Contribución Territorial para el Desarrollo Local: Uno que vale millones

El aporte del uno por ciento de las empresas, sociedades mercantiles y cooperativas a los presupuestos de los municipios donde están enclavados, ha constituido fuente primordial de financiamiento para las acciones de reanimación en la provincia espirituana

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Ilustración: Osval

Emilia Alonso Pérez, una yayabera vecina de la calle Sobral, ahora siente alivio porque, aunque tuvo que esperar algunos meses, ya la farmacia de esa misma calle  —la más cercana a su casa— recibió una reparación capital tras el derrumbe de toda la cubierta y parte de la estructura. “Es que no es fácil reagrupar a todos en otra unidad que permanecía todo el tiempo llena. Hubo demora porque decían que no había financiamiento, pero valió la pena.

Lo mismo sucede a los habitantes del municipio de Taguasco, donde poco a poco empieza a cambiar un entorno que no resultaba agradable a la vista; en los últimos meses “casi por arte de magia” —como aseguran por allá— han aparecido obras que agradecen todos los pobladores.

“Se reparó el círculo infantil Ernestico, el Paseo Miguel Bodes quedó como nuevo y muy bonito con enrejado y áreas verdes remozadas. También se rehabilitó la panadería La cubana. Así la imagen de un poblado al que le hacía falta tener vida se ha transformado”, explican autoridades gubernamentales del territorio.

Algo similar ha sucedido en el transcurso del año en todos los municipios espirituanos, donde cerca de 40 acciones constructivas fueron aprobadas por los Consejos de la Administración municipales por un monto de 14 327 500 pesos en labores que, si bien no parten de un presupuesto nacional, tampoco vienen de la nada, sino que están aseguradas por la recaudación y utilización de un pequeño porcentaje de la Contribución Territorial para el Desarrollo Local, medida tributaria que se consolida para el perfeccionamiento del modelo económico del país.

Ese monto parece insignificante, pero encarna millones, gracias a esa especie de contribución legislada a partir de la cual las empresas, sociedades mercantiles y cooperativas deben depositar el uno por ciento de sus ingresos brutos (la totalidad de los ingresos resultantes de la venta de bienes y la prestación de servicios) a los presupuestos de los municipios donde están enclavados, con el objetivo de respaldar financieramente el desarrollo local, económico y social de esos territorios.

De acuerdo con el criterio de Carlos Gotera González, al frente de la Dirección de Finanzas y Precios en Sancti Spíritus, ese impuesto ha sido esencial como fuente de financiamiento para respaldar los gastos en la reparación y mantenimiento de escuelas, hospitales, viales, espacios públicos, parques infantiles y minindustras de materiales para la construcción. Pero sus beneficios también alcanzan sectores como Cultura, Educación, Deportes, Salud Pública, y Comercio y Gastronomía.

Desde que en el 2012 se puso en vigor el Decreto-Ley No. 113 del presupuesto del Estado, no se pueden negar los beneficios del gravamen, que ha resuelto más de una emergencia o planteamiento de las localidades que no encontraban fuentes de financiamiento; pero no hay que olvidar, como lo asegura Gotera, que la mayor fuente de financiamiento que recibe una provincia está en el presupuesto estatal de cada año para sectores priorizados y que en Sancti Spíritus durante el 2019 superó los 800 millones de pesos.

Sin embargo, las circunstancias han cambiado ante una coyuntura energética que se alarga y un bloqueo que no cede e impide transacciones económicas y las importaciones, de modo que no sería arriesgado preguntarse si resulta racional invertir todo el tiempo en algo que no se revierte. Con ese financiamiento valdría la pena impulsar proyectos productivos que creen no solo bienes y servicios, sino también fuentes de empleo y de nuevos ingresos para un municipio que, en virtud de la autonomía, debe tomar las riendas de su desarrollo.

De ninguna manera significa que sea necesario renunciar a la posibilidad de emplear parte de estos fondos en un grupo de acciones que se requieren en los territorios y para las cuales los presupuestos son deficitarios, pero el alcance de ese uno por ciento multimillonario puede ir más allá de arreglar una alcantarilla o reanimar la jardinería de un parque local, si se encuentra el equilibrio necesario para que el dinero se emplee en proyectos que se traduzcan en encadenamientos productivos, aumento de los servicios y que, además, se pueda recuperar para poder asumir nuevos empeños.

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