Monumento nacional Patrimonio de la Humanidad

Trinidad fue declarada Monumento Nacional por la Resolución No. 3 de la Comisión Nacional de Monumentos el 10 de octubre de 1978 e inscripta en la lista del Patrimonio Mundial, junto con el Valle de los Ingenios, durante la duodécima reunión del Comité Intergubernamental del Patrimonio Mundial, Cultural y Natural de la UNESCO, celebrada en Brasilia, Brasil, entre los días 5 y 9 de diciembre de 1988.

Reconocimiento concedido según los criterios culturales que fundamentan la declaratoria por ser un ejemplo eminente de un tipo de construcción o de un conjunto arquitectónico que ilustra un período histórico significativo, además de un ejemplo eminente de un hábitat humano tradicional, representativo de una cultura y vulnerable bajo los efectos de mutaciones irreversibles.

Creció bañada por el mar Caribe, custodiada por el macizo montañoso de Guamuhaya y en las cercanías del Valle de los Ingenios, conjunto fabril que le dio su máximo esplendor en el siglo XIX.

El Centro Histórico Urbano constituye hoy uno de los conjuntos más notables de Cuba y de América Latina, donde sobresalen, tanto los elementos arquitectónicos, como los urbanos; su trazado irregular, sus plazas y sus calles empedradas.

Según se ha podido cotejar en las fuentes originarias, ya en 1518, cuatro años después de la fundación de Trinidad, existían en su demarcación 60 ó 70 familias españolas.

Esta área histórica y su zona de transición comprenden respectivamente 37 y 40 hectáreas. La primera cuenta con 1 207 edificaciones, de las cuales 279 corresponden al siglo XVIII, 729 a la siguiente centuria, y sólo 199 son construcciones del siglo XX, que responden en su gran mayoría, a las características técnico–formales de la arquitectura doméstica tradicional, armónicas con el resto.


Sancti Spíritus cuenta con tresMonumentos Nacionales que tienen el reconocimiento internacional. Estos sitios son:

La provincia cuenta además con seismonumentos nacionales declarados por la Comisión Nacional de Monumentos

PATRIMONIO de SANCTI SPÍRITUS


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Trinidad Villa enigmática

Reconocida por Diego Velásquez como la tercera de sus villas en la Isla de Cuba, punto de arrancada y movilización de Hernán Cortés para la conquista de México y asiento del encomendero Fray Bartolomé de las Casas, La Trinidad, como la llamaron sus fundadores, fue privilegiada por la historia casi desde su surgimiento.

Según se ha podido cotejar en las fuentes originarias, ya en 1518, cuatro años después de la fundación de Trinidad, existían en su demarcación 60 ó 70 familias españolas. Según se ha podido cotejar en las fuentes originarias, ya en 1518, cuatro años después de la fundación de Trinidad, existían en su demarcación 60 ó 70 familias españolas. Existe consenso entre los historiadores en que la villa fue fundada por las huestes del conquistador ya avanzado el mes de enero de 1514, no en el sitio donde se encuentra hoy la ciudad, sino en las proximidades de la Bahía de Jagua o Cienfuegos.

El prestigioso periodista, historiador y crítico Manuel Echevarría Gómez ha referido que el asentamiento sólo duró unos meses en el cacicazgo de Jagua para trasladarse más tarde a orillas del río Guaurabo, donde abundaban el oro y la mano de obra indígena.

Según se ha podido cotejar en las fuentes originarias, ya en 1518, cuatro años después de su fundación, existían en su demarcación 60 ó 70 familias españolas que explotaban a la población aborigen ocupada en la búsqueda del metal dorado, aunque también criaban ganado y se ocupaban en otros menesteres.

La extinción del oro en sus predios y el reclutamiento de la mayoría de los hombres para la prometedora conquista de México marcaron de manera drástica los años venideros del asentamiento, cuando se experimentó un notable éxodo hacia tierra firme.

Creció bañada por el mar Caribe, custodiada por el macizo montañoso de Guamuhaya y en las cercanías del Valle de los Ingenios, conjunto fabril que le dio su máximo esplendor en el siglo XIX. Creció bañada por el mar Caribe, custodiada por el macizo montañoso de Guamuhaya y en las cercanías del Valle de los Ingenios, conjunto fabril que le dio su máximo esplendor en el siglo XIX.Las mismas condiciones de la conquista impusieron un creciente proceso de mestizaje primero entre indígenas y españoles y más tarde con negros traídos desde África, fenómeno que prácticamente ocurre en toda la Isla y marca lo que se ha dado en llamar “una transculturación en ciernes”.

Dicho proceso se acentúa con el despliegue de la industria azucarera en el Valle de los Ingenios que implicó un sensible crecimiento demográfico con la entrada masiva de esclavos desde el continente africano y una inmigración procedente de Santo Domingo, Haití, La Florida, Islas Canarias, Alemania, Estados Unidos, Francia, Inglaterra e Italia.

El boom azucarero de la segunda mitad del Siglo XVIII y la primera del XIX propició que en breve plazo se levantaran suntuosos palacios como los de Brunet, Bécquer, Cantero, Iznaga y Borrell; se empedraran las calles y las plazas, se construyeran iglesias y teatros y se recibieran en la comarca importantes personalidades del arte y la cultura.

Como consecuencia de variadas circunstancias económicas, el esplendor alcanzado en la zona comienza a desmoronarse a mediados de la década de 1840 y la arquitectura y el desarrollo en general la villa se detienen en el tiempo como por arte de magia.

De tal suerte, la estrechez económica de más de un siglo, el amor de sus habitantes y la vigilia permanente de las autoridades  protectoras del patrimonio han logrado salvar un espacio que hoy se reconoce entre los mejores conservados de América Latina, motivo suficiente para defender cada centímetro de lo que hoy se llama “La ciudad museo del Caribe”.

 

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