El Partido que creó Fidel

Fruto de la sabiduría de Fidel Castro y lo mejor de la Generación del Centenario, el Partido Comunista de Cuba es faro y guía de la magna obra que construyen los cubanos y garantía de su presente y futuro

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Fidel en un momento de los diálogos durante el IV Congreso del PCC. (Foto: Juvenal)

 En este momento crucial —uno más en la larga historia de luchas de nuestro pueblo—, a solo días de la celebración del VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba, vienen a la mente el recuerdo, el sentimiento y la conciencia de que esa formidable organización, síntesis de lo más avanzado del pensamiento político del pueblo cubano, es hechura heroica del Comandante en Jefe Fidel Castro y de los hombres y mujeres que lo acompañaron en esa magna obra.

Desde su surgimiento, fruto de la profundización y perfeccionamiento políticos de la vanguardia revolucionaria que le tocó liderar, Fidel siempre estuvo al tanto hasta de los más mínimos detalles relacionados con el Partido, de sus funciones y su papel en la sociedad, consciente de que, sin esa organización que aglutinó en un todo las distintas instituciones y movimientos que derrocaron la dictadura batistiana con el Movimiento 26 de Julio al frente, iba a resultar imposible la supervivencia de la Revolución cubana.

Si en un momento dado el Comandante en Jefe expresó: “Hemos hecho una Revolución más grande que nosotros mismos”, tampoco albergó ninguna duda de que el Partido, síntesis histórica de esa Revolución desde Céspedes hasta los días actuales, constituye un factor formidable en la lucha político-ideológica de los cubanos y garantía de su supervivencia y continuación por la ruta de la construcción socialista.

Al cabo de 62 años del triunfo revolucionario de enero de 1959, y a  55 de la constitución del Partido Comunista de Cuba el 3 de octubre de 1965, esta institución de vanguardia ha demostrado con creces su valía y dinamismo al liderar en primera fila todas las batallas del pueblo cubano en los distintos frentes del desarrollo político, económico y social, así como las relaciones con otras naciones, sin faltar nunca a sus postulados de solidaridad e internacionalismo, llegando a ser ejemplo para el mundo.

Muchas miradas se fijan sobre Cuba y sus organizaciones con el propósito de desentrañar las razones de la solidez de un país que, pese al más largo y criminal bloqueo económico de la historia por parte de Estados Unidos y sometido a todo tipo de agresiones por más de seis décadas por esa nación imperial, ha logrado resistir todos los embates.

Acerca del tema señaló Fidel en la clausura del IV Congreso del Parido en octubre de 1991: “Ese mundo admira a este pequeño país; ese mundo admira a este islote de libertad y de dignidad, que desafía a todo y es capaz de desafiar a todos; ese mundo admira a la Cuba de hoy y la admirará cada vez más en la medida en que seamos capaces de ser valientes, seamos capaces de luchar y seamos capaces de vencer”.

Pero esa firmeza de convicciones, ese ideal que mueve la conciencia y la acción de los revolucionarios cubanos tiene su fuerza en la moral y en la aplicación consecuente de los principios éticos. Fidel mismo expresó en la clausura del Primer Congreso de la organización partidista en diciembre de 1975: “Digamos que nuestra Revolución aprecia, más que a nadie, al héroe anónimo! ¡Al hombre humilde, al combatiente modesto que cumple con su deber por un problema de conciencia, sin importarle jamás ni siquiera si le reconocen sus méritos. ¡Ese es el modelo del comunista!

Lo que más impacta es la vigencia de los planteamientos de Fidel, porque, dichos en un momento específico a propósito de determinada coyuntura interna o externa, pasados los años, revisten igual o mayor valor que en la fecha en que fueron pronunciados.

Valga este ejemplo: “Tenemos un Partido unido estrechamente en la ideología, en la comunidad de propósitos. Tenemos una Dirección unida estrechamente. Por eso podemos decir que nunca la Revolución fue más fuerte, nunca el Partido y el pueblo estuvieron más unidos, nunca nuestra conciencia revolucionaria fue más alta”.

Esa solidez y visión superior del Partido, asentadas en más de siglo y medio de luchas se ha manifestado en logros increíbles, como el apoyo multifacético a Vietnam en su combate a muerte contra la agresión de Estados Unidos —1964-1975—; las campañas internacionalistas en el sur de África y en Etiopía— 1975-1991—, y el enfrentamiento exitoso a las calamidades aparejadas al derrumbe de la URSS y el campo socialista europeo en la década de los años 90 del pasado siglo, conocido entre los cubanos como período especial, entre otros hitos de esta historia.

Bajo la dirección del Partido el pueblo cubano impulsó las revoluciones hidráulica y energética —hoy en pleno desarrollo— y ha llevado a niveles admirables la educación, la salud, el deporte y la ciencia, con logros que impactan al mundo, como, por ejemplo, ser el único país latinoamericano y en desarrollo con cinco prospectos vacunales contra el mortal coronavirus y el primero de Latinoamérica que tendrá vacunada a toda su población en este 2021. 

Hoy, cuando el Partido se reúne para celebrar su VIII Congreso, cuenta con un enorme caudal de conocimiento y experiencia para proyectarse sobre las tareas de este tiempo. Dispone, ante todo, de la guía que representan sus documentos programáticos y los Lineamientos Políticos, Económicos y Sociales del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso. Pero el Partido cuenta además con las enseñanzas y proyecciones de Fidel, quien en la clausura del IV Congreso, dejó trazado el camino al expresar: “Continuaremos en cualquier circunstancia nuestros programas, en primer lugar, el programa alimentario, aunque falten piensos y falten fertilizantes; continuaremos desarrollando nuestro programa de biotecnología, industria farmacéutica y equipos médicos; continuaremos desarrollando nuestro programa de turismo; continuaremos desarrollando todos los programas económicos, buscaremos formas, inventaremos formas, buscaremos recursos.

“Bajo la dirección de la Revolución y del gobierno socialista, adoptaremos las medidas que haya que tomar para que nuestras fábricas marchen, para que nuestros obreros trabajen, para salir adelante en estas difíciles condiciones, y siguiendo el principio de proteger a todos, de que no quede un ciudadano desamparado en nuestro país, repartiendo lo que tengamos, buscaremos fórmulas para salvar la patria, para salvar la Revolución, para salvar el socialismo”.

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