Dos décadas de luz literaria

Hace 20 años la editorial Luminaria integra el Sistema de Ediciones Territoriales del país

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Rosa María García, Esbértido Rosendi y Juan Eduardo Bernal Echemendía recordaron la génesis de la editorial Luminaria. (Foto: Lisandra Gómez/ Escambray)

Volver sobre nuestro pasado ha sido siempre la mejor estrategia para acomodar el presente y el futuro. Reconocer, rectificar, explicar… son los mejores pasos en ese andar que, aunque toma del ayer, se empina hacia adelante.

Justamente, regresar a los orígenes fue el pretexto perfecto encontrado por escritores e intelectuales espirituanos para agasajar las dos décadas de que Luminaria, la casa de quienes expresan sus mundos interiores en el papel en blanco, formara parte del Sistema de Ediciones Territoriales (SET) del país.

“Esta provincia contó con un talento que expresaba una voluntad por publicar. Las primeras fueron tímidas, decorosas, hijas de una verdadera necesidad”, reconoce Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, testigo de la génesis de lo que hoy hojeamos bajo un sello auténticamente espirituano.

Junto a otros colegas, también protagonistas de los finales de la década del 80, ese reconocido investigador celebró en predios yayaberos la materialización de la idea del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, surgida a partir de la necesidad de que la obra de cientos de escritores, radicados en diferentes puntos de la geografía nacional, no tuvieran que esperar para leerse en las editoriales nacionales. Han nacido desde hace 20 años cerca de 5 millones de ejemplares, y de más de 7 000 títulos del calor de la Riso.

“Como toda empresa o proceso cultural tiene antecedentes. Y ese naciente movimiento literario tenía que empezar por lo que en 1989 logramos armar una primitiva imprenta y surgieron los primeros títulos. Fueron aquellos plaquettes, que tanto dieron de qué hablar en todo el país y algunos libros. Hasta 1999 pudimos sacar 76 textos en total. Solo en el año 1995 no publicamos por el recrudecimiento del período especial. Aunque no era la Luminaria de hoy, ya tenemos que decir que contaba con el sentido de lo que en el 2000 se logró al integrarnos al grupo de 22 editoriales del SET”, rememora Esbértido Rosendi, fundador de aquella vorágine que enfrentó los aplausos de unos y las zancadillas de otros.

Al escuchar a quienes echaron andar las primeras páginas con olor a tinta, hijas del plomo y el papel, se siente un orgullo y agradecimiento eterno por permitir el sueño de todo artista: que su obra dialogue con muchas más personas.

“Una editorial es una lámpara de Aladino, donde los deseos se pueden hacer realidad. Ver en mis manos los hijos literarios es una satisfacción enorme como cuando se está en un salón de parto”, describe Rosa María García Garzón, escritora cabaiguanense, autora de la primera semilla Romper la cáscara, un título que llegaba como anillo al dedo para la génesis de un proceso vivo aún.

Tras muchos esfuerzos y demasiados anhelos, otros nombres empezaron a circular entre los lectores: Fernando León Jacomino, Rigoberto Rodríguez Entenza, Reynaldo García Blanco, Liudmila Quincoses, Sonia Díaz…

“En medio de todas aquellas labores comenzamos a buscar entre los periódicos alguna señal que nos permitiera crear un sello. Hasta que encontramos la imagen del quinqué, creado por Luisa María Serrano, quien ilustró aquellos primeros textos y dijimos: no puede ser otro, porque Luminaria es la luz que ilumina el pensamiento de quienes nos leen”, acota el Poeta de la Ciudad.

ENTRE SUBIDAS Y BAJADAS

Para el actual director de la Editorial espirituana, Luis Mateo, esta historia ha transitado por un pedraplén como todo proyecto humano. No olvidan cuántas veces han debido vestirse de quijotes para enfrentar molinos de viento.

“Hay dos momentos álgidos y conflictivos: las incomprensiones que recibieron las publicaciones del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, de Senel Paz, y Utopías del Reino, de Manuel Sosa. Ambos fueron Premio Nacional de la Crítica. Recuerdo que con el primero todo terminó cuando en una nota del periódico Granma se legitimó la valía de esa propuesta literaria que sirvió de guion a uno de los filmes que identifica la historia cinematográfica cubana: Fresa y chocolate”, explica Esbértido Rosendi.

No obstante, por lo general han logrado salir a la luz, gracias al empuje de un proceso participativo como requiere la publicación de un libro. Bien lo sabe Rosa María García Garzón, quien contra fuertes vientos y mareas gozó el privilegio de que sus talleristas tuvieran su propio libro.

“Antología de niños escritores cabaiguanenses fue el primero desde un municipio que les permitió a muchos de los que forman parte de nuestro catálogo literario la alegría de leerse en un libro. Aunque debimos enfrentar pensamientos que no entendían su importancia, la calidad de la publicación primó”, acota.

A Juanelo, además de esos tropiezos lógicos, le preocupa otro: el no asumir el proceso editorial como un gran sistema.

“La promoción es responsabilidad de Luminaria, del Centro de Promoción Raúl Ferrer y del Centro Provincial del Libro y la Literatura para que, luego de la aprobación de los textos y publicación, lleguen a los públicos. No puede seguir pasando que el título de un autor taguasquense tenga mayor presencia en Trinidad o La Sierpe y no donde reside”, alega.

Por su parte, Luis Mateo reconoce que el mayor valor de las propuestas nacidas del sistema de impresión digital de alta velocidad Riso Kagaku Corporation, de fabricación japonesa, es parte de un sistema democrático.

“Quienes deciden el producto final son los propios escritores y especialistas literarios”, añade.

RETOS

El joven Carlos Manuel Águila Sierra siente que ha encontrado su realización como egresado de la otrora Academia de Artes Plásticas Oscar Fernández Morera, de Trinidad, en el minúsculo espacio de la sede de Luminaria, ubicada en la calle Máximo Gómez de la urbe del Yayabo. Disfruta sobremanera que sus creaciones dialoguen con las letras.

“Ahora estamos empeñados en proponer libros digitales. Esa posibilidad me hace muy feliz por aprovechar los colores y el formato”, dice quien forma parte de la exposición Retrospectiva en 20 años de Ediciones Luminaria que se exhibe en la sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) en Sancti Spíritus, donde se hace un recorrido por algunas imágenes que prestigian esta historia.

Sin duda, este largo andar ha dejado muy buenos frutos al contabilizarse más de 400 títulos resguardados en las colecciones. “Luminaria forma parte de la cultura espirituana porque ha sido vocera de muchos de sus pensamientos. Ha mostrado el rostro de nuestros escritores. Es un proyecto sociocultural, no una fábrica de libros. Ha estado en la calle con un diálogo directo y franco, a partir de representar todos los saberes”, expresa el director de la casa editorial de la literatura en la provincia.

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Luisa María Serrano, Lichy, es la creadora de la imagen identificativa de la casa editora.

3 comentarios

  1. El ataque personal a través de una opinión es el argumento de los que no tienen ningún otro ni valor para exponer los suyos propios que disfrazan defendiendo lo indefendible amén público y criticando en privado…Tu hija sabe defenderse sola

  2. El Sr Rosendi llama incomprensión al intento de censura del que a mí juicio es el mejor libro al mejor escritor espirituano: Senen Paz.Opino que sino llamamos las cosas por su nombre continuaran estos barbarismos cultarales

    • Agapito, el de Kilo 12

      Sabía de la condición de maestro de José Luis; de su versatilidad como polemista; que trabajaba en Miami, donde se sentía realizado y feliz barriendo calles, segun el mismo escribió en este sitio, y que en Escambray, por tal de criticar al gobierno cubano ha dicho hasta que no protege los tiburones del estrecho de La Florida. Sabía todo eso, lo que nunca imaginé fue que pudiera traducir al español a un escritor que precisamente lleva 40 años hablando y escribiendo en español. Saludos erudito.

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