VIII Congreso del Partido: Fidel omnipresente

En el VIII Congreso del Partido, primero en que Fidel no estará físicamente entre nosotros, estarán sin embargo su ejemplo y su prédica como cuando alertó contra las tendencias negativas y el peligro de que los cubanos mismos echemos por la borda la Revolución que nos dio soberanía, cultura, dignidad y justicia

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Fidel hace las conclusiones en la sesión final diferida del III Congreso del PCC, efectuada el 2 de diciembre de 1986. (Foto: Livorio Noval)

En medio de los azotes de la pandemia de COVID-19, cuando en muchos países se suspenden o reprograman eventos de todas clases y las conferencias nacionales e internacionales han pasado en su mayoría a la forma no presencial, la celebración en Cuba del VIII Congreso del Partido Comunista constituye una decisión valiente y necesaria.

Será este también un evento crucial como los anteriores, pero con un carácter muy particular, por cuanto será el primero en que no contemos entre nosotros con la presencia física de Fidel y su sabiduría inagotable, su aliento y su fe inconmovible en el triunfo de las ideas de un socialismo próspero, solidario y perfectible, en un mundo signado por el egoísmo, la ambición y la agresividad del sistema capitalista en su fase imperialista y fascista.

Fidel siempre estuvo convencido de que, entre los principales factores que nos permitieron y nos permiten salir airosos en la enorme desigual batalla contra el imperio figuran la razón y la ética, y por ello siempre se mostró inflexible contra los relajamientos de la disciplina y la legalidad, partiendo de que nuestra moral y nuestros principios como nación y como individuos no son negociables.

Estas ideas las expuso muchas veces el Comandante en Jefe durante los años que estuvo al frente de los destinos de Cuba, y, de manera especial, el 19 de abril de 1986 en la clausura del acto central nacional por el aniversario XXV de la victoria de Playa Girón, cuando arremetió con fuerza singular contra las ilegalidades y tendencias negativas que se estaban manifestando en la sociedad.

Volver a la lectura de la versión escrita de sus palabras lleva al convencimiento de que, de algún modo, la historia se repite, porque seguimos teniendo ante nosotros al mismo enemigo, y que, salvando los años que median y los cambios ocurridos en el mundo, los problemas que enfrentamos hoy son, en principio, los mismos de entonces.

No se trata de reproducir aquí la extensa enumeración que hizo Fidel 35 años atrás de estos problemas, cuando se enfocó en ellos como parte de la lucha que lideró y llevó hasta donde se lo permitieron sus energías y el entono interno y externo existente. Baste decir que fue el inicio de una batalla enconada que dio sus frutos y cuya mejor prueba de éxito es la pervivencia misma de la Revolución cubana 62 años después de su llegada al poder.

¿Alguna prueba de la vigencia de sus palabras? Pues vayan estas como botón de muestra. Después de referir las dificultades de tipo económico que enfrentaba la economía cubana debido a los daños ocasionados el año anterior por el huracán Kate, la oscilación del poder adquisitivo del dólar y la de los precios del petróleo, que nos costaron cientos de millones de dólares, el Comandante expuso: “¿Por qué menciono aquí, en ocasión del XXV aniversario, estas cuestiones? Porque ahora no estamos luchando contra los mercenarios, no tenemos invasiones mercenarias; sin embargo, tenemos otro tipo de mercenarios, o gente que hace el papel de mercenarios, incluso a veces gente que se suele llamar buena, gente dispuesta a combatir por la Revolución si hay guerra, pero que hace cosas que van contra los intereses de la Revolución” (…).

No habló en abstracto Fidel, sino que fustigó duramente a los que haciendo inventos de todo tipo y recurriendo a ilegalidades percibían grandes sumas de dinero, corrompiendo y dañando el tejido social; a los que cobraban excesivamente por algún tipo de trabajo, apenas sin trabajar; a los que se apropiaban de los bienes del Estado, a los que robaban y, en el caso de ciertos directivos de la esfera económica, se conducían sin sensibilidad revolucionaria. 

Y abundó Fidel: “Ya ustedes se imaginan, ese que gana 100 000 pesos gana veinte veces en un año lo que ganan los médicos que hacen el trasplante del corazón, ¡veinte veces! Yo he visto a esos médicos abnegados, modestos, con su salario, que pueden ser 5 000, incluso hasta 6 000 pesos en un año; y algunos individuos, haciendo chanchullos, o cosas parecidas, se han ganado 100 000 y más”.

Más adelante en este discurso puntualizó el Comandante en Jefe otras cuestiones de principio, cuando expresó: “Admitido que dentro de la fórmula socialista caben las primas (…) que signifiquen el resultado de un buen trabajo, pero un real buen trabajo, y no primas porque hubo una rentabilidad falsa ya sea porque se inflaron los precios, porque se cobró 40 000 por un piso y 10 000 por un trabajo que podía haber costado 500; así cualquiera es rentable, así es fácil encubrir la desorganización y la ineficiencia, elevando precios”.

El líder histórico de la Revolución cubana auguró entonces: “Esta lucha va a ser larga, y no va a ser de un quinquenio, toda la vida tenemos que estar luchando contra esta tendencia, porque siempre hay dos bandos, lo dijo Martí: los que construyen y los que destruyen. Hay un gran bando numeroso, que construye; pero están los del otro bando, donde se ubican los inconscientes, los indolentes, los irresponsables…

Pero aquel año 1986 —el de la celebración del acto central nacional por la efeméride del Moncada en Sancti Spíritus— revistió en Cuba, entre otras particularidades, la de comenzar en el plano político con la celebración del 4 al 7 de febrero, del III Congreso del Partido, que analizó entre otras cosas el Programa a desarrollar en el quinquenio que comenzaba, y que, por las peculiaridades de la situación económica interna y en la arena internacional, tuvo una sesión diferida el 2 de diciembre del propio año en el teatro Karl Mark, donde el líder de la Revolución volvió a insistir en la lucha contra las desviaciones de todo tipo enunciadas en su discurso por el primer cuarto de siglo de Girón.

Pero ya aquí, en ese cierre oficial del III Congreso, pudo Fidel, al cabo de un profundo proceso de análisis en la sociedad a todos los niveles, hablar de tareas en ejecución y los primeros logros en la implementación del Programa del Partido, como la creación y puesta en funcionamiento de las escuelas de ciencias exactas, el comienzo de la introducción progresiva en aquel año de la enseñanza de la computación en todos los centros de nivel medio del país y los avances en la materialización del programa del médico y la enfermera de la familia, entre otros.

Nunca dejó Fidel de abordar los temas de la legalidad y la lucha contra las tendencias negativas en cada magno evento partidista, hasta el V Congreso, efectuado del 5 al 10 de octubre de 1997, que fue el último en que participó, debido a que, acontecimientos trascendentales como el desplome del campo socialista europeo y el consecuente período especial en tiempo de paz decretado en Cuba obligaron a un impasse de 13 años hasta la convocatoria del VI Congreso, efectuado del 16 al 19 de abril de 2011, cinco años después de que, por motivos de salud, cesara en sus cargos al frente del Partido y el Estado.

Muchos sucesos tuvieron lugar hasta la celebración del séptimo cónclave de los comunistas cubanos, celebrado en abril de 2016, a pocos meses de la visita del Presidente estadounidense Barack Obama a Cuba, en lo que constituyó un acaecimiento de repercusión mundial. Saltó a la vista en esa magna reunión la presencia como delegado de René González Sehwerert, uno de nuestros cinco héroes luchadores contra el terrorismo, quien guardó prisión junto a sus compañeros en cárceles del imperio, sin claudicar ni un milímetro en sus principios.

Allí, siguiendo el legado de Fidel y sin demeritar la importancia del factor económico, René llamó a potenciar la relación del Partido con sus bases y con la sociedad toda; a defender su legitimidad en tanto organización política rectora, a optimizar su política comunicacional y a analizar las relaciones mercantiles y su impacto en la conciencia social.

Y todavía hizo René una observación capital y fue cuando expresó que, a su juicio, “es el hombre que hemos creado, único en la historia. Todavía no se ha creado en otra sociedad la capacidad para la fraternidad, la sensibilidad humana que ha producido Cuba. Tenemos que defenderlo frente a las relaciones mercantiles que se nos van imponiendo, y que vienen a golpe de billetes”. Era como si por su intermedio estuviese hablando el mismísimo Fidel.

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