En Sancti Spíritus la ceguera no afecta a niños prematuros

En 15 años ningún pequeño de la provincia ha perdido la visión a causa de la retinopatía de la prematuridad

Fue en el 2004 cuando se vio por primera vez parada frente a una de aquellas incubadoras con esa lámpara en la frente mucho más grande que los cuerpos que se le perdían entre las manos.

Antes, la doctora Miriam Rodríguez Rodríguez, hoy especialista en segundo grado en Oftalmología y doctora en Ciencias Médicas, se había entrenado en el Instituto Cubano de Oftalmología y le había nacido una pasión que creció y creció hasta desvelarla por años en una tesis doctoral. Y aún hoy lo confiesa sin ápice de vanagloria: “Yo soy obsesiva con esto”.

Todavía recuerda a las gemelas de Zaza del Medio, las primeras pacientes a quienes les dio tratamiento de láser para atenuarles aquella retinopatía de la prematuridad grado 3. Han pasado por sus manos más de 3 000 pacientes desde que en el 2004 Sancti Spíritus se convirtiera en una de las primeras provincias del país en iniciar la pesquisa de esa afección.

Desde entonces 25 pequeños han requerido tratamiento con láser debido a haber desarrollado un grado 3 de la enfermedad, proceder que evita el desprendimiento de la retina. “Pudiera parecer poco, pero son más de 20 niños que hubiesen podido quedarse ciegos. Ninguno de los pequeños espirituanos, examinados y tratados aquí, ha perdido la visión por esta causa”, asegura la doctora.

Hasta hoy el procedimiento es rutina: se examinan todos los bebés que nacen por debajo de las 35 semanas de gestación, que pesan menos de 1 700 gramos al nacer y/o los que tengan algunos factores de riesgo según el criterio de los neonatólogos, como pueden ser oxigenoterapia, transfusiones, insuficiencia respiratoria, embarazos gemelares o múltiples…

Al decir de la especialista, cada 15 días se les hace una revisión exhaustiva que consiste en la realización de un fondo de ojo con la pupila dilatada para constatar la maduración de la retina. “En caso de desarrollar algún grado de la enfermedad se evalúan semanalmente”, apunta.

Aunque antes algunos de los casos requerían de traslado a La Habana para recibir atención, desde el 2007 y hasta la fecha todos los tratamientos se asumen en el Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos.

“Algunos de estos pequeños han desarrollado defectos refractivos, pero desde que se inició este programa de pesquisa ninguno ha tenido que matricular en la Enseñanza Especial por esta causa”, señala Rodríguez Rodríguez.

Al decir de la galena, la relevancia de los servicios neonatales de la provincia incide, también, en que se detecten y atiendan muchos casos, pues cada vez aunque nacen más niños prematuros una cifra considerable logra salvarse.

“La retinopatía de la prematuridad es una enfermedad de primer mundo y es una de las principales causas de ceguera prevenible —sostiene Rodríguez Rodríguez—. Sancti Spíritus se comporta de manera similar a estudios internacionales”.

Una vez que logran egresar de la sala de Neonatología, quienes desarrollan algún grado de retinopatía se siguen atendiendo, hasta los cinco años de edad, en la consulta provincial de intervención precoz, compuesta por un equipo multidisciplinario que integran oftalmólogos, otorrinos, sicólogos, neonatólogos, optometristas y sicopedagogos.

Es un desvelo añejo ya el de Miriam: colocarse aquella lámpara enorme en la frente, zambullirse en las incubadoras y mirarle al pequeño muy dentro de los ojos, tan dentro como para que no se le apaguen nunca sus luces.

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