Cegadas de odio y furor, la Casa Blanca y la ultraderecha anticubana amenazan y sancionan

Confiar en nuestras fuerzas y darle rienda suelta a nuestras potencialidades es el mejor camino frente al bloqueo y la obsecada hostilidad del imperio

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La administración Trump y la ultraderecha anticubana han desatado un plan total de agresión a Cuba.


Imbuidas de las históricas ansias imperiales de dominación y manejo de la pequeña nación vecina, creedoras de que es el momento de dar el golpe triangular a Venezuela, Nicaragua y Cuba, y apostando a una batalla electoral crucial en la Florida en Noviembre de 2020, la administración Trump y la ultraderecha anticubana han desatado un plan total de agresión a Cuba.

Trump, Pence, Pompeo, Bolton, Abrams son hijos ideológicos de James Monroe, aquel que quería para el imperio a la América toda. Son vástagos políticos de John Adams, Thomas Jefferson, James Madison, John Quincy Adams. mandatarios estadounidenses que blandieron la anexión de Cuba como objetivo deseable para la nación del Norte.

Son también fieles escuderos de la mentira: Trump ha dicho más de 10 mil en apenas dos años de gobierno, Pence la ha convertido en sustancia de su discurso, Pompeo se jacta de cómo en la CIA promovió la enseñanza y el uso de la mentira; Bolton carga el pesado fardo de las mentiras que construyó para empujar la guerra en Iraq y su escandaloso invento de la producción de armas biológica en Cuba; Abrams le mintió a los estadounidenses en aquella oscura operación Irán-Contras y le volvió a mentir al ocultar su criminal papel en la masacre de El Mozote.

Junto a ellos, personajes nacidos de la millonariamente subsidiada y corrompida industria anticubana como Marco Rubio, Mario Díaz-Balart, Bob Menéndez, Mauricio Claver-Carone y conpiscuos representantes de la ultraderecha floridana como Rick Scott.

Esta funesta combinación, como ya habíamos advertido un año atrás, ha «halconizado» la política exterior estadounidense y se ha lanzado a por todo contra Cuba, en ese intento malloriano* de «provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Les duele el desafío incólume de Cuba al poder imperial durante 60 largos años.

Los ofuscan las derrotas cosechadas en Venezuela ante la sólida alianza cívico-militar que acompaña al gobierno de Nicolás Maduro, y vierten las culpas de su fracasada estrategia, la del mayor imperio que haya conocido la historia, en la supuesta presencia de «20 mil gendarmes» militares cubanos en el país sudamericano.

Creen que una posición intransigente frente a Cuba y Venezuela le dará réditos electorales entre esas comunidades de votantes en la Florida; un estado clave para el resultado final de los comicios del próximo año.

Ante el desprestigio y la endeblez del invento de los «ataques sónicos» con que la dupla Pompeo (entonces en la CIA)-Rubio intentaron desmantelar la embajada de Estados Unidos en La Habana y conducir al rompimiento de relaciones; Venezuela se convierte ahora en el motivo supuesto para castigar a Cuba y buscar derrocar a su gobierno.

Hace una semana, el Presidente Donald Trump blandió el garrote y enseñó la zanahoria en una entrevista con Fox News: «Si las tropas y las milicias cubanas no cancelan de inmediato las operaciones militares y de otro tipo con el propósito de causar la muerte y la destrucción de la Constitución de Venezuela, un completo y total embargo, junto con sanciones del más alto nivel, se impondrán a la isla de Cuba» dijo el mandatario; para más adelante señalar : «Con el movimiento correcto, a Cuba le podría ir muy bien, podríamos hacer una apertura».

Elliot Abrams amenazó recientemente con más represalias:  según el medio digital «The Washington Free Beacon» el funcionario adelantó que Washington continúa estudiando opciones y trabaja sobre un posible paquete de sanciones para La Habana y Moscú por «desestabilizar actividades» en Venezuela.

Este miércoles, el asesor de seguridad nacional John Bolton aseguró que «continuará cortando los lazos entre Cuba y Venezuela», como seguidilla a lo expresado con total cinismo por el Vicepresidente Pence el día anterior en la Conferencia de las Américas en Washington de que «Cuba ha robado a Venezuela algo más que su libertad».

El Secretario de Estado, Michael Pompeo, al anunciar la activación total del Título III de la Ley Helms-Burton lo justificó con «el comportamiento de Cuba en el hemisferio occidental que mina la seguridad y estabilidad de los países a lo largo de la región, lo cual amenaza directamente los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos».

Desde comienzos de año, junto con la escalada agresiva contra Venezuela, la Casa Blanca ha acrecentado sus acciones anticubanas: Ha incrementado la persecución y las multas contra entidades que no han acatado el bloqueo, fustigó alevosamente a Cuba en su espurio informe de Derechos Humanos en el mundo, incrementó el listado de entidades cubanas que están en una lista negra por alegados vínculos con las instituciones armadas y de seguridad cubanas, activó el Título III de la Ley Helms-Burton, ordenó sanciones contra barcos petroleros que traen combustible venezolano a Cuba, puso más restricciones a los viajes de sus ciudadanos a Cuba y estableció límites a las remesas, destrozó el beneficioso acuerdo deportivo y humano logrado entre las Grandes Ligas y la Federación Cubana de Béisbol.

Y aunque pocas opciones le quedan en el arsenal -ya son 60 años de guerra económica, financiera y comercial-, puede preverse que los sectores más recalcitrantes empujarán a la reinclusión de Cuba en la Lista de Estados que apoyan el Terrorismo, aduciendo el apoyo al «gobierno terrorista» de Nicolás Maduro y la no entrega por Cuba a Colombia de los líderes del ELN que participaban en los diálogos de paz en La Habana. Tampoco puede descartarse que intentarán tensar todo lo posible la cuerda hasta provocar la ruptura de relaciones y el retiro de la Embajada.

Hasta un afiebrado Senador de la Florida, Rick Scott, le ha dado por proponer un bloqueo naval a nuestro archipiélago para que no llegue el combustible; un castigo para el país que no acepta imposiciones ni amos.

Mientras mas odio y furor acumulen los personeros del imperio, más altisonantes serán sus amenazas.

Del lado de acá la respuesta tiene que ser nada de miedo y mucha inteligencia y dedicación para enfrentar con sabiduría las adversidades y convertirlas en oportunidades de crecimiento como pueblo y nación. Confiar en nuestras fuerzas y darle rienda suelta a nuestras potencialidades es el mejor camino frente al bloqueo y la obsecada hostilidad del imperio.

* El 6 de abril de 1960, el Secretario de Estado asistente Lester Mallory, emitía un Memorando donde se instruía la política a desarrollar para liquidar la Revolución Cubana.El documento de Mallory indicaba textualmente: “ La mayoría de los cubanos apoyan a Castro (…) No existe una oposición política efectiva (…) El único modo efectivo para hacerle perder el apoyo interno (al gobierno) es provocar el desengaño y el desaliento mediante la insatisfacción económica y la penuria (…) Hay que poner en práctica rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica (…) negándole a Cuba dinero y suministros con el fin de reducir los salarios nominales y reales, con el objetivo de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del gobierno”.

Notas de la Historia

  • John Adams quien fuera presidente en el periodo 1796 – 1800, en carta fechada el 23 de junio de 1783, dirigida a Robert R. Livingston,  firmante de la Constitución de Estados Unidos por el Estado de New Jersey, expuso que (…) es casi imposible resistir la convicción de que la anexión de Cuba a nuestra República Federal será indispensable.»
  • En 1805, en una nota al Ministro de Inglaterra en Washington, el presidente Thomas Jefferson emitió las primeras declaraciones de carácter oficial, donde expresaba su interés de apoderarse de Cuba: (…) «En caso de guerra entre Inglaterra y España, los Estados Unidos se apoderaran de Cuba por necesidades estratégicas para la defensa de Louisiana y de la Florida».
  • En 1810, el presidente James Madison  orientó a su ministro en Londres, Willianm Piecknay, poner en conocimiento de la administración de ese país que: «(…) La posición de Cuba da a los Estados Unidos un interés tan profundo en el destino de esa isla, que aunque pudieran permanecer inactivos, no podrían ser espectadores satisfechos de su caída en poder de cualquier gobierno europeo que pudiera hacer de esa posición un punto de apoyo contra el comercio y la seguridad de los Estados Unidos.»
  • James Monroe (5to. Presidente de EE.UU. 1817-1825) además de su Doctrina Monroe (en verdad promulgada por el senador John Quincy Adams), mantenía la idea de agregar una estrella más al pabellón estadounidense si lograba la anexión de Cuba. Sobre ello manifestó: “Siempre la miré como la adquisición más interesante para nuestro sistema de estado“.
  • John Quincy Adams, el teórico de la “fruta madura” declaró en 1823: “…hay leyes de gravitación política, como leyes de gravitación física, y Cuba, separada de España, tiene que gravitar hacia la Unión, y la Unión, en virtud de la propia ley, no iba a dejar de admitirla en su propio seno. No hay territorio extranjero que pueda compararse para los Estados Unidos como la Isla de Cuba. Esas islas de Cuba y Puerto Rico, por su posición local, son apéndices del continente Americano, y una de ellas, Cuba, casi a la vista de nuestras costas, ha venido a ser de trascendental importancia para los intereses políticos y comerciales de nuestra Unión“.

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