Torre a dos manos (+ fotos)

Voleibol, Sancti Spíritus, Mundial sub 21
Adrián Goide y Osniel Melgarejo regresaron al tabloncillo de la EIDE espirituana tras su medalla de plata en Mundial sub 21. (Foto: Vicente Brito / Escambray)

Adrián Goide y Osniel Melgarejo escogieron La Eide Lino Salabarría para festejar su medalla de plata recién obtenida en el Mundial de Voleibol masculino Sub-21

Quizás porque no han podido desprenderse del influjo del tabloncillo —ahora taraflex— de la EIDE Lino Salabarría, de donde ambos emergieron, Adrián Goide y Osniel Melgarejo escogieron ese lugar para festejar su medalla de plata recién obtenida en el Mundial de Voleibol masculino Sub-21.

Rara manera de celebrar porque, tras los saludos de rigor los dos muchachos se pusieron a saltar, bloquear, rematar, sin hacer caso al cansancio y al estrés de una competencia donde casi nadie les concedió el favor de los pronósticos, sobre todo por el mal momento que atraviesa su deporte, tanto por el rendimiento como por lo ético.

Tal vez es porque saben que fue la intensidad del trabajo de meses la clave para este subtítulo luego de ocho años sin subir al podio de esta categoría y también porque conocen que será la ruta para otros compromisos igual de fuertes.

Entre remate y remate, Escambray logra poner “torre a dos manos” para conseguir algunos tantos.

Refiere Adrián Goide: “La competencia fue bastante exigente, muy fuerte físicamente, sabíamos que si jugábamos unidos podíamos obtener un gran resultado. Fueron nueve meses de entrenamiento en La Habana, donde se combinó lo físico con lo técnico”.

En tanto, Melgarejo debió compartir las fuerzas, pues hace poco cumplimentó los seis meses de contrato en la liga griega. “Tuve una experiencia muy linda, jugué 50 partidos y fue muy fuerte en lo físico porque tenía que entrenar para la liga y para cumplir los compromisos con Cuba, por tanto fue difícil, pero la preparación me sirvió mucho, a pesar de mucho sacrificio, la tremenda responsabilidad de estar solo ahí, con otro idioma muy complicado, aunque los cubanos siempre buscamos una parte comunicativa diferente”.

¿Cómo tejer un pronóstico en un grupo tan complicado y un nivel tan parejo?

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Adrián, pasador y capitán del equipo. (Foto: Vicente Brito / Escambray)

Adrián Goide: “Desde que salimos fuimos con el pronóstico de una medalla de cualquier color. Cuando perdimos el primer juego contra Rusia, nos sentamos varios de los jugadores principales y dijimos que si no jugábamos unidos no íbamos a llegar tan lejos, y ahí está el resultado”.

Osniel Melgarejo: “Otra gente, incluso algunos de los muchachos no pensaban llegar a la final, pero nosotros sí esperábamos el resultado y nos lo creímos, a pesar de que el grupo no era fácil al estar Estados Unidos, Rusia y Turquía, pero lo principal fue la concentración y la unión. Esos equipos creyeron que éramos un elenco fácil y venían con otra mentalidad de ganarnos rápido, pues en el Mundial pasado quedamos en el lugar 13”.

¿Ganarle a Rusia fue la clave?

Adrián: “Tras perder, en el otro juego fuimos a darlo todo, a ganarlo, los rusos esperaban otro juego como el del primer día, pero nosotros cambiamos el sistema y eso los desconcertó un poco. Esa victoria nos alentó para jugarle duro a Irán, con alegría, agresividad, combatividad y sin presión. Con Polonia salimos igual a jugar fuerte, pero nunca supimos cómo descifrarlo, jugó mejor que nosotros tácticamente”.

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Osniel: Lo principal fue la concentración y la unión. (Foto: Vicente brito / Escambray)

Osniel: “Más que todo estudiamos muy bien a los rusos, nos enfocamos en ese partido y les entramos por los ojos, sinceramente. El partido vs. Irán lo celebramos cantidad, ya desde que estábamos entre los cuatro era un orgullo para Cuba y nos enviaban muchos mensajes. Pero llegado ese momento queríamos más, creíamos que se podía, pero realmente Polonia fue superior, vienen de muchos años juntos y nosotros ahora fue que acoplamos”.

Desde posiciones diferentes, cada uno aportó  lo suyo a este Cuba de plata.

Adrián: “Soy el capitán del equipo, es algo que he asumido en otras categorías desde que estaba en la EIDE y ya me he acostumbrado. Es una función fuerte porque debo dar ánimo al equipo, guiarlo dentro y fuera del juego y me ha ido bien, además de que para eso me ayuda ser el pasador. Casi siempre mis compañeros me guían y en los momentos claves, mi entrenador”.

Osniel: “El ataque es del pasador, llevamos mucho tiempo juntos y de mirarnos sabemos la jugada que vamos a hacer. Hay que tener mucha visión al bloqueo, mirar bien en qué momento puedes atacar por aquí o por allá, si hay uno o dos bloqueos”.

¿Cómo emerger de las aguas turbulentas del voleibol actual?

Adrián: “Desde que salimos para el Mundial nos concentramos en hacer un buen papel, sin dejar que nada en nuestro alrededor nos influyera y así salió el resultado. Confiamos en que nos vamos a recuperar”.

Osniel: “El voli ahora tiene una mala imagen, pero logramos esta medalla y sabemos que el pueblo está contento y eso nos satisface”.

La misma edad: 19 años y los mismos compromisos: eventos clasificatorios para la Liga Mundial, Copa Panamericana de mayores, Mundial Sub-23, en Egipto; NORCECA, en Estados Unidos, y para la Copa del Mundo.

Adrián: “En cuanto llegamos a Cuba, nos reunimos con jugadores del equipo grande, están inspirados por nuestra medalla. No pudimos estar en la Liga Mundial de este año pero volvemos el próximo, es una tarea dura todos los torneos, pero para eso entrenamos y el colectivo técnico confía en nosotros. Cuando empezamos la preparación nos trazamos la meta de aguantar hasta la última competencia y llegar en óptimo estado físico, fue fuerte pero lo logramos”.

Osniel: “Es difícil estar en todos los campeonatos. Solo se trata de no parar de trabajar, es como único vas adelante”.

Tras dos horas y mil saltos, los cuerpos respiran, el sudor destila y la sonrisa llega. No hay egos. Tampoco ínfulas por ser subcampeones del universo.

Adrián: “Este sigue siendo mi equipo. De aquí salí y eso no se olvida”.

Osniel: “Cada vez que tengo un chance vengo a la EIDE a compartir con mis compañeros porque fue de donde salí”.

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