Yo volví milagrosamente de la muerte (+fotos)

Asegura Mayra Díaz Marín, una de las sobrevivientes del accidente ferroviario ocurrido el 24 de febrero del 2017 cerca de la ciudad de Sancti Spíritus

sancti spiritus, accidente ferrovario
El accidente dejó un saldo de seis muertos y medio centenar de lesionados. (Foto: Carlos L. Sotolongo)

El coche motor 4221 sale de Siguaney en el viaje de regreso para Sancti Spíritus. En su interior decenas de pasajeros se aprietan entre sí para acomodarse hasta llegar a su destino. Mayra Díaz Marín y su esposo retornan de una misión cristiana.

Ya en Zaza del Medio el maquinista recibe una orden: “Detén la marcha que el tren cañero salió rumbo al central”. Pero el operario del coche-motor obvió la orientación. “A mí siempre me da tiempo”, se le escuchó decir,y se lanzó a aquella aventura.

Poco después, en su versión digital Escambray publicaba: “En horas del mediodía de este viernes, a 5 kilómetros de la ciudad de Sancti Spíritus, chocó un tren cargado de caña con un coche-motor, siniestro en el cual han fallecido hasta el momento seis personas y se reportan casi 50 lesionados. Según los pasajeros, ambos medios de transporte circulaban por la misma vía en sentido contrario, y colisionaron en las inmediaciones de la cochiquera perteneciente al Ministerio de la Construcción, ubicada en la salida de la capital provincial hacia el poblado de Tuinucú”.

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Mayra revive el suceso con profundo dolor. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

UNA PELÍCULA QUE SIGUE EN MI MENTE

“Como misionera de una Iglesia Bautista —cuenta Mayra— me trasladaba dos veces por semana hasta Siguaney, utilizando siempre el mismo medio de transporte, por suerte ese día mi esposo me acompañaba, sin saber qué tragedia se nos vendría encima. De pronto, se me cae el teléfono y la plancha donde apoyaba los pies sube, se impacta contra un señor que muere inmediatamente y cuando dicha plancha baja, de canto, lo hace sobre mi pierna izquierda que solo quedó prendida de la piel y la correa de la sandalia que usaba”.

El llanto de Mayra le entrecorta las palabras, las manos tiemblan, como si viviera nuevamente la terrible pesadilla. Respira, se seca las lágrimas y regresa en el tiempo a aquel 24 de febrero del 2017.

“Me sentía ajena a lo que estaba pasando, miraba mi reloj en un extremo del piso y no podía alcanzarlo, era como una película, un episodio extraño.

“Yo lo veía todo —dice—, pero no podía incorporarme ni hablar, mis fuerzas eran cada vez menos. En medio de la confusión miraba a Rafe ayudando a los demás, alguien le dijo que me dejara, que ya no había nada que hacer por mí, pero él no se conformó. Seguí con la mirada un angular, que aún estaba prendido del techo, y había penetrado por mi pulmón derecho. Además de la falta de mi pierna recibí muchos golpes en la cabeza y a los pocos minutos ya era un monstruo, me inflamé como tres veces por encima de mi tamaño normal”.

¿Sintió la muerte cerca?

“Ahora pienso en eso y creo que sí, iba en ascenso por un sitio oscuro, como si alguien me llevara de la mano, de hecho, no me sentía como una persona. Luego sentí que me ahogaba y llamé a mi esposo, me estaban poniendo como una pared negra a ambos lados del cuerpo y escuché que me decían: ‘Tranquila, tranquila, esto es una camilla’, eso fue lo último que recuerdo, hasta pasados nueve días, cuando desperté en la sala de Terapia Intensiva del Hospital Provincial”.

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Rafael, el esposo de Mayra, narra parte de la historia que le tocó vivir. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

ME DEDIQUÉ A AYUDAR A LOS DEMÁS

No menos impactante resultó el testimonio de Rafael Martínez Venegas, quien por más de 30 años ha compartido su vida con Mayra.

 “El trencito avanzaba rumbo a Sancti Spíritus, pasamos un puente que está mucho después de Tuinucú, cuando de pronto escuché los gritos de una muchacha, pensé que se trataba de una vaca suelta en la vía. Entonces, el golpetazo; todo comenzó a retorcerse: el piso, los hierros, las ventanillas, y la gente a tirarse. Mi primera reacción fue ayudar a los demás, sin saber que mi esposa estaba tan mal, ella no gritaba, ni se quejaba, no lloraba ni sangraba, fue tan extraño que no me dio por hacerle un torniquete en la pierna, ni tratar de cargarla.

 “No me veía como parte de aquel episodio, todo pasaba muy rápido. Lo mío era auxiliar a los heridos y sacar a las personas que estaban debajo de los hierros, hasta que llegara alguna ayuda, los bomberos, la Policía, no sé, alguien”.

¿Vio usted a la mamá que bajó a su niña por la ventanilla?

“Ella fue muy valiente, la bajó por la ventanilla despacio, hasta tocar el suelo con mucha seguridad, pienso que fue lo que se le ocurrió para salvar la vida de la pequeña, por si ella moría. Pero en medio de aquella locura, cuando el coche-motor se impactó contra un farallón, pateé una pared lateral para arrancarle un pedazo y por ahí sacar a la gente”.

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En su puesto de trabajo Mayra se siente útil a la sociedad. (Foto: Xiomara Alsina/ Escambray)

LA MAGIA DE LA MEDICINA ESPIRITUANA

Meses de incertidumbre vivieron Mayra y Rafael después del accidente, gravedad extrema que mantenía en riesgo la vida de esta cincuentenaria mujer: la pérdida casi total del hígado, el pulmón que drenaba constantemente, los golpes recibidos en su cabeza, y la pierna prácticamente amputada…

“Para todo el mundo ella estaba casi muerta —comenta su esposo—, yo entré una vez a Intensiva, le hablé bajito y me reconoció por la voz, pero estaba llena de tubos y aparatos por todas partes. Los médicos trabajaban duro con ella, sobre todo el ortopédico, que casi no la podía operar debido a las complicaciones: la diabetes, la hemoglobina baja, escupiendo coágulos de sangre todo el tiempo, era un cuadro difícil”.

Antonio Modesto Peralta Pentón, especialista de Primer Grado en Ortopedia y Traumatología, del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos de Sancti Spíritus, dijo a Escambray:  “Estaba de guardia el día del accidente y como parte de los pacientes atendidos, que fueron muchos, se encontraba Mayra, ella llegó en un estado crítico extremo, así lo evaluamos los miembros del grupo multidisciplinario que se creó de inmediato; presentaba lesiones de vísceras, salidas abdominales y torácicas, además de una fractura expuesta grado 3A con lesión en el torso distal de la tibia y grandes obstrucciones de las partes blandas (piel, músculos, tendones), entre otras lesiones graves.

“El servicio de Cirugía realizó una operación exploratoria de estrellamiento hepático y luego nosotros procedimos con la limpieza quirúrgica de la pierna, colocando yeso para estabilizar el foco de fractura. La paciente fue llevada a Terapia Intensiva con pronóstico reservado”.

Muchos días transcurrieron y Mayra se debatía entre la vida y la muerte, los servicios médicos hacían hasta lo imposible para salvarla, pero la pierna requería de una operación más rigurosa.

“No podíamos seguir esperando para llevarla nuevamente al quirófano —explica el doctor Peralta—, por suerte se estabilizaron momentáneamente sus parámetros y en condiciones difíciles, previa coordinación con el servicio de Anestesia, hicimos la cirugía, reparamos las partes blandas y fijamos, definitivamente, el hueso”.

DE VUELTA A LA SOCIEDAD

Pasados muchos meses Mayra fue recibida por el equipo multidisciplinario del Hospital de Rehabilitación Faustino Pérez.

“Allí llegué en silla de ruedas —dice Mayra— y mi primer reto fue dar lo viajes diarios, yo no quise ingresar, en eso me ayudaron los choferes de la Base de taxis, donde trabajé, fueron meses de retos porque los ejercicios son duros, pero sanan. En mi mente solo estaba la posibilidad de curarme, de valerme por mí misma, esta situación le había cambiado la vida también a mis hermanas, que dejaron a un lado sus casas y familias para acompañarme.

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Rafael y Mayra, juntos, después de tres años del suceso. (Foto: Xiomara Alsina/ Escambray)

“Estaba cansada de estar encima de la cama y la rehabilitación me hizo tanto bien que en pocos meses comencé a caminar con muletas, movía los brazos, me bañaba sola, la fuerza de voluntad es determinante; pero, ¡qué clase de colectivo el de Rehabilitación!, son muy profesionales ¡”

   Una nueva meta aparece en la vida de Mayra, se trata de incorporarse laboralmente y la Escuela de Iniciación Deportiva vino a ser la mejor solución a su problema.

    “Cada tres días, cuando me toca el turno, salgo de mi casa, en la avenida Garaita, a pie por todo el Reparto Escribano y poco a poco llego a la escuela, lo hago en unos 30 minutos, porque voy despacio, paro cuando me siento una molestia en la pierna, me la acomodo, respiro y sigo. Uso los zapatos con calzo, porque existe una diferencia de 3 centímetros entre un pie y otro.

  “Yo siempre he sido desafiante —confiesa Mayra—, por eso decidí que retomaría mi vida y atendería a mi esposo y a mi hijo y lo logré, dije que no caminaría con muletas y así lo hice. Esas son las cosas que me ayudan a ser mejor persona, pero nunca perdí la fe, ni dejé de confiar en la Medicina espirituana, esa que para mí es la mejor”. 

2 comentarios

  1. NO ME PARECE QUE AL CABO DE 3 AÑOS SEA BUENO PONER ESA IMAGEN TAN DESAGRADABLE DONDE PERDIERON LA VIDA 6 COMPATRIOTAS, AMEN DE LO NARRADO AQUI, QUE CADA VEZ QUE UN FAMILIAR DE LOS DESAPARECIDOS VEA ESTA IMAGEN DESGARRADORA QUE PODRÁ IMAGINARSE. aclaro, que no es que este en desacuerdo con el trabajo, sino con esa foto de dolor y tristeza.

  2. como se aprecia en nuestro país lo primero es el ser humano, el sistema de salud en Cuba protege a todos los ciudadanos, como se ve a esta compañera fue atendida de inmediato, es un logro de nuestra Revolución el sistema de salud, ya ella esta incorporada a su trabajo, destacar la profesionalidad de nuestros médicos, hay algunos ignorantes que hablan mal de Revolución, la salud es gratis, en otros países lo primero que preguntan si tiene seguro médico y si abarca todo el tratamiento, mucha salud y bienesatar para ti Mayra

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