La esquina de Escambray: De frente y luchando

Si Cuba patrocina el terrorismo, ¿qué patrocina Estados Unidos? Si Cuba alienta la subversión aquí o allá, ¿qué alimenta el gobierno más imperial del planeta?

Vivimos días de mucha tensión y no solo en el entorno nacional. El mundo tiene la piel erizada, la ansiedad se dispara, las discusiones sobre lo correcto o no en materia de libertades ocupa titulares a cada minuto, el rebrote y propagación desmesurada de la COVID-19, la inclusión de Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo…, encienden las alarmas.

La decisión de las grandes compañías de internet y redes sociales de bloquear/silenciar al presidente Donald Trump tras el asalto de sus seguidores al Capitolio de Estados Unidos pone en tela de juicio la tan pregonada libertad de expresión de los propios medios, agencias y monopolios mediáticos que la ejecutan. Aunque en algunos provocara carcajadas, en otros el momento confirma que estamos en un riesgo constante cuando de gobierno en las sombras se trata. Pero hay un detalle: esa censura no es nueva, la diferencia está en que el silenciado, borrado literalmente del espacio mediático es el Presidente de los Estados Unidos.

¿Cuántos medios cubanos han sufrido ese bloqueo en los últimos años? ¿Cuántas de nuestras cuentas en Twitter, Facebook o Instagram han perdido seguidores de la noche a la mañana o desaparecen? ¿Cuántos perfiles falsos son creados casi a diario para atacar a Cuba y sus máximos dirigentes? Si nos ponemos a sacar cuentas podríamos llenar muchas, pero muchas cuartillas. No tiene que ir lejos para constatarlo, pregunte a cualquiera de los comunicadores y periodistas cubanos, a los que dicen nuestra verdad todos los días. Hay mucho dinero detrás de esos bloqueos, dinero que aportan agencias federales o privadas para callar el pensamiento divergente, de izquierda. Las evidencias están, pero ahora se trata de poner una mordaza en la boca del supuesto hombre más poderoso del mundo. Y eso crea ansiedades, estrés, nerviosismo, eriza la piel de los mismos que gozan cuando intentan o ponen esa mordaza en uno de nosotros.

Como si no bastara con sus problemas internos, ahora vuelven a incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo. Y da risa que lo haga el mismo que incitara a sus partidarios a tomar por la fuerza la sede del Congreso de los Estados Unidos de América, un hecho sin precedentes en la historia de ese país, tildado de acto terrorista. El guión que han aplicado desde hace décadas, los golpes blandos planificados tantas veces en otros países incluido el nuestro, el vandalismo financiado, los atentados promovidos contra muchas naciones, ahora se volvió contra ellos. ¿Casualidad? Nada es casual, nada es gratuito, la ingenuidad hace rato que no está de moda en términos políticos. Trump ha hecho todo lo posible por sostenerse en el poder y si la solución es aplicar a sus contrarios la fórmula tradicionalmente exportada por sus grandes ideólogos, para qué esperar.

Si Cuba patrocina el terrorismo, ¿qué patrocina Estados Unidos? Si Cuba alienta la subversión aquí o allá, ¿qué alimenta el gobierno más imperial del planeta? Está claro que figurar nuevamente en esa lista absurda tiene consecuencias para el país a nivel global, incluso es un retroceso (otro más) en la política hostil de esa nación hacia Cuba que el expresidente Obama calificara de error, que pone en una posición incómoda al electo Joe Biden que ha prometido retomar las relaciones de armonía e intercambio con nosotros. Pero en estos muchos años de Revolución y los que están por venir, la actitud no cambia para los que hoy apostamos al optimismo, a la transformación económica en beneficio de la mayoría por la libertad real.

La actual política de Trump y sus acólitos hacia Cuba es tan insustentable como su propio mandato. Los millones de dólares que botan todos los años en su empecinamiento por destruir la obra revolucionaria cubana dan fe de ello. Se la gastan para hacernos más fuertes, cohesionados. Se la gastan por gusto y consiguen lo que tanto les molesta: que sigamos aquí, de frente y luchando, convirtiendo en realidad las utopías, dando luz, creciendo sin deberle nada a nadie. Sería mejor que miraran hacia dentro, que buscaran cómo detener el contagio tan aterrador con la COVID-19 de sus ciudadanos, se dedicaran a barrer su casa de tanto racismo y odio. Sería mejor.

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