Trinidad de Cuba: Entre el bolsillo y la salvaguarda

En el Centro Histórico hay más de 70 usos indebidos de azoteas, declara Blanca Pérez. Especialistas y autoridades intentan ordenar el Centro Histórico de Trinidad Trinidad: el mare mágnum de la Candonga

(Carlos Luis Sotolongo Puig y Mairelys Valdivia Díaz, estudiantes de periodismo)

Más que simples arterias empedradas, las calles Rosario, Desengaño, Boca o cualquier otra cercana a la Plaza Mayor de Trinidad provocan al visitante la extraña sensación de caminar por un bazar sobredimensionado, donde arrendatarios, vendedores y pregoneros se suman a la rutina desde el mismo amanecer.

Unos esperan el pan para asegurar el desayuno a sus clientes; otros engalanan su negocio para no perder ni un minuto de venta; los que trabajan en la Candonga, con la armazón de metal al hombro, preparan su mesa de exhibición y desempolvan las esculturas, los collares de semillas y los manteles que no tuvieron suerte el día anterior.

Con semejante vorágine ha aprendido a vivir Trinidad, una ciudad a punto de cumplir sus primeros 500 años de fundada, reconocida por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad y bendecida por el turismo como una de las opciones más atractivas en todo el archipiélago cubano.

CUENTAPROPISMO EN ESTAMPIDA

Mucho antes de que los medios oficiales del país anunciaran a coro la ampliación del trabajo por cuenta propia, definida por el Lineamiento 68 del VI Congreso del Partido, ya los trinitarios habían preparado condiciones y muchos de ellos hasta probado suerte en los cientos de negocios abiertos con anterioridad.

Ante el auge de hostales, paladares, establecimientos para la venta de alimentos en los domicilios y puntos de artesanía, no fueron pocos los que miraron de soslayo la inauguración de otros locales, cuestionaron la procedencia del capital invertido y hasta especularon sobre la suerte de la villa ante la avalancha.

Marelys González Amador, vicepresidenta del Poder Popular de Trinidad. “En septiembre de 2010 el municipio contaba con 2 188 licencias. Desde entonces la cifra ha crecido considerablemente. Hasta mayo de este año había un total de 4 722 licencias vigentes -explica Marelys González Amador, vicepresidenta del Poder Popular de Trinidad-. De ellas, 3 503 corresponden a actividades rectoradas por la Dirección Municipal de Trabajo (DMT), 817 a la Dirección Municipal de la Vivienda (DMV) y 402 a la Unidad Estatal de Tráfico (UET)”.

El sector cuentapropista constituye un eslabón determinante en materia de recaudación en el municipio trinitario, con un plan anual que supera los 30 millones de pesos, de los cuales hasta el cierre de julio había concretado 16.8 millones, según Héctor Hernández Álvarez, subdirector provincial de la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT).

Visto así, parecería que el cuentapropismo camina sin tropiezos por las calles trinitarias; mas, al enmarcar las actividades según las zonas de la ciudad, se constata que la mayoría de las modalidades están localizadas en la Zona A del Centro Histórico, sitio con mayor auge turístico y, a la vez, mayor compromiso patrimonial.

RENT ROOMS, GOOD RESTAURANTS

La renta de habitaciones constituye, quizá, la pionera en la recuperación del patrimonio edificado a partir de los ingresos recibidos. Desde 1996, cuando se autorizó el arrendamiento como alternativa para el sustento familiar, los propietarios de los inmuebles construidos en los siglos XVIII y XIX encontraron en los valores histórico-patrimoniales de las casonas el gancho a la mejoría económica.

Una encuesta de Escambray entre quienes ejercen el cuentapropismo desde hace más de una década recoge más de una evidencia: “Mi casa es del siglo XVIII. Los espacios son muy grandes. Aquí se gasta el doble de materiales que se utilizarían para arreglar un apartamento completo. De no ser por el alquiler, hoy, por ejemplo, el colgadizo estuviera destruido”. “Yo he podido rescatar las pinturas murales de la sala, tapadas antes con cal. También recuperé la cocina al fondo, como estaba originalmente”.

Otros ponderan el resarcimiento de los techos, la restauración del mobiliario así como la compra de objetos decorativos para recuperar la ambientación colonial.

“Hasta el 2010, cuando se aprobó la ampliación del trabajo por cuenta propia, el arrendamiento estaba paralizado en Trinidad por acuerdo del Consejo de la Administración Provincial; después de esa fecha se constató un aumento acelerado. De 500 patentes en ese año, en la actualidad llegan a 877, lo que convierte a Trinidad en el municipio con mayor número de inscripciones en la provincia”, refiere Yoslaikis Duardo Bastida, especialista en Derecho sobre Vivienda de la DMV.

A la par del crecimiento de los hostales, han proliferado también las paladares (86) y cafeterías (371), más de la mitad de ellos en el Centro Histórico.

En busca de la distinción, los propietarios de los establecimientos trazan sus estrategias para engatusar a los clientes: algunos sacan partido a balcones y patios interiores; otros intentan seducir a los comensales con cubiertos de plata, copas de baccarat y vajillas francesas.

Utilizar elementos de la fachada como soporte constituye una violación. BENEFICIOS Y LESIONES

Son escasos los lugares inmunes a la fiebre por cuenta propia que ataca al Centro Histórico. La masividad llevó a los especialistas del Plan Maestro de la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, de conjunto con expertos de distintos centros históricos del país, representantes de Planificación Física, el Programa Arquitecto de la Comunidad y otros organismos a actualizar las regulaciones urbanas en el entorno.

Las normativas recogen que la ubicación de la actividad será colegiada con la Oficina, en caso de encontrarse en el área del Centro Histórico o zonas aledañas a este; la incorporación de elementos de identificación o promoción con diseños a tono con la imagen urbana y la prohibición de carteles o accesorios luminiscentes, entre otras regulaciones que se violan sistemáticamente a la vista de todos.

“Para aprobar una actividad por cuenta propia en el Centro Histórico, hoy apenas se tiene en cuenta si la Oficina considera pertinente la apertura -señala Blanca Pérez Bravo, directora técnica de la Oficina del Conservador-. Si estableciéramos un orden, se llevaría a cabo una especialización de la actividad. No tiene sentido que haya cinco galerías en una calle con el mismo producto”.

Según la especialista, dentro del reglamento establecido para el trabajo por cuenta propia no se conceden excepcionalidades para el Centro Histórico. “Aquí existe el compromiso con la declaratoria de Patrimonio de la Humanidad. El fenómeno no puede evaluarse como en otras zonas de desarrollo de la ciudad. Tampoco se ha realizado un estudio sobre las necesidades de primer orden y la compatibilidad de ellas con el lugar.

“En la conciencia del trinitario y de todo el que llega para invertir capital está claro el valor histórico del territorio; por eso ponen todo su esfuerzo en explotar al máximo esa riqueza. Lo negativo viene cuando eso se hace de manera inconsulta”, sostiene Pérez Bravo.

¿Es el cuentapropismo en el Centro Histórico un aliciente ante la escasez de recursos estatales?

“En principio, lo es. Se han recuperado inmuebles de alto valor con un deteriorado estado técnico que no estaban en nuestras prioridades. La estrategia de la Oficina va dirigida, fundamentalmente, a intervenciones por barrios para beneficiar a la generalidad de los pobladores. El cuentapropismo defiende intereses personales, pero que se revierten en beneficios para el Patrimonio. El doble filo está ahí: la actividad puede ser muy positiva, pero si se concilia con nosotros”.

¿Qué actividades preocupan más?

Blanca Pérez Bravo, directora técnica de la Oficina del Conservador. “Las cafeterías y los puntos de venta de artesanía porque, al no exigir una reparación del inmueble, abren sus puertas con una imagen desfavorable en muchos casos. Los llamados timbiriches no logran integrarse al Centro Histórico, pues generan carteles de poco valor estético, una tablilla, un toldo. Este último no es un elemento que admitan nuestras fachadas; se avienen mejor a las zonas comerciales, pero no aquí, donde hay líneas de conservación”.

¿Las violaciones más recurrentes en que incurren los cuentapropistas hoy?

“El uso de las pérgolas y las azoteas. Esta práctica, o sea, la infraestructura creada para ello, que no cumple ninguna función estética ni se relaciona con el ambiente de la ciudad, se ha estandarizado en el Centro Histórico. Muchos cuentapropistas lo ven como una premisa indispensable para su negocio, sin tener en cuenta que afectan la imagen e integridad del conjunto urbano. Estos elementos dan a la vivienda una lectura diferente a su morfología original. Lo peor no es la naturaleza del hecho, sino cuánto se ha generalizado. Tenemos casos preocupantes, pero las acciones son reversibles”, asegura.

Aun cuando se ha avanzado en la toma de conciencia respecto al valor de la zona por parte de sus moradores, persisten quienes actúan deliberadamente, cambian puertas, ventanas, entre otros elementos de la fachada, y colocan una carpintería inapropiada.

“Las evaluaciones nuestras no pretenden frenar la apertura de un hostal, paladar o punto de venta -aclara la funcionaria-. Estamos conscientes de los beneficios, pero nuestra primera misión es conservar el patrimonio”.

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