VIII Congreso del Partido en Cuba: La delegada de Jíquima de Alfonso

Para Regla Guevara Bonilla asistir al VIII Congreso del Partido será como ir a una clase de intercambio, aprendizaje y continuidad

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“Soy una pobladora más de este municipio, una gente común, y basta que me vean como Regla, la profesora”, declara. (Foto: José Luis Camellón/ Escambray)

Si se hubiese dejado llevar por los aromas del café que perfuman a Jíquima de Alfonso, un caserío trepado en la falda del lomerío de Fomento, tal vez Regla Lina Guevara Bonilla no hubiese matriculado su vida en el pupitre del magisterio. Tampoco hubo rezago de machismo que la atara a la casa, para bien tuvo a mano un sabio consejo: “Mi mamá me impulsó mucho a que me superara, y le hice caso”.

Un sueño que en otros tiempos pocos podían imaginar viviendo en un paraje medio perdido en el mapa, pero que la Revolución multiplicó en un mar de oportunidades y Regla Lina no perdió tiempo para estudiar y graduarse como licenciada en Español y Literatura. “Con empeño todo se logra”, dice como si quisiera revelar la contraseña que ha abierto cada paso de su obra laboral.

Desde joven la enseñanza y diversas responsabilidades en el sector llenaron la vida de una mujer que puede recetar clases de humildad, modestia y ejemplo; esposa y madre de tres hijos también profesionales; por si fuera poco dirigente de base desde los 14 años en su Bloque de la Federación de Mujeres Cubanas y secretaria del Comité del Partido en la Dirección Municipal de Educación, en Fomento.

Asistir como delegada al VIII Congreso del Partido —también participó en el anterior— es un mérito que ella lo traduce en compromiso a la hora de representar a sus compañeros de trabajo; pero dialogar con Escambray fue como caer en la emboscada que siempre esquivó, “porque solo me he dedicado a trabajar, a preparar a las nuevas generaciones, a servir a mi país y crear la hermosa familia que tengo; te aseguro que Regla es una fomentense más en este municipio.” Tanta modestia no hizo más que avivar el diálogo.

¿Llegaste al magisterio como una tabla de salvación?

Me incorporé por vocación, siempre me gustó ser maestra, tuve muy buenos profesores y me incliné por las letras porque me gustó escribir.

Una vez que me gradúo en 1988 empiezo a impartir clases en Fomento en una Secundaria, luego trabajé en igual nivel en Agabama, después pasé a la escuela integrada que se abrió en el período especial en Jíquima de Alfonso como jefa de Departamento de Secundaria Básica; más adelante me desempeñé como directora de la Facultad Obrera y Campesina para atender todas las comunidades del Plan Turquino de Fomento. Cursé la maestría y desde hace nueve años soy metodóloga de Organización Escolar en la Enseñanza Técnica y Profesional en el municipio.

De esa faceta, mitad profesora, mitad funcionaria, ¿cuál prefieres?

Prefiero el aula, la tiza, el pizarrón; esa práctica de la profesión, estar delante del estudiante es lo que enseña; claro, lleva autopreparación y una superación constante, pero la esencia es sentir amor por la profesión, por lo que uno realiza; cuando al profesor lo envuelve la motivación no necesita ni coger la tiza en la mano, el aprendizaje fluye, los alumnos aprenden.

Si en los tiempos difíciles me mantuve en el sector, aquí me jubilaré, porque el magisterio ha llenado mi vida, Educación es mi mundo.

¿Cómo has podido articular un recorrido laboral tan diverso y responsable, con la vida de mujer, madre y militante del Partido, sin separarte de Jíquima de Alfonso?

Con mucho sacrificio, dedicación y sentido de la responsabilidad; pero el sostén de mi trabajo ha sido mi familia: mi mamá, mi papá y mi esposo, que lo mismo cocina, limpia, que lava; sin esa retaguardia Regla Lina tal vez no se hubiese separado nunca de Jíquima de Alfonso, ni desarrollado en la vida.

Tengo mucho que agradecer porque siendo una campesina, viviendo en la montaña, negra de por sí, no hubiera podido avanzar en la sociedad, ni ser la profesional que soy si no fuera por esta Revolución.

¿Caminan separadas la metodóloga y la secretaria del Comité del Partido?

Son dos funciones que no se pueden separar, marchan unidas porque el Partido dirige, marca el camino y como profesionales de Educación tenemos que seguir esa política; la responsabilidad del Partido es otra herramienta, me nutre de mayor preparación para mi trabajo, me lleva a tener una participación integral en todos los procesos que ocurren en el centro; lo otro es ser ejemplo, tener disciplina y organizarse bien.

¿Qué expectativas te depara el Congreso?

Es un privilegio y también una responsabilidad participar en el Congreso porque mis compañeros se sienten representados a través de mí; se trata de asistir al Congreso de la continuidad y nosotros como educadores formamos esas generaciones que son y serán la continuidad de esta Revolución, confío en ese proceso.

Como cubana el Congreso me depara expectativas porque los objetivos esenciales están dirigidos a la proyección económica y social; desde el estudio que hicimos de los documentos hay un enfoque hacia la recuperación y avance del país, de manera que el Congreso estará enfocado en los asuntos medulares del momento.

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