Gradelio Pérez Romero: El poeta de Manaca Iznaga

Reconocido como uno de los compositores más prolíferos de nuestro país, este hijo de Trinidad creó un verdadero texto sanador en tiempos de COVID-19

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Las melodías de Gradelio Pérez Romero son avaladas por su profundo lirismo. (Foto: Tomadas de Facebook)

A la sombra de la torre-campanario de Manaca Iznaga, con el influjo del asentamiento de esclavos y el olor a melaza destilada por cada uno de los poros de ese emblemático sitio, el muchacho de pantalones cortos tatuó sus primeras letras. No sabía cómo, pero llegaban en fuertes impulsos que lo obligan dejar a un lado las labores del campo. Una palabra se aferraba a la otra, de forma natural. Brotaban como río correntón hasta que sacaban fuera del pecho todo de un tirón.

“Aquí sí hay un artista”, “Este se le escapó al diablo”…, dirían los parranderos de la zona que bajaban hasta de Limones Cantero y Pitajones para improvisar los jolgorios sin excusas. Los más experimentados en aquellas lides le aconsejaban cómo acomodar mejor las rimas. El tres le marcaba el compás y el cantante le daba voz. Al final del día, todos desparramaban los ojos y tiraban las manos al cielo para agradecer por aquel don natural que crecía frente a ellos. Gradelio Pérez Romero apenas se creía la estructura que tomaba su historia de vida.

“Mi papá es un poeta”, dice siempre a modo de presentación su hijo mayor, Alain Pérez, uno de los artistas más importantes de este país, cada vez que la crítica o un amante de las melodías piropea la orfebrería musical que interpreta. La mayoría de sus temas se cobijan en el don paterno.

Y es que tiene raíces profundas en aquellas tardes, donde el patio de la familia se convertía en el mejor de los escenarios. Las cuerdas de las guitarras encontraban las perfectas armonías y, justo en aquellos guateques interminables, donde las gargantas no encontraban alivio ni con el más puro de los aguardientes, el folclor sonaba y vibraba la tierra cubana.

“Allí nací y allí me quedé cuando me fui. Allí está mi arroyito, vacas, los guajiros, los que salíamos a tirar piedras y a montar a caballo”, alega hoy este trinitario de cuna y madrileño por adopción, desde la distancia y desde donde jamás se han borrado las esencias del adolescente que enamoraba con frases de profundo lirismo.

VEN, MIRA LA LUZ  QUE TRAS LA SOMBRA SE ESCONDE

Todo lo que se traduce en autenticidad involucra a Gradelio Pérez. Lo confirman desde el gran éxito La sandunguita, a dos manos con su primer vástago y que rompió los termómetros bailables de la década de los 90, hasta cualquier track con su firma en la producción discográfica ADN (nominado a los Grammy Latinos en la categoría Mejor Álbum de Salsa, 2017) o Las fases de la luna, perteneciente al fonograma del propio Alain, El cuento de la buena pipa, una de las más recientes joyas de la Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales (Egrem).

Gracias a esa unión entre padre e hijo, surgida cuando apenas Alain conocía tres acordes, suficientes para escoltar las letras fijadas únicamente por los sentimientos, en aquellos días en que el patio de tierra de la casita en el gran valle trinitario resultaba el único escenario posible.

“Él ha sido una guía importante en la parte intelectual para cuidar los textos y a la música cubana”, confesó a esta reportera en el año 2015 el representante de Hablando con Juana.

Un rápido recorrido por sus composiciones confirma que las letras de Gradelio se sostienen de la poesía y el ritmo génesis de la cultura cubana. Nos conduce en un ameno recorrido por las diferentes vertientes de la arquitectura de nuestro pentagrama que a lo largo del tiempo han nutrido la música popular bailable.

“Tengo algunas letras de canciones de las que no me avergüenzo y un montón de poemas que esperan mejores tiempos”, plasmó, hace un tiempo, en su cuenta personal de Facebook, este sesentón de pelo blanco, largo y rizo, desatinado siempre al viento.

ES UNA LECCIÓN QUE NOS ENSEÑA QUE NO HAY RAZÓN

Y como verdadero artífice este montuno trinitario no se ha quedado de brazos cruzados frente a un contexto estremecedor mundialmente. Volvió con su armamento pesado: la crónica melódica para contar sentimientos globales, narrar sensaciones, dibujar ambientes comunes, trascender barreras idiomáticas, económicas y políticas… Gestó otra obra que estremece y lo confirma entre los mejores porque, definitivamente, Solo el amor nos salva.

“Es una responsabilidad cívica. Tenemos como artistas que sumarnos a los esfuerzos que se hacen para enfrentar esta pandemia. Aportamos desde nuestras capacidades y así, definitivamente, ayudamos. Los creadores necesariamente estamos comprometidos con lanzar mensajes de apoyo, a quienes luchan en la primera línea y, también de esperanza, optimismo y de fe, a quienes resistimos; es decir, el resto de la población”.

La melodía interpretada magistralmente por Alain Pérez y acompañado por el piano de Rolando Luna y los violines, viola y chelo del Cuarteto Prestó se ha hecho viral en las redes sociales. Escucharla es sentir una marejada de dichas y tristezas al compás de estos tiempos.

¿Cree Gradelio con fidelidad que solo el amor nos salva?

“Creo en el amor porque su oposición es el odio, la destrucción, el mal. Soy de la generación que creció con el Mayo francés, con aquellas bellas consignas de “Haz el amor y no la guerra”, el pacifismo, el movimiento hippie…

“Y, desde entonces, pienso que es el amor la solución porque implica la tolerancia, la comprensión, el reconocimiento a las diferencias y respeto mutuo. Como dijo Martí: “Los hombres van en dos bandos: los que aman y construyen y los que odian y destruyen”.

¿Cómo lograr un tema de exquisita belleza en un contexto de tanta tristeza?

“Desde la tragedia griega el artista siempre ha reaccionado a los grandes cataclismos y acontecimientos de la historia: guerras, catástrofes. El creador siempre se inspira y procede a esas catarsis inevitables que provocan esos acontecimientos.

“Esta pandemia obviamente ha provocado una reacción tremenda en todos los sectores de población. Entre creadores, intelectuales y políticos, todos se han volcado a referir de alguna manera lo traumático de esta situación y nosotros estamos inmersos en el palpitar de la actualidad y por eso nos hemos sentido contraídos como reacción natural, lógica. No podíamos evadirnos de esta tremenda realidad”.

¿Cómo ha vivido la situación de la COVID-19 en uno de los países donde más fuertes secuelas ha dejado?

“Con preocupación, pero con seriedad y con una aptitud responsable, sin dejarnos arrastrar por el pánico y por un temor exagerado. Hemos cumplido con todas las medidas. Es que la vida resulta, por sí misma, una exposición diaria”.

¿Qué es lo que más ha extrañado en tiempos del SARS-CoV-2?

“He extrañado estar más cerca de mi gente de Cuba: mi padre, hermana, sobrina, primos y muchos de mis mejores amigos. Siento que el confinamiento me produce una elevación de la nostalgia. Desde mi ventana veo un espacio abierto que da a la vegetación virgen y, yo que soy guajiro, me caigo en pedacitos sobre mi pueblito natal. Vuelvo sobre esas vivencias que atesoro y me ayudan a sobreponerme a las dificultades a las distancias y al confinamiento. Añoro a mis hijos porque estoy dividido. Allá están dos (Alain y Rainier) y aquí otras dos (Paola y Amanda)”.

Y justo con el cariño, la ternura y la pasión que muestra su foto de portada en Facebook, abrazado de esos cuatro retoños, retorna siempre Gradelio Pérez Romero a aquellos días en que buscaba en el tren a su hijo a la Escuela Vocacional de Arte Olga Alonso, de Santa Clara; a los guateques con el horcón familiar, el abuelo Eduardo, marcando los compases desde su hamaca con el tabaco en la mano y al arroyo bravucón en primavera, donde más de una vez echó a su suerte aquellos primeros versos el poeta que el poblado de Manaca Iznaga poco a poco cultivó.

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