Alberta de la Caridad Cañizares: La reina de los fármacos (+fotos y video)

Una doctora ya jubilada, de la primera graduación de farmacéuticos tras el triunfo de la Revolución cubana, vierte sus recuerdos de 86 años. Entre ellos guarda un lugar especial para Fidel

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Berta es conocida sobre todo en el mundo médico por su estrecho vínculo con los fármacos. (Foto: José Alberto Avila/ Escambray)

Semeja una deidad africana; quizá Ochún, la diosa del amor; o Yemayá, la virgen negra. Pero es solo Dios el objeto de su veneración. Al fin y al cabo, explica, nació en Natividad, el lejano batey azucarero de la entonces provincia de Las Villas donde su bisabuelo esclavo fue creando descendencia.

“Que esto se mantenga por los siglos de los siglos”. De ese modo elíptico y elocuente formula Alberta de la Caridad Cañizares González su deseo de que la realidad cubana actual nunca sea revertida. Y menciona a Fidel y a Martí con tal pasión que pareciera amiga, desde la infancia, de los dos grandes hombres.

Carga sobre sus hombros el peso de más de ocho décadas y media. Sobrelleva dolencias que por momentos se tornan agudas. Pero nada parece suficiente para borrar de su rostro esa expresión de regocijo que suele acompañarle. 

Al salir de la Universidad de La Habana en 1960 era la primera hija de Sancti Spíritus en titularse como Doctora en Farmacia tras el triunfo de la Revolución cubana. Berta, como la conocen donde quiera que ha ido, es de esas personas que nadie olvida y con las que nunca se deja de contar.

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“Ha sido un placer para mí haber trabajado como trabajé”, asegura Berta. (Foto: José Alberto Avila/ Escambray)

“La Universidad había cerrado en 1956 y volvió a abrir solo con la Revolución en el poder. Yo me gradúo en el mismo año de la carrera de Farmacia, a la que dediqué la mayor parte de mi vida, y de la de Químico Azucarero, que hice en la escuela de Agronomía. Tenía que estarme desplazando constantemente. Ha sido un placer para mí haber trabajado como trabajé”, asegura.

Su sencillez lo permea todo. Su voz, ronca y en extremo sui géneris, destila añoranza. Mientras evoca detalles de su ajetreado esquema laboral la imagino en el central de su infancia, al que se consagró por espacio de una década, decidiendo, en las noches, las cualidades del azúcar que surgía en sus tachos. El resto del tiempo laboraba en boticas. Ponía el alma en cada fármaco que rozaban sus manos.

Concluida la memorable zafra de 1970 se decidió por la rama de la Salud, donde comenzaría a tornarse imprescindible al asumir como directora de Farmacias. “Este pueblo todo me conoce. Pregunta por la Doctora Berta, por ejemplo, en el hospital Camilo Cienfuegos, y verás. Aunque no me vean, si escuchan mi voz enseguida van a saber quién soy. Trabajé todo el tiempo con mucho amor, por el bien de los seres humanos”, advierte.

Menciona el ya lejano 1993, cuando se acogió a la jubilación y comprendió que aquello no significaría retirarse. “Continué porque siempre han necesitado mis servicios, sobre todo en actividades científicas, donde integraba los jurados. Y yo siempre he estado dispuesta a dar mis conocimientos. Muchos médicos saben eso y todavía me llaman para que los ayude o los oriente”, refiere sentada en un balance de su casa, en la calle Isabel María de Valdivia de la cabecera provincial, donde reside desde hace décadas.

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“Eres acaparadora de conocimientos y esas son las personas que necesito”, cuenta Berta que le dijo un día de 1960 el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. (Foto: José Alberto Avila/ Escambray)

Cierta vez sostuvo con el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz un diálogo que no ha olvidado jamás. Era abril de 1960 y él llegó, bien temprano, a las escalinatas del alma máter habanera. “Enseguida que nos vio empezó a preguntar. Mientras le respondía hablé mucho, mucho, mucho, y él comentó que yo era muy avispada.

“¿Estás estudiando dos carreras? ¡Eres una acaparadora!’, me dijo, riéndose. Le dije que así era, que eso le hacía falta a Cuba. Y él: ‘¿Tú no sabes una cosa? yo desearía que matricularas Pedagogía’. Yo le argumento: ‘No, Doctor; pero, ¿cómo, si usted me acaba de decir acaparadora? Entonces agregó: ‘No, es que eres acaparadora de conocimientos y esas son las personas que necesito. Yo estoy seguro de que vas a ejercer las tres, porque, fíjate: eres muy inteligente”.

No se hizo pedagoga, pero ha ejercido el magisterio. “Yo he sido en cierto modo una maestra —reconoce—, porque cuando en 1974 empiezan los cursos de técnicos en Farmacia en Cienfuegos tenía que darles continuidad a casi todos los que venían para acá. Sabía que lo mío eran las ciencias”. Lo que no sabe ella es que cientos de sus coterráneos la consideran su maestra también por muchas otras razones.

No tuvo hijos, pero se siente querida y acompañada tanto en el barrio como en la vida. Durante sus últimos años de trabajo fungió como fármaco-divulgadora de la provincia, lo que la llevaba a visitar los municipios y vincularse con el personal médico. “Tenía que dar información sobre los medicamentos que se fabricaban, si iban a venir o no y cómo sustituirlos por otros; explicar sus propiedades farmacológicas, reacciones adversas; definir qué especialistas debían utilizarlos, pues algunos servían para varias especialidades”.

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Berta fue la primera hija de Sancti Spíritus en titularse como Doctora en Farmacia después de la Revolución. Foto: José Alberto Avila/ Escambray)

Escucho sus palabras al vuelo, justo cuando la puerta se cierra tras nosotros: “Yo sigo persiguiendo los periódicos y leyendo lo que ustedes escriben”. Su imagen de mujer imponente, desde lo alto de la escalera, me sigue pareciendo la de Ochún o la de Yemayá.

3 comentarios

  1. Delia Rosa Proenza Barzaga

    Esa mujer es toda historia. Estoy segura de que muchos de mis conciudadanos la conocen y recuerdan. Ya anda menos por nuestras calles, pero sigue siendo la comunicativa y carismática Doctora Berta. En el barrio, al vernos llegar, preguntaban: ¿Van a aentrevistar a Berta? y sonreían, complacidos.

  2. Ana Margarita González

    Yo fui alumna de esta apasionada mulata. Me enseñó mucho. Me gradué de técnica de farmacia en 1977, me ubicaron en Laura Paz, pero hacían falta técnicos en la farmacia de la Carretera Central, la segunda más grande de la provincia y allí me mandaron. Trabaje en el laboratorio, con ella y cuando hacía falta íbamos al mostrador. Lo que no podía haber era cola. Ella me contaba de sus andanzas por el ingenio y me decía que yo era su relevo, pero mi pasión por el periodismo era ilimitada, batía todos los obstáculos y aún sigo con el boligrafo y la agenda. Mis Saludos y un abrazo enorme para la Doctora!!!!!

    Gracias Delia por hacer lo que debí hacer yo!!!!!!!!!

    • Delia Rosa Proenza Barzaga

      Fue, sin propornérnoslo, una forma de consumar tu añoranza. Mira qué vueltas la da la vida: el periodismo y la farmacia unidos. Gracias, Ana.

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