Historias de vida (+fotos)

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Los recién nacidos reciben una atención especializada. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

El servicio de Neonatología del Hospital Materno Provincial exhibe indicadores de primer mundo. Durante el pasado año contribuyó, además, a que Sancti Spíritus reportara la más baja tasa de mortalidad infantil de Cuba

 

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El llanto impenitente retumba en la sala. Las manos enguantadas se cuelan a ratos por los huecos de la incubadora para intentar, acaso, ahogar sollozos y acariciar. Luego llegarán en torrente los mimos maternales en esas horas que son insuficientes para apaciguar tanto desasosiego y para amar.

Mas, ni la asepsia que exigen las normas higiénicas ni el frío permanente de los cubículos hacen de la sala de Neonatología, adscrita al Hospital Materno Provincial, un lugar de otro mundo. Suele ser, quizás, un campo de batalla donde sobran los desvelos para estar en constante porfía por la vida.

Y aquellas fotos colgadas en el umbral de la sala lo atestiguan: allí, Renata María y Pablo Enrique, Cataleya de la Caridad, Ancel, Adán, las trillizas… apenas algunos rostros de la salvación.

Bastaría mirarlos tras el paso de los meses para aquilatar tanta entrega de médicos y enfermeras o bastaría saber que esos pequeños no son los únicos, pues durante el pasado año más del 98 por ciento de los niños ingresados con criterio de grave lograron sobrevivir y que el servicio también contribuyó a que la tasa de mortalidad infantil de la provincia fuera de 2.0 por cada 1 000 nacidos vivos, la más baja del país.

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El banco de leche materna garantiza la disponibilidad de una leche más madura para ofrecerle a todo el que la necesite. (Foto: Dayamis Sotolongo/ Escambray)

DESDE LOS INICIOS

Dicen los especialistas que en el 2008 la mudanza del antiguo materno al Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos no significó únicamente un cambio de local; a la postre sobrevendrían también la apertura de cubículos con mayor confort, la adquisición de modernos equipamientos, el comienzo del servicio piel a piel —comúnmente nombrado mamá canguro— y las mejores condiciones para la atención a los pacientes.

A juicio de la doctora Migdiala Soria Díaz, especialista en Medicina General Integral y Neonatología y jefa de ese servicio, los resultados de hoy son fruto de un trabajo sostenido de años. “Siempre hemos contado con profesores de alta categoría docente, tanto para la formación de residentes como para la atención de los recién nacidos; además de licenciadas en Enfermería con una elevada especialización.

“Al ser un servicio provincial se siguen atendiendo los recién nacidos que presentan alguna morbilidad. El bajo peso al nacer y la prematuridad constituyen las principales causas de ingreso”, acota la también máster en Atención Integral al Niño y Educación Médica.

Y con los años no solo se ha logrado modernizar el servicio hasta semejar a cualquiera de los brindados en el primer mundo, sino que se ha alcanzado también la certificación Amigo del niño y la madre, la cual se otorga por la Unicef y el Minsap a aquellos hospitales que están acreditados para brindar una lactancia materna exitosa.

“Contamos ya con un banco de leche materna que garantiza la disponibilidad de una leche más madura para ofrecerle a todo el que la necesite”, apunta Soria Díaz.

Pero tampoco son las únicas atenciones, pues ningún seguimiento concluye en aquellos seis cubículos. Los nexos con los pequeños vienen a ser como un cordón umbilical de por vida: una vez egresados acuden a la consulta de Neurodesarrollo o de Retinopatía de la Prematuridad.

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La leche materna es el mejor alimento. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

AMOR CON AMOR SE PAGA

Luego de más de dos décadas en esa sala, a la licenciada en Enfermería Liudmila Castro Gómez no se le olvida aquella larga madrugada cuando todo intento por hacerle una vía a aquel pequeño parecía fallar.

“Se llamaba Dairon —recuerda la seño, que también es especialista en Materno Infantil y jefa de Enfermería de la sala—. Casi a las cinco de la mañana se le pudo pasar finalmente el catéter y luego tú lo ves por ahí y la mamá cada vez que nos ve se desespera con uno. Aquí se batalla por que los niños sobrevivan”.

Tanto que, por ejemplo, han logrado recuperarse más del 85 por ciento de los neonatos que nacieron con un peso inferior a los 1 500 gramos y más del 93 por ciento de los que requirieron ventilación. Las estadísticas quizás no bastan para ilustrar los insomnios al pie de cada incubadora, la alimentación estricta con el vaso entre las manos, los baños, las inyecciones… los cuidados todos.

“Mientras están aquí somos casi las madres de los bebés —asegura Castro Gómez—. En ocasiones hay algún niño en la incubadora llorando y entonces uno tiene que hacer función de mamá: uno se lava las manos, lo carga, le pasa la mano, porque a veces cuando ellos están llora y llora es por falta de ese afecto, del calor humano”.

Es apenas un pasaje de amor. Quienes permanecen día a día tras aquellas puertas solo saben de llamadas a deshora cuando alguno de los neonatos se agrava, de procederes a ratos heroicos y de desvelos de más. No es una exclusividad de la experiencia; los que se inician en tales procedimientos igualmente llevan dosis de consagración.

“Las seños y los médicos son muy dedicados —confiesa la doctora Sairis Portal Suárez, residente de tercer año de la especialidad de Neonatología—. Ciertamente es una atención compleja, pues los niños todo lo transmiten a través de su expresión, del llanto, de la forma de respirar… y uno lo entiende porque lo estudia. Hay que trabajar rápido con ellos, porque el tiempo es vida para esos niños”.

Y el paso avasallador de cada jornada no borra los momentos más tensos ni los nombres de los niños ni los desconsuelos de los padres. Para ello también están los reconocimientos desde la más honda de las gratitudes de cada familia que ha dejado su firma en un cuadro en la pared o las fotografías que muestran a sus hijos entre los más insospechados aparatos y, luego, entre los brazos maternos.

Entonces los rostros infantiles que cuelgan de las ramas de ese árbol pintado en la puerta de la sala no es tan solo un abrazo de bienvenida, es acaso el preludio mismo de tanta vida.

One comment

  1. Muy Bonita la labor que realizan los médicos en el Hospinal Materno Provincial, salvar y cuidar esas criaturas q empiezan a vivir es lo más tierno y hermoso que puede hacer un ser humano. Saludos para el colectivo de trabajadores y que sigan trabajando con ese amor.

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