La Guerra de Martí (+fotos)

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Como máximo representante del Partido Revolucionario Cubano, Martí organizó la insurrección en Oriente y en el resto del país desde la emigración.

El 24 de febrero de 1895 estalló en Cuba la Guerra Necesaria. Sancti Spíritus se comportó a la altura de aquel momento heroico

 

Camilitos espirituanos participan en Guardia de Honor a Martí en Santa Ifigenia (+fotos)

El arduo camino hacia la Guerra Necesaria

Otra hubiese sido la historia si la tozuda España hubiese concedido a Cuba ya en 1894, o aun antes, la autonomía que, tras tres largos años de guerra e incontables víctimas y destrozos, intentó aplicar en la isla a finales de 1897, cuando entre cubanos y españoles existía ya un abismo colmado de sangre, odio y contradicciones antagónicas.

 

Si bien la habilidad, la diplomacia y el sentido común le permitieron a la metrópoli en 1878 ahogar el esfuerzo libertario de los cubanos, debilitado más por sus problemas internos que por las ventajas militares del adversario; en lo adelante, el egoísmo, la ambición y la inercia impidieron a Madrid tener la lucidez necesaria para comprender que, o iniciaba reformas en Cuba, o esta dejaría de ser su última colonia en América.

Para entonces —1890-1895—, la economía cubana continuaba en crisis, con la particularidad de que un sector fundamental: la industria azucarera, había caído bajo el control de monopolios estadounidenses, en medio de una desbocada corrupción administrativa, entorno agravado por los altos impuestos que succionaba, insaciable, la metrópoli.

En el plano político, la represión y falta de libertades civiles en la isla, en un contexto de aumento de las contradicciones entre la administración colonial y el pueblo, echaba leña al fuego del conflicto que se veía venir, el cual no sería más que la continuación del extinguido en 1878, seguido en 1879 por el intento efímero de la Guerra Chiquita. 

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Martí junto a Fermín Valdés Domínguez y Panchito Gómez Toro en los días más intensos de los preparativos para la Guerra Necesaria.

MOTOR DEL ESFUERZO LIBERTARIO

Es creencia extendida en medios académicos que son las situaciones las que hacen a los líderes y no a la inversa. Pero dígase lo que se diga —y el teórico ruso Jorge Plejánov deja constancia de ello en El papel del individuo en la historia—, hay hombres con tal poder de visión política y acción teórico-práctica, que son capaces de canalizar las energías y voluntades de un pueblo hacia el logro de una meta suprema como puede ser la independencia.

Cuando José Martí llega a Nueva York a inicios de los años 80 del siglo XIX, junto con su intensa labor periodística y literaria, desarrolla una creciente toma de conciencia fruto del estudio de las causas más profundas del fracaso de los anteriores esfuerzos libertarios y no tarda en encontrar en ellos los elementos a subsanar en la próxima guerra, que cree tan necesaria como inevitable.

Su privilegiado intelecto le lleva a discernir que, aparte de los factores evidentes, como el caudillismo, el regionalismo y las ambiciones personales, así como los desencuentros entre el estamento militar y la autoridad civil de la Revolución existían otras quizá más importantes, como la falta de un partido político y un programa que guiase los destinos del nuevo empeño emancipador.  

De ahí que, como fruto de la evolución de sus concepciones independentistas, desarrollase junto con sus exitosas gestiones de unidad —que le permiten soldar en un haz a los veteranos combatientes de las contiendas anteriores con las nuevas generaciones de cubanos—, una labor incansable en la estructuración de una organización política de vanguardia: el Partido Revolucionario Cubano (PRC).  

Y en ese esfuerzo incansable le resulta vital el apoyo encontrado en el general espirituano Serafín Sánchez Valdivia, para sumar a la causa al más ilustre de los guerreros del bando cubano: el Mayor General Máximo Gómez Báez, figura capaz de atraer a los combatientes de las guerras pasadas.

El surgimiento del PRC el 10 de abril de 1892, precedido el 14 de marzo por su órgano difusivo, Patria, vino a ser la culminación de una etapa preparatoria estructural, en que la Revolución arriba a la madurez conceptual y política para concentrarse en los preparativos de la nueva y definitiva guerra, en la que los clubes revolucionarios deberán desempeñar un importante papel en tanto aglutinadores del esfuerzo patriótico en las bases y como aportadores de fondos a la causa.

Obran claramente en los enunciados del Partido, como en los estatutos, los objetivos independentistas de la organización política, así como los modos y las formas de obtenerlos, porque estaba claro que para lograr la independencia de Cuba y la de Puerto Rico habría que luchar largo y tendido.

Tan importantes fueron esos esfuerzos que —con el propósito de abreviar la duración y sufrimientos de la anunciada conflagración— confluyeron en el Plan de Fernandina, según el cual, debían desembarcar en Cuba por tres lugares diferentes, otras tantas expediciones armadas encabezadas por los principales jefes de la Guerra del 68. A inicios de enero de 1895 el proyecto se frustra por la delación o indiscreción de un coronel en quien había confiado Serafín, y el doble rasero calculador y oportunista del gobierno estadounidense, que vendía armas a España, pero se las negaba a los cubanos.  

La noticia del descubrimiento de Fernandina por las autoridades yanquis y la magnitud del proyecto provocaron verdadera conmoción entre los emigrados, que vieron en ello la seriedad y diligencia con que Martí se afanaba en los preparativos de la lucha. Esto influyó decisivamente en que el delegado del PRC, a pesar del terrible golpe experimentado, lograra sobreponerse y siguiera adelante con su magno programa emancipador.

Así, el 29 de enero de 1895, Martí, Mayía Rodríguez y Enrique Collazo firman la orden de alzamiento dirigida a Juan Gualberto Gómez, representante del delegado del PRC en la isla y, al día siguiente, parte para Dominicana a encontrarse con Máximo Gómez. Según las instrucciones recibidas, Juan Gualberto decide que el grito de libertad o muerte se dé el domingo 24 de febrero, decisión que pone a hervir  los aprestos finales para la contienda.

Imbuido de espíritu guerrero, Martí se lanza con decisión a la conflagración que él mismo había organizado, desembarcando precariamente a inicios de abril para acudir al campo de batalla donde cayó cargando contra el enemigo. Su muerte en combate fue una rúbrica gloriosa a una vida plena de singularidades.

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En Serafín se apoyó Martí como en columna en sus esfuerzos de unidad entre distintas generaciones de cubanos.

LA GUERRA EN SANCTI SPÍRITUS

Con todo acierto se señala que uno de los acontecimientos de mayor relevancia en Sancti Spíritus previo al 24 de febrero de 1895 lo constituyó la visita a esta ciudad, del enviado especial de José Martí, el comandante Gerardo Castellanos Leonard, el 12 de agosto de 1893.

El objetivo de Castellanos era dejar constituido el Comité o delegación del Partido Revolucionario Cubano en la jurisdicción. La reunión se efectuó en la casa del maestro Manuel Jané Román, quien fue elegido presidente del citado comité, y como vice, el activista local Luis Lagomasino.

La orden de levantamiento, señalada para la segunda quincena de febrero de 1895, por instrucciones en clave remitidas por José Martí a su representante en Cuba, la recibió Lagomasino en Cienfuegos a inicios de ese mes. Según escribió el propio Lagomasino: “En mi escondite de la ciudad portuaria recibí a Juan Tranquilino Latapier, portador del mensaje o señal para el levantamiento armado, enviado por Juan Gualberto Gómez”.

 Sin embargo, el arrojo libertario, que estalló el día 24 en varias partes de la antigua provincia de Oriente, tuvo que esperar en la región de Sancti Spíritus debido a factores de índole interna y externa. Entre los primeros estuvo la represión de las autoridades españolas y los pocos recursos bélicos disponibles; entre los segundos, la ausencia de los principales jefes, aún en el exilio.

La llama de la insurrección, azotada por las tropas peninsulares, logró capear la situación en la comarca hasta la llegada por Punta Caney, el 24 de junio de 1895, de la famosa expedición Sánchez-Roloff-Mayía, al frente de 150 combatientes, con un importante alijo de armas y pertrechos.

La presencia de aquellos hombres perfectamente armados y entrenados, encabezados por los prestigiosos generales Serafín Sánchez, Carlos Roloff y José María Rodríguez, constituyó un acicate tan marcado para la Revolución en estos predios, que le insufló un vigor inusitado.

En un plazo menor de cinco meses ya la región espirituana estuvo en condiciones de aportar al contingente de invasión al occidente de la ínsula a 2 000 de sus mejores hombres con el Mayor General Serafín Sánchez Valdivia al frente. Fue como un renacer primaveral para el esfuerzo libertario que ya no cejaría hasta la derrota total del enemigo colonialista.

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Un gran papel les estaría reservado a los clubes revolucionarios en los preparativos de la nueva contienda.

One comment

  1. Estimado Pastor Guzmán:

    Otra hubiese sido la historia si la tozuda España hubiese concedido a Cuba ya en 1894, o aun antes, la autonomía que, tras tres largos años de guerra e incontables víctimas y destrozos, intentó aplicar en la isla a finales de 1897, cuando entre cubanos y españoles existía ya un abismo colmado de sangre, odio y contradicciones antagónica

    El tema de la autonomía en Cuba (1897-1898) merece un mayor número de investigaciones, para mi dicha medida no fue un fracaso, ya que como reconoce el profesor cubano Perez Guzman, durante los meses finales de 1897 y principios de 1898, hubo muchas presentaciones de mambises. Además solo debemos leer el diario de Maximo Gomez para percatarnos que estaba en una situación muy difícil en 1898.

    Se presentaron el coronel Juan Massó Parra, el coronel Rosendo García, Cayito Alvarez y varios más, además la economía de la isla experimentó cierta recuperación ( aumentó la producción de azúcar y tabaco).

    Ecured menciona esto:

    https://www.ecured.cu/Gobierno_Auton%C3%B3mico_de_Cuba

    La administración del señor Gálvez funcionó durante diez meses a partir del 1 de enero de 1898 y fue apoyada por amplios sectores de la población, incluyendo numerosos insurrectos.

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