Al pan, pan

Si desde septiembre se alertó acerca de las regulaciones de los niveles de harina para la elaboración del pan en todo el país, ¿por qué desaparecerlo de un tajo y no escalonadamente? ¿Por qué multiplicar la crisis? ¿Por qué engordar el acaparamiento?

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Ilustración: Osval

Si en un rapto de locura o de abstinencia extrema la familia cubana tuviera que prescindir del pan, pudiera desfallecer de estragamiento. Sería algo así como pretender suprimirles la lasaña a los italianos. Porque, más por costumbre que por lo módico de su precio —si comparamos los 5 pesos que hay que desembolsar por uno de corteza dura en relación con otros alimentos— esa masa, casi siempre tan amorfa, resulta imprescindible desde el desayuno hasta la merienda.

Quizás ningún producto de la mesa cubana lleve tanto gramaje de críticas —para compensar, acaso, los gramos de menos que suele llevar— como el pan: que si está ácido, que si la harina es vieja, que si sabe a cucaracha, que si el duro se pone suave en menos de una hora, que si de un día para otro no hay quien se lo coma…; pero se extraña.

Desde que la gente empezara a correr el “chuchuchú” de que se había agotado la harina, primero; y desde que la Empresa Alimentaria Provincial admitiera públicamente en estas páginas, luego, que se habían recortado las producciones debido a inestabilidades en las industrias molineras, el pan ha sido más perseguido que un fugitivo.

Tanto que, sobre todo en las panaderías especializadas de los municipios, aquellas filas alargadas semejan más una concentración que una rutinaria cola; tanto que los panaderos ambulantes tienen que pernoctar desde la tarde anterior hasta el día posterior; tanto que en lugares como en Cabaiguán hasta se ha exportado el pan desde Placetas.

Si desde septiembre —según aclaraban las autoridades en Escambray— había llegado una carta de la Ministra de la Industria Alimentaria alertando acerca de las regulaciones de los niveles de harina en todo el país; si desde entonces se suponía que las afectaciones serían inminentes; si se sabe que el pan es un alimento casi de primera necesidad y que el de la canasta básica se garantiza y no alcanza… ¿por qué desaparecerlo de un tajo y no escalonadamente? ¿Por qué multiplicar la crisis? ¿Por qué engordar el acaparamiento?

Se han tomado medidas, de seguro; ojalá la mayoría sean más sensatas que la de parar la producción en las panaderías en los horarios pico —puede ser desde las cinco hasta las diez de la noche—, pues nadie objeta que se cuide el consumo energético, pero no a expensas de sobregirar las angustias de los consumidores.

Así, elaborando panes a cuentagotas, ya en las cabeceras municipales comprar una bolita a cualquier hora, como era posible meses atrás, se torna un caos; en las zonas rurales casi que resulta imposible.

Mas, lo cuestionable también está en que ninguna de las fábricas particulares de pan ha quebrado ni se han dejado de expender paquetes de galletas por cuenta propia ni se han perdido las pizzas. O el sector no estatal tiene convenios con un proveedor especial o está importando la harina o sí se planificó a tiempo.

Como casi siempre sucede, las escaseces resienten el lado más débil de la soga: los clientes. Y las secuelas se palpan no solo en las colas de más o en la racionalidad establecida que te obliga a comprar tantos y no otros para que alcance para todos; sino también en los precios. Sí, porque antes un pan suave —de los que se venden a 3 pesos— costaba, en muchos lugares, 4 pesos y ya se cotiza a 5 pesos. Subió para quedarse. Lo aseguro no porque le esté haciendo marketing a los panaderos ambulantes; lo afirmo porque la experiencia cotidiana ha demostrado que los costos cuando ascienden jamás bajan.

Comer pan no es un lujo. Se precisa lo mismo para llevar en la merienda escolar que para aliviar la mesa. Aunque desde hace unos días los pitos de los panaderos han recomenzado a despabilar de a poco a los vecindarios, nada hay de grato en el sobreprecio, en la incertidumbre, en la penuria. Poco menos reconfortante resulta tener que saciarse así —sin saber hasta cuándo— de migaja en migaja.

6 comentarios

  1. Duela a quien le duela, la solucion de la economia de los ervicios y ventas a la produccion esta en ponerlas en manos de la industria privada, a la que le venderemos la materia prima necesaria, a precio logico (evitamos asi el desvio de esta), con los controles que se establecen en todo el mundo sin extremos y veremos que los poco rinde mas, que la calidad olvidada vuelve y la competencia rebaja precios.

  2. Mi opinión es que las panaderías tienen que pasar a ser negocios particulares, así no se roban tanto la harina, el aceite y se venderá un pan de mejor calidad, como el estado les regala la harina, hacen lo que bien le viene en gana. Así se pagan ellos mismos el salario de su trabajo y no el estado también, Venderán más cosas y la harina de allí no saldrá a otros fines, y luego que el estado si puede les venda la harina a los otros negociantes pequeños.

    • Ah porque no son particulares? yo pensaba que la cantidad de panaderos que pasaba de 5:30 am a 7:15 am aproximadamente por mi casa ( un día conté 8) sacaban el pan de establecimientos particulares. Que eficiencia la de las panadrías del estado, más recaudación para el gobierno.

  3. Es que no se acaban de dar cuenta que la economia estatal es una ruina, que siempre esta en deficit y que no logra abastecer la demanda. No solo es el pan, sino una amplia gama de productos de primera necesidad. El administrador estatal de una panaderia no va a ir a Sta Clara a buscar la harina “debajo de la tierra”, sin embargo, el emprendedor motivado va a ir al fin del mundo a buscar la materia primera para producir, vender y generar una ganancia. Y si no gana, no come. En cambio, mientras no hay harina para hacer el pan en el establecimiento estatal, el administrador y los empleados reciben integro sus salarios, aunque esten sentados o durmiendo. Por estas y muchas otras razones, hay que seguir el ejemplo de China y Viet Nam: PRIVATIZAR TODOS LOS MEDIOS DE PRODUCCION.

  4. Muy buen trabajo de esta periodista como otros tantos de ella misma con valentía y objetividad. Quiero agregar que es inaceptable que los cuentapropistas traigan panes a Cabaiguán desde la provincia de Villa Clara y que aquí tengamos este panorama que vivimos o rabiamos. ¿Por qué allí hay y aquí no?. Por otro lado hay panaderías que según lo he visto, venden pan a las 2 am cuando los que trabajamos estamos descansando ¿Qué cosa es esa?, ¿No hay otro horario más factible?. Ojalá no se quede esta medida para siempre como ha ocurrido en otros momentos en quese han afectado productos de la canasta básica sin cumplirse lo propuesto. Muchas gracias.

  5. Si no hay harina, como funcionan las pizzerias particulares, a esto no se le ha cortado el suministro que sin dar muchos rodeso, todo el mundo sabe de donde sale en su gran mayoría.

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