Pedro Hermes Ramos: Innovador espirituano por excelencia (+fotos)

Entre los cinco innovadores cubanos que merecieron el premio por el impacto económico y social de sus aportes en el 2017 se encuentra este ingeniero espirituano

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Las innovaciones de Pedro Hermes han resultado decisivas en la remodelación de la industria arrocera. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Serio y de pocas palabras, no alardea de sus cosechas. Como todo hombre muy ocupado racionaliza el tiempo y va al grano en cada respuesta. Escogido dentro de 76 propuestas, Pedro Hermes Ramos Acevedo figura entre los cinco cubanos que merecieran el premio como innovadores de mayor impacto económico y social por sus aportes durante el 2017.

Muestra orgulloso en la pared del saloncito de reuniones del molino arrocero Manolo Solano el obsequio recibido en esta ocasión: un cuadro con la tierna imagen de Fidel, ya anciano y con camisa de cuadros; así como la réplica del simbólico carné de la ANIR del Comandante en Jefe.

Entre sus papeles también encuentra el amarillento periódico Granma de 1992, cuando publicó la fotografía del momento en que Fidel le entregaba el diploma por su Premio Relevante en el VII Fórum de piezas de repuesto, con la ponencia sobre la sustitución de diésel por cascarilla en el secado del arroz.

Mucho ha llovido desde entonces, pero él se mantiene fiel a sus inventos y a la arrocera Sur del Jíbaro: “Esto nace con uno, como el artista o el médico. Comenzando a trabajar nos incorporamos al movimiento de la ANIR, siempre nos gustó esto de los hierros y de estar inventado, siempre hemos estado activos en la solución de los problemas que se presentan”, asevera.

Este ingeniero mecánico industrial se mantiene como especialista principal en el taller fabril del molino y, en general, ya suma tres décadas de labor en el área industrial de la arrocera. Su desempeño ha resultado decisivo en el programa de remodelación de esa empresa, con el montaje de la nueva tecnología en este propio molino, en el de Tamarindo, de Las Nuevas y en el Ángel Montejo.  

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En el taller fabril sus compañeros resultan un apoyo decisivo. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

 

“Cambiamos el equipamiento ya obsoleto por tecnología fundamentalmente brasileña. Para esto nos entregan los equipos, pero el proyecto técnico ejecutivo, la ubicación, las bases, todo eso lo hacemos nosotros y ese diseño se considera una innovación. En estos casos también fabricamos equipos auxiliares que no vienen incluidos, como elevadores, transportadores, etcétera”.

Pero quizás su mayor desafío llegó en el 2015, cuando le encomendaron fabricar un parque infantil en La Sierpe, un  objetivo bien distante de sus rutinas. Como acostumbra en estos casos, salió en viajes itinerantes por media Cuba en busca de experiencias en esta materia.

“El diseño era complejo porque no contábamos con los recursos ideales y había que inventar. Trabajamos con los cilindros de gas licuado en desuso y el resultado tuvo gran repercusión, incluso lo presentamos en la Bienal Internacional de Diseño y obtuvimos un reconocimiento especial. Luego la idea se generalizó en otros parques en la ciudad de Sancti Spíritus: en la Plaza Cultural, Los Caballitos y El Bosque”.

Entre las innovaciones que le valieron su premio también menciona la fabricación de una zaranda para la clasificación del carbón en la Unidad ToriCuba de Guasimal, su contribución al montaje de la planta de granos de Iguará, el diseño y fabricación de un sistema de extracción de polvo en el molino Manolo Solano para evitar la contaminación ambiental, y de un silo pulmón en el molino Ángel Montejo.  

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Imagen de uno de los parques infantiles diseñados por este ingeniero. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Ni por un momento Pedro Hermes deja de mencionar las fortalezas de la ANIR en el centro y el aporte de los compañeros del taller en la concreción de sus ideas, que en el caso de este premio sumaron un efecto económico superior a los 918 630 pesos.

“Muchos aquí aportan ideas valiosas a nuestros proyectos, que no son rígidos y formales, sino que se van haciendo sobre la práctica, siempre tomamos en cuenta las sugerencias que nos llegan. Este premio es un compromiso grande, tenemos que seguir dando soluciones a los problemas que se presenten”.

Este innovador asegura que le dedica prácticamente la vida entera a su trabajo, que a veces lo desvela u obliga a dormir menos horas, pero además le gusta dedicar tiempo a la familia y a su hogar colonial, donde también ha debido inventar en materia de albañilería, plomería y otros oficios, porque prácticamente sabe hacer de todo.

“Cuando empiezo con un trabajo, con un proyecto, tengo que pensar e investigar. Mi gran problema es que no logro insertarme en las nuevas tecnologías, Internet, la wifi, quizás porque no son de mi época y tampoco cuento con los medios. Me gusta más ser práctico, vemos un problema y si tenemos modo de resolverlo nos aventuramos. A veces fracasamos, pero eso también es una lección que queda”.

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