Un dios fallido frente a Lo que fue sagrado

En ese libro, Gustavo Ramos deja ver a un hombre que es sabio, pero de una sapiencia vital y libresca

Gustavo Ramos en su texto Lo que fue sagrado se adentra en las esencias del ser humano. (Foto: Lisandra Gómez)
Gustavo Ramos en su texto Lo que fue sagrado se adentra en las esencias del ser humano. (Foto: Lisandra Gómez)

Hace algún tiempo disfruté del poemario Lo que fue sagrado, publicado por ediciones Luminaria en 2010, y firmado por el dramaturgo, director teatral, crítico y poeta Gustavo Ramos; aunque guardé silencio, me produjo profundas reacciones que hoy decido compartir.

Pido se tomen estas notas como impresiones de un lector de poesía. No más.

Me atrevo a decir: en Gustavo Ramos habitan al mismo tiempo el hombre de campo, el buen amigo, el filósofo, el hombre culto y, sobre todo, un Dios fallido que quiso escribir acerca de lo que una vez fue sagrado.

En el mencionado poemario percibo un fuerte contenido existencialista, pero nutrido del existencialismo ontológico, allí donde la conexión con la realidad es inherente a los pares: realidad /apariencia, verdad/ilusión, y posibilidad/necesidad.

En el acto mismo de recrear y desentrañar la urdimbre del performance de la existencia humana nace un profundo conocimiento del ser y sus penurias y falla trágica.

En ese libro el escritor deja ver a un hombre que es sabio, pero de una sapiencia vital y libresca: afloran experiencias de sexo, de alcoholes, de amor y desamparo, y al mismo tiempo la cita y el referente literario.

Hay un poema que estremece porque deja sobre rieles el tan llevado y traído par de lo universal en lo particular. Es una auténtica extracción de un sentimiento vivido desde lo ontológico y llevado a todos.

Me refiero a Lamento en segunda persona, y cito:

Ahora eres un caudal de angustias,/ cuerpo y alma de la soledad.

De nada te sirvió el sustento,/ la honradez de nombrarla sin amargura./ Delicada y atroz como las guerras,/se convertirá en residuo del pensamiento.

El poeta alcanza en esas líneas un sentido del movimiento: es el tiempo mismo, visto desde el dolor conocido, que transcurre y va modificando lo que siente el sujeto lírico hasta desembarcar en la ironía y la sentencia. Interpreta contrastes y hace vibrar los pares de amor/desamor. Amor de ahora/ridícula imagen de mañana.

En ese poemario se sobreentiende una tesis de profunda raigambre humana y filosófica: no existen hechos accidentales, un acontecimiento no viene de afuera. Si me implico en una guerra, esa guerra es mi guerra: yo la merezco.

El poeta mira con desasimiento casi todo lo que le rodea, al tiempo que protege su más íntimo ser de implicaciones que sabe lo estremecerían. Es profundamente existencialista esta línea de pensamiento y profundamente poética también la estrategia discursiva, el tratamiento estético. Se me antoja profundamente metafísico.

Poemas como Cuba, Polvo y sustancia, Héroe, y Humanidad afincan la mirada de un hombre que se sabe un Dios fallido, que conoce el arquetipo de la relación dominador/dominada vida, y el frío sentir del mármol, el angustioso camino hacia la nada.

Lo que fue sagrado, pasado el tiempo, los días y la sección de los eventos, la existencia misma, deja de serlo. Y se miran los eventos con cierta ironía: un recurso a destacar entre las herramientas de expresión en la lírica del escritor.

Necesito detenerme brevemente en el poema Polvo y sustancia, un texto que deja clara la vocación sociológica de la escritura del también hombre de teatro.

Es mala pretensión socavar tiranías/ Es tan nocivo que se puede perder todo./ El pensador ávido sabe/ Que lo benéfico para las naciones/ Resplandece entre el polvo y la sustancia/ Se dice con cierto sabor a sangren en la boca.

El discurso escogido por Gustavo Ramos para hilvanar el torbellino de sentimientos y reflexiones que contempla su poesía resulta una invitación a sumergirse en lo más profundo del ser humano que es y ha de caminar con su mirada en los vericuetos del ser cubano de hoy y la realidad circundante.

He constatado, verso a verso, la ironía, el dolor y la distanciación. He constatado la mirada, ora apasionada, ora desanimada y distante del mismo ser ante situaciones sucesivas y repetidas hasta el cansancio en la historia de las relaciones interpersonales y sociales. Suerte de tela de araña que nos sumerge, nos lastima y nos hace discernir o desaparecer.

Ese hombre pequeño, sabio, sensible y existencialista ofrece sus vísceras sentimentales e ideológicas con un alto nivel de elaboración literaria.

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