El Valle de los Ingenios

 

Monumento nacional Patrimonio de la Humanidad

El Centro Histórico de Trinidad y el Valle de los Ingenios quedaron inscritos en la lista del Patrimonio Mundial, durante la duodécima reunión del Comité Intergubernamental del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de laUNESCO, celebrada en Brasilia, Brasil, entre los días 5 y 9 de diciembre de 1988.

El Valle de los Ingenios está ubicado al sur del macizo montañoso de Guamuhaya y al este de la añeja villa de la Santísima Trinidad,  con una extensión de 253 kilómetros cuadrados posee altos valores paisajísticos e importantes evidencias, incluidos 73 sitios arqueológicos industriales con restos constructivos de la arquitectura vernácula.

Este sitio histórico natural es considerado el más importante emporio azucarero de Cuba en la primera mitad del siglo XIX.

El Valle es dueño de una mística quizás mucho más cautivadora.Ahora que ya no reúne en sus predios la increíble cifra de 11 mil 700 negros esclavos con sus consiguientes revueltas, ni logra la producción de 640 000 arrobas de azúcar, que reportaban sus fábricas a finales de la tercera década del siglo XIX, el Valle es dueño de una mística quizás mucho más cautivadora.


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Inauguran instalación turística en el Valle de los Ingenios

 

El Valle de los Ingenios busca su esplendor

 

PATRIMONIO de SANCTI SPÍRITUS


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EL VALLE DE LOS INGENIOS

El Valle de los Ingenios, reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en diciembre de 1988Situado en el centro-sur de la Isla de Cuba, constituye un sitio histórico rural que pPoseía numerosos asentamientos, en diferentes grados de desarrollo, muchos de ellos tuvieron su origen en antiguas fincas azucareras.

El proceso de ocupación de las tierras para el cultivo de la caña de azúcar en la jurisdicción trinitaria, fue extendiéndose desde el noroeste de la ciudad hacia el este: desde las márgenes del río Táyaba hacia las llanadas de Magua, Río de Ay y el Agabama por los valles de Santa Rosa, San Luis y las llanuras del Agabama, principal arteria fluvial de la región, que corre de norte a sur, desde las serranías hasta la costa caribeña.

Ese paisaje, idílico por su hermosura, otorgada por el limpio azul del cielo, el hermoso verde de la caña en sazón o el rosa iridiscente de su floración, las franjas ocres y pardas de sus bien trazadas guardarrayasLos numerosos ingenios que se establecieron en los valles y la llanura costera a lo largo de tres centurias, fueron transformando el paisaje típico del sistema de plantación azucarera. Extensiones perfectamente cuadriculadas de campos cañeros, interrumpidos por pequeños bosques de frutales cercanos a caseríos con una o más torres humeantes, bosques en galería que serpenteaban junto a los numerosos arroyos y arroyuelos intermitentes que surcan las antiguas fincas azucareras, y por la corriente más ancha, algún que otro guayro, embarcación de fondo plano que navegaba a vela y remo trasladando los productos del ingenio hasta el cercano puerto.

Todo un complejo monumental en un marco natural, con una extensión de 253 km2, y altos valores paisajísticos, que guardan los testigos materiales de un modo de vida y de producción de la historia azucarera de una región privilegiada en CubaEse paisaje, idílico por su hermosura, otorgada por el limpio azul del cielo, el hermoso verde de la caña en sazón o el rosa iridiscente de su floración, las franjas ocres y pardas de sus bien trazadas guardarrayas, era sin embargo, resultado del trabajo humano basado en la esclavitud.

El sistema de plantación azucarera en la región de Trinidad dejó en cuanto a cultura material, en especial en patrimonio cultural edificado, un saldo de 73 sitios arqueológicos industriales con restos constructivos de la arquitectura vernácula adaptada a las funciones y requisitos de la producción azucarera: casa de calderas, de purga, alambique, almacén, torres y pozos, represas y aljibes, casas de viviendas para amos y siervos, enfermería y cementerios, entre otros.

Todo un complejo monumental en un marco natural, con una extensión de 253 km², y altos valores paisajísticos, que guardan los testigos materiales de un modo de vida y de producción de la historia azucarera de una región privilegiada en Cuba, donde confluyeron hombres de diversas etnias y culturas que se unieron en un largo y decantador proceso que desembocó, primero en lo criollo y después, definitivamente en lo cubano.

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