¿Quién le pone el cascabel al coche? – Escambray

¿Quién le pone el cascabel al coche?

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Ilustración: Osval

Algunos conductores de estos medios de transporte violan los precios establecidos y otras normas

Hasta hoy las siete rutas de ómnibus urbanos en la ciudad del Yayabo, con Taxibús y ómnibus de otros municipios incluidos, no han podido resolver el problema de trasladarse de un lugar a otro; por ello sería injusto no reconocer que montarse en un coche es un alivio al transporte local; pero no todos marchan sobre buenas ruedas.

La fama de constituir una de las ciudades más limpias de Cuba se ve empañada cuando unos 400 vehículos de tracción animal atraviesan a diario las calles de la cabecera provincial dejando sus huellas malolientes como peligro potencial para la salud de los ciudadanos, aunque eso no es lo peor.

“Lo más indignante es que, aun cuando vienen sin pasajeros, te dicen que tienes que alquilar, y las tarifas no se bajan de los 20 pesos por distancias cortas, como de la pizzería hasta la terminal”, cuenta sudorosa a pleno mediodía María Isabel Ulloa, una cabaiguanense que por más de una hora ha intentado llegar a la estación de ómnibus sin otra opción que arrendar el quitrín.

Jorge Rodríguez Correa, un espirituano que viaja a diario de un extremo a otro de la ciudad hasta el final del barrio de Colón, considera que todas las violaciones se quedan chicas ante la impunidad de los conductores con el cobro del pasaje. “Es lo peor que he visto, si es de noche con la mayor tranquilidad del mundo te dicen que 50 pesos para ir desde el centro del pueblo al hospital, y si es de día, pues 20 pesos. Y muchos son además maleducados, cuando no quieren recoger pasaje en una parada llena de gente son mudos y sordos porque no responden cuando preguntas para dónde van y no pocas veces te encuentras a menores de edad convertidos en choferes a la vista de todos”.

Hoy circulan por toda la provincia de Sancti Spíritus unos 1 700 coches, número al que se suman otros que transitan de forma ilegal; si bien este medio de transporte en su momento fue imprescindible, hoy tiene más contras que pro porque, al decir de los propietarios, pueden cobrar por la ley de oferta y demanda y, por supuesto, no tienen que rendir cuenta del monto de una tarifa que para los conductores es coyuntural y trae beneficios cuanto mayor es la necesidad.

De criterios como el anterior discrepa Camilo Pérez Pérez, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial que atiende la esfera, cuando asegura que hace tiempo, por acuerdo de ese órgano de Gobierno en el territorio, los precios de quienes prestan servicio de vehículos automotores y de tracción animal están topados con una tarifa establecida según el lugar y la ruta.

A todo ello se unen las indisciplinas sociales de muchos cocheros que no respetan el orden, y lo mismo cantan rancheras a las tres de la madrugada que rompen una botella en medio de la calle, aun cuando se sabe que existen varios cuerpos de inspectores autorizados a imponer sanciones que no son suficientes, a veces ineficientes y en el peor de los casos improcedentes, porque los fiscalizadores tienen las manos atadas por leyes y regulaciones.

Así lo ilustran datos ofrecidos por el mayor Raúl Alberto Concepción, jefe de la Unidad Provincial de Tránsito de Sancti Spíritus, quien asegura que este año se han aplicado a esos carruajes 669 multas por ingestión de bebidas alcohólicas, exceso de pasaje, no uso del colector o estacionamiento indebido, razón por la que hay más coches ocupados que otros medios de transporte y ya suman115 en los centros de depósito. “Por ahí pueden estar retenidos de un día a seis meses, no más, y es muy difícil el decomiso porque, de acuerdo con lo establecido, tiene que haber un número considerable de violaciones para llegar a ese paso”.

Nada le sorprende a Jorge Riverón Orozco, director de la Unidad Estatal de Tráfico, quien sabe que las 192 multas impuestas en lo que va del 2018 por el organismo que dirige no han resuelto un problema, ni las 215 actas de advertencia por indisciplinas graves e, incluso, por transitar por rutas indebidas. Además, reconoce que se hace difícil retirar una Licencia Operativa, documento “que únicamente se le retira al cochero cuando es muy reincidente. A veces juntamos las contravenciones y multas que de un solo cochero tienen varios organismos impositores y solo así hemos podido quitar licencias por seis meses o un año”.

Los conductores están claros de que si no tienen el citado documento, les imponen una multa de 500 pesos, monto que, según la circunstancias, puede el fiscalizador disminuir o incrementar, amparado en el Decreto-Ley No. 261 de 1999, que reglamenta las contravenciones personales de las regulaciones en la rama del transporte.

¿No existen en la provincia suficientes cuerpos de inspectores para controlar violaciones, incluidos los precios del pasaje? ¿Acaso la Resolución No. 263 del Ministerio de Justicia no recoge en uno de sus incisos que las personas que soliciten una licencia para prestar servicios públicos de transportación de pasajeros deben hacerlo por rutas prestablecidas y aplicando las tarifas de precios aprobadas por el Consejo de la Administración Provincial? ¿Dónde está el control que deben llevar los inspectores de Transporte y de la Dirección Provincial de Inspección y Supervisión?

Que conste que no todos los cocheros son indisciplinados o violan lo regulado, hay historias de muchos honestos, de buen corazón, incapaces de bajarte del asiento si no pagas la excesiva tarifa de moda, pero que también conste que cuando llega el inspector y pregunta a los pasajeros, aparece aquel encubridor: “Nadie pagó más de dos pesos”.

Los espirituanos residentes en varios territorios sueñan con que por una vez los inspectores no vean las manchas desde el asiento trasero de un coche y busquen alternativas para actuar ante indisciplinas y violaciones en los precios del pasaje, con que no haya calles rotas por los cascos de los caballos, o mejor, que un día exista la prohibición legal de que circulen carruajes tirados por caballos a lo largo y ancho de todas sus calles, salvo si son vehículos de paseo turístico, como en Trinidad.  Fantasean también —¿por qué no?— con que la ciudad del Yayabo un día tenga suficientes ómnibus para no tener que acudir a vehículos que en pleno siglo XXI resultan ya inapropiados para una urbe de cualquier parte del mundo.

5 comentarios

  1. El pueblo habla…Los decisores escuchan?????

  2. Herraduras de caballos con clavos de Tungsteno, última moda de los cocheros, no importa que el animal sufra, lo que importa es que duren más los herrajes. ¿Lo peor? no hay asfalto que resista el paso de esos carruajes, las huellas sobre el vial hablan por sí sola

  3. Riky el chévere

    Me quedo pasmao con la manera en que ese vicepresidente refuta las opiniones de la gente del pueblo y solo dice que los presios esan topados. ¿es que no tiene consiensia o que no se a subido jamas a un carricoche de esos?
    Mi Cuba, te adoro, pero cuanto daño te esan haciendo los dirigentes que no se ponen del lado de los ciudadanos. Si ese es el gobierno de la provincia, de mi provincia, ¿cómo bamos a avanzar?

  4. Aplausos para la periodista y observo con beneplácito que el periódico se ocupa con más frecuencia de lo que molesta y perjudica al ciudadano,los coches son una verdadera epidemia de ruido, estiércol y orina a pasos del centro de la ciudad, mientras las autoridades miran hacia otro lado como sucede con otras lacras como el maltrato,el robo en el peso y la corrupción de los inspectores que chantajean con las multas a quienes no los salpican

  5. El comentario esta realmente bueno, agregar también la cantidad de infracciones del transito que comenten principalmente en PARE, lo in respetuoso que son cuando se les dice algo, y para ayudar en algo, cuando usted va en un coche y un inspector pregunta, si muchos compañeros mienten , es entre otras cosas es para evitarse el problema ellos mismo, creo que con la cantidad de elementos aquí expuesto, es mas que suficiente para tomar medidas, para no llegar al extremo, ya que realmente sy de la opinión que deberian eliminarse de nuestras calle.

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