Agroecología versus cambio climático

El campesino jatiboniquense Ricardo López Taño obtuvo premio en el Fórum de Ciencia y Técnica por sus más de 20 prácticas agroecológicas para minimizar los efectos del cambio climático

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Los cultivos muestran una excelente salud en esta finca agroecológica. (Foto: Oscar Alfonso/ Escambray)

Con locuacidad y precisión el campesino Ricardo López Taño ofrece detalles a Escambray de las muchas prácticas agroecológicas que desarrolla en su finca para minimizar los efectos del cambio climático, recientemente premiadas por el Fórum de Ciencia y Técnica en su municipio de Jatibonico y a nivel provincial.   

“No usamos equipos pesados en la preparación del suelo, con una yunta de bueyes atendemos las 8 hectáreas y así evitamos la compactación del terreno, no dependemos de equipos ajenos, ni de la escasez de petróleo. Otra cosa, sembramos en franjas, en pequeñas parcelas los distintos cultivos para evitar las plagas porque al existir variedades de colores y olores en el mismo campo las despistamos”.

En este pequeño espacio, López Taño y la familia —sus padres, el sobrino y la esposa— desarrollan los cultivos varios y mantienen más de 20 especies de frutales y nueve de animales encadenadas con la producción para  facilitar la aplicación de estas técnicas agroecológicas, además de fomentar un bosque natural con maderas preciosas y un cafetal incluido.

“Aquí no botamos los residuos de cosechas, esa materia orgánica la distribuimos sobre el suelo para arroparlo y que no le dé el sol directamente, guarde más la humedad, los microorganismos tengan un mejor desarrollo y también evitar los arrastres de la capa más fértil cuando llueve, en lo cual también ayudan las cercas vivas”.

La familia también cuenta con un pequeño embalse para dar agua a los animales y regar algunos cultivos; con un pozo artesanal para abastecer la casa y han incursionado en la conservación de alimentos como el puré de tomate, pulpa de mango y guayaba.

A través de Acopio y del punto de venta ubicado en la propia finca, comercializan sus producciones sanas que han mantenido una tendencia creciente y con un costo mínimo, apenas 54 centavos por cada peso.

Allí se ha convertido en una práctica cotidiana el cuidado del medio ambiente, ha aumentado la biodiversidad animal y vegetal y se han elevado los rendimientos agrícolas, resultados que han irradiado a otros campesinos interesados y a invitados de diferentes países en talleres municipales, provinciales, nacionales e internacionales.

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