La esquina de Escambray: Donald se fue a casa

Hasta el último minuto, el mandatario saliente estuvo aprobando sanciones a quienes considera sus enemigos, promoviendo el caos, profundizando heridas, tirando zarpazos a diestra y siniestra

Donald se fue a casa, a una de sus residencias preferidas en el estado de Florida. Donald deja atrás una de las peores etapas en la historia de los gobiernos contemporáneos de los Estados Unidos. Cuando pensamos que lo habíamos visto todo, el magnate más pintoresco y peligroso se hizo con el poder para, como dicen muchos, demostrar que el dinero lo compra todo, incluso la Sala Oval de la Casa Blanca.

Ahora llega un momento que algunos analistas califican como una etapa de sanación, de restauración del orden hacia lo interno de ese país, pero también una época de limpieza de la imagen del imperio a nivel mundial. Porque hasta el último minuto, Donald Trump estuvo aprobando sanciones a quienes consideran sus enemigos, aquellos que no se inclinan ni arrodillan a sus pies. Hasta el último minuto promovió el caos, profundizó heridas, tiró zarpazos a diestra y siniestra. El asalto al Capitolio, sede del Congreso de los Estados Unidos, fue la gota que colmó la copa.

En los cuatro años del mandato trumpista se puso en evidencia todo el odio, el racismo, la discriminación social, la corrupción, el desprecio hacia los emigrantes, el irrespeto al orden constitucional. No es casual entonces el despliegue de fuerzas de seguridad para la toma de posesión de Joe Biden. Para que se tenga una idea, la ciudad de Washington es comparada con Bagdad en tanto el despliegue de 25 000 efectivos policiales y del ejército supera la cantidad que tiene ese país acantonados en Iraq y Afganistán juntos.

Donald Trump ha dejado a Joe Biden contra la pared, hay tensión máxima. Se habla de ataques planificados a nivel interno ejecutados por efectivos involucrados en la seguridad durante los actos de hoy. Los organismos de seguridad han investigado a cada uno de los que participan en la seguridad y desde temprano se habla de varios que han sido retirados, aunque no ofrecen más detalles. Los eventos públicos que rodean a la investidura han sido limitados y, por ende, el número de invitados. La tensión, la ausencia de púbico y las fuertes medidas de seguridad son el mayor recuerdo que se tendrá de este día.

Ahora bien, el ascenso de Joe Biden no es el fin, significa el comienzo de una etapa difícil en la que deberá superar la fractura de la sociedad estadounidense. Será un proceso amplio y extenso que intentará terminar con una polarización que se encuentra calcinada en la cultura de ese país y de la cual Donald Trump era simplemente un símbolo. La reconciliación será ardua, dura y va a tener, además, a muchas personas que van a estar durante estos cuatro años próximos pensando que Biden no es el legítimo presidente, lo que va a animar posibles disturbios.

¿Cambiará el nuevo presidente su política hacia América Latina, Rusia o China? ¿Restaurará las tan fracturadas relaciones con Cuba? En realidad, no lo creo o al menos no será algo tan fácil. Invitar a su toma de posesión al enviado especial de Juan Guaidó es un síntoma evidente de que Venezuela seguirá siendo atacada y el nuevo mandatario va a continuar sin reconocer el legítimo gobierno de Nicolás Maduro. Si ese es el comienzo, qué se puede esperar. Es posible que para nuestro país se refresquen los absurdos retrocesos de Trump después de lo logrado en términos de convivencia con el gobierno de Obama. Pero sin muchas ilusiones, porque en el trasfondo de esa política de “buenos amigos” se esconden otras pretensiones para desequilibrar la Revolución Cubana. Seguirán financiando la subversión interna, a los llamados disidentes, a los que insisten en un golpe blando al estilo de la primavera árabe. Ya escucharemos la noticia de los millones de dólares que le asignarán a sus programas contra Cuba.

No hay más que esperar. Si sus anuncios de campaña por la presidencia de Estados Unidos se cumplen, quizás muchos temas de los expuestos tendrán solución. De momento Donald ya no está, pero sus bases supremacistas, sí. Biden se verá obligado a buscar consenso, a negociar, tratar de recuperar una imagen internacional tan fracturada que va a necesitar paciencia y salud para asumir el reto. Los días correrán, las noticias seguirán llenando espacios y titulares, las expectativas se cumplen o disuelven poco a poco, las tensiones internas aumentan o desparecen, la política exterior se mantendrá inamovible o no, ese es el panorama que apenas comienza.

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