Villa cubana de Trinidad abre las puertas de sus museos a los vacacionistas

Vista exterior del museo Romántico.Cercanos unos a otros abren sus puertas los museos  Municipal, de Arquitectura, Romántico, de Arqueología y de  Lucha Contra Bandidos, que  exponen la vida e historia de la Villa.

Los vacacionistas que visitan Trinidad, la tercera villa cubana, además de disfrutar de las cálidas aguas de la Península de Ancón pueden recorrer los museos ubicados en la zona más vieja de una ciudad arquitectónicamente detenida en el tiempo.

Aunque toda esta parte añeja es de por sí un museo viviente, que le permitió recibir en 1988 junto al Valle de los Ingenios la condición de Patrimonio Cultural de la Humanidad, cuenta también con instalaciones especializadas, visitadas por cubanos y extranjeros.
Cercanos unos a otros abren sus puertas los museos  Municipal, de Arquitectura, Romántico, de Arqueología y de  Lucha Contra Bandidos, que en su conjunto exponen la vida e historia de la Villa.

El Museo Romántico, el primero de los creados en Trinidad, funciona en un viejo palacio y atesora la historia de los ricos potentados de la época en que el Valle de los Ingenios era el mayor productor de azúcar del mundo.

Muebles, vajillas, obras de arte, especialmente figuras elaboradas con los mejores cristales y otros materiales, se muestran en el ambiente de una casa colonial.

Especial atención llama el dedicado a la Lucha Contra Bandidos (LCB),  que expone documentos, fotos, armas, maquetas de operaciones militares de una de las páginas más violentas del terrorismo contra Cuba, organizado, financiado, armado y apoyado por los gobiernos de Estados Unidos.

Esta instalación guarda los restos del avión U-2  derribado en el oriente cubano durante la Crisis de Octubre, y una lancha de las capturadas a elementos contrarrevolucionarios que utilizaban para atacar las costas o embarcaciones mercantes.

Julio Pérez Reina, un villaclareño que por estos días descansa en playa La Boca, se trasladó hasta la villa con vistas a  visitar especialmente el museo de la LCB.

Su interés era que sus dos hijos vieran con sus propios ojos parte de la historia contada por su abuelo, combatiente de aquella gesta.

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