Matices para regalar (+fotos)

La añeja villa de Trinidad, a las puertas de sus 507 años de vida, acoge orgullosa un proyecto musical heredero de su fuerte tradición melódica

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La banda Matices tiene como guarida fiel la Casa Cofradía. (Foto: Tomada del perfil de Facebook de Lía Llorente)

—¿Están seguros de lo que quieren hacer?, dejó escapar Liamer Lorente, Lía, desde una de las esquinas de la casona colonial ubicada en Real del Jigüe número 60, en la tercera villa de Cuba.

—La respuesta está aquí, al lado de mi corazón, respondió a la misma velocidad, Rubén Carlos González Iglesias, mientras dejaba, a la vista de todos, unas cuantas letras tatuadas en su tórax: “La música es mi vida”.

—Yo aseguro más —añadió—, es de todos los que estamos aquí”.

Suficiente para que el silencio cómplice arrebatara una sonrisa unánime.

“Y no se habló más. Esa es la fuerza que nos ha llevado a impulsar a ese grupo de muchachos, todos con muchos matices para regalar”, recuerda Lía, ahora mediante la aplicación de mensajería WhatsApp, en la que resulta inevitable dejar de escuchar como su voz se resquebraja de tanto orgullo.

“Perdón…, siempre me emociono… Amo demasiado a esos pollitos”, prefiere escribir.

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Matices ya ha podido dialogar con el público. (Foto: Tomada del perfil de Facebook de Pachi Ruiz)

Aunque les parezca fragmento de película romántica, fue ese el bautismo de fuego de la banda Matices, la unión de una gran familia de amigos, bajo la guarida segura de la cofradía más musical de Trinidad y ya con creces demostrado en Cuba y gran parte del mundo.

“Ellos todos los días me hacen recordar que fui un niño con deseos de hacer música y aprender. Forman parte de una mecánica de experimentación que puedo hacer con los sueños armónicos que me vuelan las canciones que me nacen”, dice Eusebio (Pachi) Ruiz Silvén, en un mensaje audiovisual que ha puesto a rodar en la red social YouTube, a modo de presentación del nuevo proyecto.

GÉNESIS

Pero esa historia tiene sus orígenes en los primeros años de este siglo, cuando la tercera villa de Cuba le abrió los brazos a Musicarte, una iniciativa cultural que mediante talleres ha conducido a varias generaciones de trinitarios en el panorama artístico.

La formación de infantes en el mundo de la música, la danza y la proyección escénica fue secundado por la Oficina del Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios. Gracias a ese impulso cultural, sus integrantes se han robado ovaciones en el Festival Carrusel de Colores en la villa, protagonizaron la producción musical Cantarte a ti, en homenaje a los 500 años de la añeja villa y han merecido numerosos reconocimientos en varias ediciones del Festival de la Canción Infantil Cantándole al Sol, tanto a nivel provincial como nacional, así como en el Cuba, qué linda es Cuba y el Coral Pioneril.

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Tomada del perfil de Facebook de Lía Llorente. (Foto: Tomada del perfil de Facebook de Lía Llorente)

“En lo profesional y humano el trabajo con los niños nos ha dejado muchas satisfacciones”, añade Lía y regresa a Moa, su tierra de cuna, donde ella descubrió la magia infantil al laborar en una escuela primaria.

Aferrados a no dejar la casa de sus padres adoptivos, varios de los primeros integrantes de Musicarte siguieron bajo los acordes de Cofradía, aunque ya por edad el proyecto inicial les quedaba pequeño.

“Empezamos a crecer y queríamos hacer algo más que cantar. Apostamos por descubrir los instrumentos que nos permitieran crear una banda. Ese fue siempre nuestro sueño”, explica Aitza Ruiz Pérez, una de las voces líderes del grupo.

“A los 14 años se deja de estar en Musicarte y nos percatamos que ese grupito, con deseos de ser artistas profesionales, se caracterizaba por el amor, derrochaban muchas potencialidades. Por cuestiones de la vida, estuvieron distantes. Unos por cumplir con el servicio militar, otros por ir a estudiar fuera de la provincia… Pero, los invitábamos a nuestras presentaciones en la Casa Cofradía. Se los presentábamos a nuestros amigos músicos. Se desdoblaban en dúos, solistas… Hasta que pudieron más los deseos de hacer una agrupación que los ayudara a crecer. De ahí que surgiera la reunión en que preguntamos si estaban seguros de lo que querían hacer”, explica Lía.

LOS PRIMEROS ACORDES

Rubén Carlos González Iglesias, el mismo niño de cinco años que seguía de un lado a otro a Pachi asume la dirección musical de Matices. Sus estudios de canto coral en la Escuela Elemental de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus, se han solidificado con lo aprendido con el dúo y el instructor Hade Hernández, quien también forma parte de esta historia.

“Nos interesa mucho fusionar la música. Recoger distintos géneros siempre con la participación de la cubana que nos distingue. Somos expresión de esa mezcla de la que tanto se habla en nuestra cultura”, así describe Hade la sonoridad de la banda.

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El dúo Cofradía guía a los jóvenes artistas. (Foto: Tomada del perfil de Facebook de Pachi Ruiz)

La COVID-19, precisamente, propició la maduración de “la gran mecánica”, como los nombra Pachi. Primero mediante diferentes aplicaciones de mensajerías y luego en la propia casa de la calle Real del Jigüe hicieron eternas las jornadas entre acordes y arpegios.

“Ha sido un reto, pues en muy poco tiempo han aprendido a sonar como banda. Incluso, han descubierto instrumentos como Melissa González que se puso en la boca por vez primera un saxofón y ahí está disfrutándolo”, cuenta Lía.

“Cofradía quiere recrear su obra en las nuevas generaciones y pretende que nosotros formemos parte de todas esas enseñanzas. Además de todo lo musical que nos han transmitido, nos han enseñado una sinceridad increíble, principios, valores para desempeñarnos por la vida. Ha sido nuestra escuela y eso nunca va a cambiar, asegura Rubén.

Y en sus escasos meses de vida ya dos videos de Matices le dan la vuelta al mundo y los desborda la alegría por haber sido aprobados como miembros de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

“Era una meta y lo logramos. Ahora el reto será ganar algunas de las becas que ofrece la organización para seguir nuestra carrera musical”, opina la jovencita Aitza.

“Tenemos previsto montar un nuevo repertorio y queremos intercambiar con otros músicos jóvenes y otros no tanto, formar peñas, dialogar para sumar a quienes apuesten por ser parte de esta comunidad artística. Como nos han ayudado a nosotros, pretendemos extender nuestra experiencia a muchos otros”, dice de los anhelos para el 2021 Rubén, quien detrás del piano corrige cada desafinación.

Con esos espíritus bisoños de los ochos integrantes de Matices, Trinidad en muy poco tiempo caerá a los pies de sus compases. “Veo a esos niños entre cuatro o cinco años acompañando a Cofradía por Cuba y el exterior…”, concluye como un cuño Pachi en la presentación virtual de la banda que tanto tiene para regalar.

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