La esquina de Escambray: Inocular las vacunas con una dosis de arte

La música, las artes escénicas y la literatura, en pequeños formatos, con respeto, pueden funcionar como un gesto de apoyo sicológico para aquellos que viven la lógica tensión del momento

Hace unas semanas, el 21 de abril para ser exacto, me preguntaba en este mismo espacio si las vacunas contra la COVID-19 eran o no obras de arte. Defendía entonces al hecho de que ciertas tendencias llevan a enmarcar como creadores únicamente a quienes se desenvuelven en el ámbito cultural.

La vida, los días, los sucesos actuales que combinan y llevan el arte genuino de la nación a los centros de vacunación que se han ido instalando por todo el país, me confirman que no estaba equivocado: la creación científica es también una obra de arte y los artistas tienen otra vez ante sí un escenario perfecto para devolver el gesto, tanto a quienes llevan meses buscando una cura para la pandemia, como a los que con seguridad y ansiedad acumulada ponemos el hombro para recibir la dosis de Abdala, Soberana 02 o Soberana Plus.

No se trata de convertir los sitios de vacunación en lugares festivos, de jolgorio, altisonantes. Se trata de acompañar el momento con obras de todas las manifestaciones artísticas, donde predominan la música, las artes escénicas y la literatura, en pequeños formatos, con respeto y como un gesto de apoyo sicológico para aquellos que viven la lógica tensión del momento. Porque si algo debemos tener claro es que hay pruebas suficientes del efecto positivo que ejerce el arte cuando de controlar ansiedades y miedos se trata. La praxis de combinar la vacunación y las artes no solo es algo que esté transcurriendo en Cuba. Hace unos días la poeta y promotora cultural Liudmila Quincoses, quien se encuentra en México con su familia, narraba en las redes sociales cómo al llegar a recibir la vacuna y mientras esperaba su turno una banda de conciertos ofrecía un recital de paz, ánimo y aliento.

Desde el municipio de Fomento están por llegar unos 20 000 poemas impresos y seleccionados por los poetas Ángel Martínez Niubó y Pedro de Jesús López Acosta. No es una experiencia nueva. Ellos comenzaron hace años a distribuir poesía por cada casa de su localidad, primero una vez al año y ahora todos los meses dejan en instalaciones gastronómicas y lugares que siguiendo los protocolos de bioseguridad brindan servicios, la obra de los más diversos y reconocidos poetas de estos y otros tiempos. Los dejan sobre una silla o una mesa, los pasan por debajo de las puertas de los centros de trabajo para que los reciban al comienzo del día, en el asiento de un ómnibus que transporta a los involucrados en la prevención y control de la COVID-19.

En su perfil de Facebook, Ángel Martínez Niubó, quien también dirige la Biblioteca Municipal de Fomento, escribía con certeza: “He visto fotos de vacunados: ese es el poema. He visto quienes conservan un frasco. Ese es el poema. La poesía no es propiedad de una guitarra o un papel. Ahora los poetas son los médicos, las enfermeras, los periodistas que toman la impresión del vacunado, o los que durante largos meses trabajaron en la elaboración de las vacunas. Esos son los poetas y los músicos de este momento. (…) ¿Por qué no regalar a cada vacunado un poema, o un verso, un solo verso de amor, de vida o de esperanza?”

Dialogando telefónicamente con el poeta, me insistía en la mesura al llevar la creación artística y literaria a los vacunatorios, y coincidimos. Pero ha quedado claro por parte de las instituciones culturales del país que no se trata de cumplir metas, tareas a dedo. Se trata de involucrarse en uno de los más humanistas gestos de la vida cubana con cuidado, en pequeñas intervenciones que jamás pueden ser un ruido para los que hoy ponen el hombro o inspiran seguridad en el valor de la vacuna.

En los momentos más duros y hasta tristes de la vida cubana, cuando por un ciclón muchos lo han perdido todo o casi todo, se han quedado sin techo ni comida en un abrir y cerrar de ojos, cuando se ha ido al combate que ha costado la vida de tantos, ahí también han estado los artistas y sus obras, han llegado para alentar y confirmar una máxima que como derecho tenemos: nadie queda desamparado. ¿Por qué no ahora? Si tantos trabajadores de la cultura en todo el país permanecen voluntariamente en las zonas rojas, ¿qué impide que participen del momento de mayor esperanza?

Habrá que cuidar no caer en maratones, en intervenir culturalmente por obligación. Ese es el mayor reto cuando llegan días donde se espera que a finales de agosto el 80 por ciento de la población cubana esté vacunada. Pero si desde ahora dejamos fluir la pasión y la sinceridad de las propuestas, daremos mayor fuerza y credibilidad al momento y esa responsabilidad es tanto de los directivos de la cultura como de los propios artistas, que a fin de cuentas también recibirán su dosis con un valor agregado único: el arte.

One comment

  1. Y guantes también, respetando las normas y medidas de bioseguridad…entonces así, sí que sería genial.

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