Un oasis cultural

Como regalo a los 34 años de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), un documental recopila la historia de la organización en predios espirituanos

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El evento de arte callejero Lunas de Invierno reúne a todas las manifestaciones artísticas. (Foto: Vicente Brito/ Escambray)

Subían y bajaban del lomerío con las palabras en forma de verso. Alegraban las noches en el corazón del parque Serafín Sánchez Valdivia. Proponían esculturas con dimensiones llamativas. Daban vida, color y sonidos irreverentes a la quieta ciudad.

En su mayoría, olían aún a escuelas habaneras o villaclareñas. Consumían expresiones artísticas renovadoras, discursos desafiantes para algunos, alarmantes para otros. Eran capaces de arrastrar a unos cuántos curiosos y a otros ya convencidos de la valía de la oleada de jóvenes con muchas ganas de hacer y que poco a poco rompieron filas para integrarse al contexto cultural espirituano.

“Como en el resto del país, los artistas jóvenes estábamos agrupados en la Brigada Raúl Gómez García, la Brigada Hermanos Saíz y el Movimiento de la Nueva Trova. Mas, como resultado de la lógica en el desarrollo como creadores llegó la necesidad, porque fue así, una necesidad de unirnos todos como Asociación Hermanos Saíz (AHS)”, recuerda con detalles Carlos Manuel Borroto, protagonista de aquel contexto.

Desde hacía meses, se hablaba de esa fusión, no bien aceptada por todo el gremio, según la memoria colectiva de los protagonistas, debido a los temores propios que genera lo nuevo. Sin embargo, tras largos debates en busca del bien común se aprobó el 18 de octubre de 1986 en el Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores, Artistas y Técnicos de la Cultura.

“Fue el momento en que se materializaba y fortalecía el sistema institucional de la cultura. Por tanto, el mecanismo para el intercambio estaba también”, rememora Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, otro de los testigos de aquel nacimiento.

La nueva generación siempre con muchas cosas por decir no cedió espacio y aprovechó cada instante. El diálogo directo con los diferentes públicos siguió en el centro del colectivo que con guitarra, pinceles y cuadernos en mano no conocían el significado de la palabra conformidad.

“Las más jóvenes generaciones siempre son vistas con la expectativa de qué va a pasar y nosotros no escapamos a ello. No obstante, recuerdo que se nos respaldó desde la Unión de Jóvenes Comunistas, el Partido y la Dirección Provincial de Cultura. En aquellos primeros instantes, teníamos muchas carencias: no existía la editorial, el Teatro Principal era cine; ni imaginar con emisoras municipales o un canal de televisión, por lo que no parábamos en el interior de las recién creadas instituciones. Todavía en industrias como el Central Uruguay y en centros de acopio en alta mar deben recordarnos porque nos íbamos a esos lugares por días para compartir nuestras creaciones”, describe Carlos Sotolongo, otro de los miembros del primer ejecutivo de la filial espirituana de la AHS.

En muy poco tiempo, otra prioridad tocó las puertas de la organización: una sede para que se convirtiera en guarida segura de tanto quehacer.

“Estaba en nuestros debates hasta que, pasados unos años de la constitución de la AHS, nos entregaron la vivienda, ubicada en la calle Céspedes, que desde entonces es la Casa del Joven Creador. A la par de esa preocupación siempre estuvo la de ejercer un diálogo constante, propio del cambio histórico protagonizado por la juventud. Y como ha sucedido en muchos otros momentos, no siempre encontró oídos receptivos del otro lado. Pero nosotros no nos cansábamos y volvíamos una y otra vez”, insiste Juanelo.

Como en la ciudad del Yayabo, en Trinidad el empuje arrollador de la juventud de los años 80 dinamizó los múltiples espacios donde el pensamiento se acomodaba con beneplácito.  

“Recuerdo con añoranza aquellos días en que la ciudad era un centro cultural. La AHS es un oasis artístico, donde lo nuevo se mezcló con lo viejo y se compartió con el pueblo. Tanto es así, que desde que nos entregaron como sede la casa ubicada en la calle Jesús María se convirtió en el espacio de creación para artistas de la plástica, el escenario del Teatro Gaviota, donde también sucedieron peñas, talleres… Y contamos siempre con la ayuda de quienes ya tenían una obra consolidada”, cuenta Carlos Enrique Sotolongo, presente en cada uno de aquellos primeros instantes.

“En la AHS nacieron muchas de las principales personalidades que hoy representan nuestra cultura. Lo que entonces fue un sencillo cuaderno, moldeado en un taller, hoy es un referente. Al igual sucede en el resto de las manifestaciones”, opina Rigoberto Rodríguez Entenza, Coco, a quien se le encuentra siempre por la Casa del Joven Creador de Sancti Spíritus.

De esa efervescencia inicial se ha bebido a lo largo de estos 34 años. Eventos como el Voces Cruzadas, único espacio de su tipo en el país para mirar desde la ciencia a nuestros medios de comunicación y el Lunas de Invierno, el más importante de la filial espirituana, porque une a todas las manifestaciones artísticas con la calle como escenario, son dos ejemplos de un quehacer consolidado.

“La Asociación se parece a su tiempo y cada joven es capaz de transformar su entorno en la manera que le es posible”, reflexiona Liudmila Quincoses, la espirituana con mayor tiempo en el ejecutivo provincial de la organización.

Muchos de los trazos de esta historia llegan por vez primera en formato de documental, gracias a la idea original, dirección, edición y posproducción de Alexander Hernández Chang. Resulta el mejor regalo al cumpleaños de la AHS en tiempos de la COVID-19.

Fotos, entrevistas con más de 10 protagonistas de estos 34 años se cruzan en un discurso ágil, sostenido en fotos que nos devuelven momentos únicos a lo largo de esta historia. No en vano su título, Memorias de juventudes, nos toma de la mano desde aquel año 1986 hasta el quehacer actual.

Su premier se soñó en la Casa del Joven Creador de Sancti Spíritus, finalmente reparada después de más de dos años con la presencia de fuertes laceraciones constructivas; pero la actual situación epidemiológica de la provincia obligó a dilatar la celebración por todo lo alto.

Mas, un día no muy lejano la casona de calle Céspedes abrirá sus puertas para retomar su vida y devolvernos la magia de un grupo juvenil que cree fielmente en que la cultura salva, a pesar de los molinos de vientos.

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