La medalla del valor

El pesista discapacitado Yoandy Beltrán Delgado, a fuerza de coraje, logró bronce en las Olimpiadas Especiales celebradas recientemente en Emiratos Árabes Unidos

“Me enfrenté con los grandes campeones", asegura Yoandi.
“Me enfrenté con los grandes campeones”, asegura Yoandi.

La mira una y otra vez entre la docena que ilumina la pared de su apartamento. Le pesa en la mano y en el pecho. Tiene, como todas las medallas, una historia detrás y delante. Esta, la que ahora toca Yoandy Beltrán Delgado, la trajo de los Juegos Mundiales de Olimpiadas Especiales, efectuadas en Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos.

“Es un bronce que sabe a oro”, ratifica María Teresa, la mamá, que perdió la voz en medio de la tensión y la emoción. “Para nadie es un secreto que cuando uno va a tener un hijo… uno no sabe, cuando nació con un Síndrome de Down… nunca pensé que fuera a llegar tan lejos”.

No puede evitar las lágrimas, hasta que Yoandy, con la misma fuerza con que enfrentó a sus rivales en el grupo M16 l, modalidad de squat (agachado), le impone: “Mami, no llores”. Y comienza a contar, él mismo, con memoria cinematográfica: “La competencia estaba muy dura, los rivales eran muy fuertes, los árbitros eran muy exigentes con nosotros, si no hacíamos la técnica, nos eliminaban”.

Días antes, en una carrera en el entrenamiento, dice, se lesionó el pie. “Me dolía mucho, me eché hielo, el profesor de Matanzas que fue conmigo me ayudó… Me enfrenté y como dice el lema: si no puedo ganar quiero ser valiente en el intento. Cogí bronce porque estaba muy bien en cuclillas, despegue y en el prom. Fui para ganar medalla con ese dolor porque soy muy valiente”.

Realza el color de su presea y de la otra que le avala el cuarto lugar en la prueba de dead lift (peso muerto) porque “me enfrenté con los grandes campeones, me sentía orgulloso de mí”. Y refiere las 11 medallas que ganaron con solo ocho atletas.

Habla de los “grandes amigos” que hizo de Artemisa, Mayabeque, Las Tunas. También de México, Ecuador, Nueva York. Igualmente de lo lindo de Abu Dhabi, “un lugar muy bonito con edificios grandones”. Recuerda con orgullo la partida cuando fue el abanderado de la delegación y dedica su medalla a Fidel, Raúl y Miguel Díaz-Canel, “porque ellos son mis padres, yo veo por televisor al Presidente, él habla muy bien”.

Tanta perseverancia se compensó alrededor de su edificio cuando directivos del Inder y Educación y sus vecinos del edificio 5 del Consejo Popular de El Bosque, en Sancti Spíritus, lo recibieron y le entregaron reconocimientos. “En nombre de la presidencia del Inder, el Partido, el Gobierno, el deporte espirituano, te felicitamos, esta medalla tiene el mismo valor de un campeón convencional”, dijo Carlos Miguel Bermúdez, director del Deportes en Sancti Spíritus, y agregó: “Es la segunda vez que representas al país y reconocemos el valor y la entereza con que enfrentaste la competencia ante atletas de todo el mundo que poseen mucha calidad”.

Y entre quienes fueron a tocarle la medalla estuvo Leandro León, el profesor que “cuando yo era chiquito me enseñó toda la técnica. También me recibió Chaviano. Agradezco mucho a mis padres, a mis vecinos, mi hermana”. Quiere un aparte para “la Revolución que me dio mucha vida, mucho coraje y mucha voluntad”.

Vuelve a tocar una y otra vez la andanada de medallas, entre estas las que ganó en la Olimpiada de Grecia en el 2001: dos doradas en fuerza acostada y las de bronce en las modalidades de cuclillas, peso muerto y en total.

Hay otras que recuenta María Teresa y que lo avalan como campeón nacional desde el 2006, eventos en los que ha sido casi siempre el más técnico. Entonces recuerda cada viaje a cuanta competencia ha participado en los últimos 20 años: “Nadie sabe cuánto recordé a mi Comandante cuando estaba en el aeropuerto.  Él pensó tanto en ellos que los puso al nivel de todos los mejores del mundo”. Se enorgullece de su hijo “corajudo, aunque ya tiene 31 años y por mucho que pasen los años va a ser siempre mi pequeño gigante que me sorprende cada día”.

Vuelve a sacarle las lágrimas cuando habla de planes y de ir hasta La Sierpe para poner flores en la tumba de sus abuelos, hasta quienes llega también este levantón de vida. “Hay otra competencia, será en Alemania o Brasil, pero yo no quiero hablar mucho, si yo hablo dicen: ‘Yoandy dice esto y esto’ y eso es muy calladito”, sentencia.

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