararon 45 días. Yo pensaba que no podría ir por mi color de piel, pues buscaban a personas de tez bien oscura, pero me dijeron que no me preocupara porque había más blancos que yo.

“Partimos de Cuba, estuvimos en Italia, Francia y España, luego en África, y, por último, llegamos a Tanzania. Arribamos a un campamento, vi a un hombre blanco con un pantalón negro, una camisa clara y un tabaco en mano. Pensé: ese es el hombre que me dijeron era blanquito. No imaginaba que él nos dirigiría. Nadie lo reconocía. Exaltado grité: ¡Contra, ese es el Che!”.

¿Cómo transcurría la vida en la guerrilla junto a él?

“Resultaba muy difícil. Estábamos en guerra, además él tenía un carácter fuerte y dominante. Siempre nos entrenaba para lo inesperado. Preparábamos emboscadas y realizábamos ejercicios de táctica y técnicas militares. Incluso, me ordenó hacer una casita para darnos clases de Historia, Cultura, Política y hasta de Francés. Éramos 120 compañeros y nunca hubo ninguna indisciplina, a excepción de la mía.

 “Fíjese si nos llevábamos bien que yo le preparaba el té pues a él le gustaba como lo hacía. Confiaba en mí. Un día Fidel le manda una carta para abandonar el lugar y salir vivos de ahí. El Che le escribió otra negándose. Me envía al lago Tanganica para que yo la remita, me pone la mano en el hombro y dice: ‘Ten cuidado, y si te descubren, cómete la carta’”.

¿Lo más difícil para ustedes cuando se encontraban internados en la selva Mayombe de África?

“Pasamos mucha hambre. En ocasiones no podíamos más: cazábamos monos para comer y tomábamos leche de elefanta, así aguantábamos algo. Pero eso no fue lo más difícil, también estaba la malaria y los demás insectos de la selva que nos tenían hecha la guerra. Cuando un compañero se infectaba quedaba incapacitado y, por supuesto, lo alejaban del combate.

“Además, corría el peligro de ser sorprendido y asesinado porque no podía ni tomar agua sin ayuda. Otro momento fuerte era cuando perdíamos a uno del grupo y no podíamos darle sepultura”.

¿Cuándo ve por última vez al Che?

“La última vez que lo vi no lo podía escuchar, en ese momento yo tenía malaria. Recuerdo que estábamos en un puerto y él desde su canoa se despedía, nos dio ánimos y dijo que nos encontraríamos en otras tierras del mundo. Luego me trajeron para Cuba con otros compañeros y no nos dejaron ver a nuestros familiares hasta no estar curados completamente.

“A partir de ahí acepté otras misiones con la idea de volver a encontrarme con Tato. No fue así y nunca más pude verlo. Cuando me entero de su asesinato no podía creerlo y no lo hago hasta que a mis manos llega un periódico donde se daba la fatal noticia firmada por Fidel”.

¿Cómo recuerda al Guerrillero Heroico?

“Como un Dios. Nunca imaginé el momento de su muerte. Lo creía medio brujo, a veces nos decía que teníamos que movernos, pues atacarían y, efectivamente, al otro día, desde nuestro camino, escuchábamos las bombas caer. Era el primero en levantarse y el último en acostarse. Con él no había quien se echara pa’ atrás a la hora de cumplir una misión porque lo mandaban al frente”.

A pesar de saber que la vida acaba, este abuelo mantiene la esperanza de volver a encontrarse con su amigo, con aquel hombre al que le encantaba su té y el cual dejó una impronta en su vida. Desde hace ya 20 años se mantiene en la música para recordar aquellos tiempos en los que tenía que hacerse pasar por artista y cruzar de un país a otro.

La autora, Lilian Arlety Toledo Soris, es estudiante de periodismo

One comment

  1. Lisandra Borges Pérez

    Arlety me alegro mucho por ti porque publicaste esta grandiosa entrevista. Felicidades. Saludos Lisandra

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