Voleibol cubano: Tres «mosqueteros» al ataque

Osniel Melgarejo, Miguel David Gutiérrez y Miguel Ángel López encabezan con sus remates una nueva generación que llena de esperanzas al voleibol cubano

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De izquierda a derecha, Gutiérrez, el líbero Lionnis Salazar, Melgarejo y López. (Foto: FIVB)

 

A comienzos de 2017 el voleibol en Cuba tenía una larga lista de compromisos internacionales, entre copas panamericanas, paradas del Tour playero, y varios campeonatos mundiales. Semejante calendario presentaba pruebas de alto rigor para las nuevas ornadas de jugadores en ambas ramas.

En el apartado varonil, a pesar de la juventud y poca experiencia con la que contaban, los muchachos dirigidos por Nicolás Vives tenían un calendario especialmente intenso, pues les tocaba participar en casi todas las diferentes competencias y categorías.

Pasado el tiempo, al mirar los resultados obtenidos en este 2017, la escuadra sacó el examen con muy buena nota. De ello da fe la espectacular medalla de plata del Mundial sub-21 con sede en la República Checa, y los sendos bronces en la Copa Panamericana y la cita del orbe sub-23.

Y es que si bien el trabajo en conjunto fue la clave de tantas alegrías, destacan dentro del seleccionado varias figuras que desde su posición, en este caso la ofensiva, cumplieron con la tarea de anotar los puntos que soportaron el buen momento del equipo.

El opuesto Miguel David Gutiérrez, junto a los auxiliares Miguel Ángel López y Osniel Melgarejo forman la tríada artillera que hoy día defiende fuera del país la calidad de una generación que llena de esperanzas a media Cuba.

Fuego desde la esquina

Oriundo de Villa Clara, quien fuera seleccionado como el mejor atacante del Mundial sub-21 y mejor opuesto del sub-23, Miguel David no parece en lo absoluto un hombre capaz de martillar el balón de forma endemoniada cada vez que recibe el pase cerca de los extremos de la net.

Para él la experiencia mundialista fue un momento de gran importancia individual y colectiva, tratándose de un conjunto de tanta juventud.

«Esa medalla de plata nos demostró muchas cosas. A partir de ahí empezamos a creernos que sí podíamos sacar el voleibol cubano adelante. A pesar de lo jóvenes que somos, con muchachos entre 16 y 20 años, a la vez sentimos una gran responsabilidad. De una forma u otra las mismas competencias nos han obligado a madurar rápidamente y crecernos, para elevar el nivel de este deporte».

Miguel explica que el equipo le ha ayudado también a mejorar su nivel y superar las dificultades propias de la competencia al máximo nivel.

«Cuando caigo en rachas malas me cuesta mucho trabajo recuperarme. Eso es algo en lo que estoy intentando mejorar. Los avances se los debo a mi entrenador y a mis compañeros, gracias a los  cuales ahora me cuesta menos salir de cualquier bache.

«La relación entre nosotros es excelente. Creo que es el factor principal para lograr tantas victorias y tan buenos resultados en los últimos tiempos. Todos somos uno, y cuando alguno está pasando por un mal momento dentro del juego, el resto le da mucho apoyo. Al final eso se manifiesta en cada uno de los jugadores, tal y como me pasó a mí: En los momentos en que no me sentía bien, ellos me dieron ánimo para continuar y mejorar en los siguientes juegos».

Miguel David se caracteriza como una persona tranquila, que prefiere pasar tiempo con su  familia por encima de cualquier otra actividad. La lejanía de sus seres queridos lo une a la mayoría de sus compañeros. Para superar esas características de su personalidad, su relación con el técnico Nicolás Vives ha sido fundamental.

«Hace un tiempo, hablaba con nosotros acerca de ese mismo tema de la lejanía de la familia, y nos decía que prácticamente eran ellos (los entrenadores) nuestra familia, ya que pasan más tiempo con nosotros que los propios padres. También explicaba que se sentía como el padre de nosotros, que tenía que protegernos y cuidarnos como tal, y precisamente esa forma de tratarnos y la confianza que nos da, tanto dentro como fuera del terreno, nos aporta positivamente como equipo».

Segundos de nadie

Cualquier desinformado podría pensar que los atacadores-receptores viven a la sombra de los opuestos, sin duda, las figuras que cargan con el mayor peso ofensivo de una escuadra. No obstante, en el caso cubano, la realidad demuestra que dos jugadores con la calidad de Melgarejo y López no se quedan detrás de nadie.

«El auxiliar es una posición muy completa que requiere de mucha concentración, pues tiene la responsabilidad de atacar y recibir. Es por eso que cada una de sus tareas debe tratar de hacerlas lo mejor posible, para ayudar a la mecánica del equipo», opina Osniel.

Miguel Ángel considera que debe trabajar más en la recepción y el bloqueo para consolidarse en esa posición.

«Con respecto al bloqueo, hay que decir que la mayoría de los jugadores de mi posición a nivel mundial tienen una estatura mayor que la mía, pues miden de 2.10 a 2.15 metros, mientras que yo mido 1.89. Ante esa desventaja tengo que esforzarme y trabajar más en esa parte, para poder rendir al mejor nivel».

Para López estar y competir de la forma en que lo hizo en el Mundial fue una experiencia única.

«Nosotros llegamos al Mundial sub-21 ajenos a lo que pasaba, porque no sabíamos a ciencia cierta el nivel que teníamos. Habíamos participado en otras competencias de la categoría, pero eso no nos daba todavía la medida real de nuestras posibilidades.

En el debut, ese primer set contra Rusia, aunque perdimos 32-30, pudimos abrir los ojos y darnos cuenta en qué lugar estábamos. Recuerdo que disfruté mucho ver cómo el equipo se fue uniendo poco a poco y cómo esa alegría se transmitía y nos daba embullo para seguir adelante», cuenta.

«Sin embargo —dice con una sonrisa—, todavía nos queda la espinita de Polonia, selección a la que no pudimos ganarle. Ya llegará el momento».

Para Melgarejo la clave de todo radica en la dinámica del grupo.

«Lo principal que tenemos es nuestra alegría, y sobre todo la unidad. Creo que eso fue lo que nos llevó a tener tan buenos resultados, porque todos fuimos capaces de juntarnos y dar hasta la última gota de sudor sobre la cancha para alcanzar el éxito».

De sus triunfos señalan también como «culpable» a su profe.

Para Miguel Ángel, cienfueguero y por tanto coterráneo suyo, el mayor logro de Vives ha sido el hecho de haber logrado unirlos de una manera que antes no eran capaces. «Tenemos una excelente comunicación. Siempre está preguntando, compartiendo ideas con nosotros, y está abierto a cualquier cosa que le podamos sugerir».

«La relación con el es muy buena, la mejor, tanto dentro como fuera del equipo. Sabe hacer que todos nos sintamos cómodos y, a la vez, exigirnos para sacar lo mejor de cada uno», dice Osniel.

Por delante les queda aún la clasificación mundialista y un ciclo olímpico que se inició con el pie derecho, el mismo con el que ellos aspiran continuar rumbo a Barranquilla, Lima y finalmente Tokio, precisamente el momento que todos esperan disfrutar dentro de tres años. De momento, el cielo es su límite.

Cubanos por el mundo

Hacia finales de 2017, varios fueron los voleibolistas cubanos que comenzaron su participación en las ligas Serie A1 de Argentina e Italia.

Entre ellos, Miguel Ángel López y Osniel Melgarejo se desempeñan en dos equipos diferentes en tierra gaucha. El primero lo hace con los Gigantes del Sur, mientras que el otro juega con el equipo de la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTreF).

López (Gigantes) lleva 14 partidos entre el torneo Presudamericano, la Liga y la Copa ACLAV, en los que ha anotado 257 puntos, 223 por ataque, 22 por saque y 12 por bloqueo.

Melgarejo (UnTreF) cuenta con la misma cantidad de intervenciones (14) entre Liga y Copa y ha llegado a anotar la cifra de 257 puntos, divididos en ataque (220), saque (10) y bloqueo (26).

Miguel David Gutiérrez, quien juega como atacador opuesto en el Bunge Ravenna de la máxima categoría italiana, a pesar de no haber tenido demasiada acción (19 sets jugados) ha participado en un total de 16 encuentros, de los cuales salió sonriente solo en la mitad de ellos. Como estadísticas principales, lleva 14 tantos, repartidos en 13 de ataque y uno por bloqueo.

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