Trinidad: restauran torre campanario del Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos (+fotos)

Los trabajos, a más de 35 metros de altura, son ejecutados por trabajadores de la mipyme Carmona, con experiencia en este tipo de restauración y sobresalen por la calidad de las pinturas empleadas y el tono llamativo de los colores

La torre del Convento de San Francisco de Asís es el símbolo por excelencia de la villa y de los trinitarios. (Fotos: José Lázaro Peña/Escambray).

La torre campanario del Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos luce todo su esplendor de antaño. Los más hermosos tonos de amarillo Trinidad, blanco y rojo terracota en su cúpula pueden admirarse desde cualquier punto del Centro Histórico de la urbe que se embellece como respetable dama para su cumpleaños 510.

Hasta lo más alto del inmueble, a unos 35 metros, escalan los jóvenes santiagueros Yasmany Barroso Pérez y Yoandri García Estrada para dar los toques finales a la rehabilitación exterior del antiguo Convento de San Francisco de Asís, mientras transeúntes y curiosos observan las peripecias de estos alpinistas restauradores de edificios.

“Me siento bien- cuenta Yasmany a Escambray mientras toma un receso. Cuando pasas el curso, se comienza por lugares bajitos para ir acostumbrando al cuerpo, pero a medida que empieza la adrenalina a explotar quieres subir más y más”.

Yoandry, su compañero, apenas tiene 23 años y ya ha escalado edificios de 18 plantas en su natal Santiago. “Son casi 58 metros. Es un trabajo bonito y complicado. Lo más importante es tener en cuenta todas las medidas de protección. Nunca me confío”, asegura.

Ellos integran la mipyme Carmona, del municipio de Jatibonico, con probada experticia en este tipo de trabajo que requiere una alta cuota de preparación, concentración y coraje. Omar Carmona, su titular, insiste en que lo más importante es la seguridad de la brigada.

“No realizamos ningún trabajo sin revisar antes los equipos y cumplir con todas las medidas. Allá arriba te equivocas una sola vez. Es impresionante el cariño con que nos han acogido los trinitarios. Nos observan, hacen fotos, piden que nos cuidemos. Tenemos el compromiso de terminar esta obra con calidad para que perdure”.

UN ÍCONO DE LA CIUDAD

La torre del Convento de San Francisco de Asís es el símbolo por excelencia de la villa y de los trinitarios. Su construcción se remonta a la etapa colonial y al dejar de funcionar como institución religiosa de la Orden Franciscana, acogió primero una escuela hasta que finalmente abrió sus puertas como Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos.

Según Yara Aróstica, directora de la institución, es la torre más alta que se erige en la tercera villa- 35 metros hasta la cúpula-. “Se puede admirar la ciudad desde todos los ángulos. Algunas personas nos comentan que han tomado fotos y cuando las comparan con otras tomadas a la misma hora y con la misma cámara, son diferentes. Es un lugar maravilloso”.   

La rehabilitación exterior del edificio es el resultado de la voluntad colectiva. La Oficina del Conservador de Trinidad y el Valle de los Ingenios aportó el financiamiento- cercano a los 2 millones de pesos- y acordó contratos con esta mipyme radicada en Jatibonico, que ha ejecutado labores similares en la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena y la Casa de la Cultura en la capital espirituana, entre otras obras.

En la etapa de preparación técnica de la intervención participaron restauradores del museo, especialistas de la oficina y el proyecto de desarrollo local San Francisco. Lázaro Benítez y Yordanis Jiménez, sus titulares, valoran de imprescindible la indagación histórica acerca de la escala de olores originales del inmueble.

Los escaladores que por estos días embellecen la torre del convento conocen del apego de los trinitarios por este símbolo.

“El verde y el amarillo predominaron en el siglo XVIII; en los primeros años del siglo XX se incorporó el blanco; por eso ahora se suma esta tonalidad que no rompe para nada con la gama de colores que mostró la urbe en aquella época. Desde la ciencia estudiamos la evolución histórica del inmueble y del museo en así, más abierto a la comunidad”, refiere Lázaro.

Los escaladores que por estos días embellecen la torre del convento conocen del apego de los trinitarios por este símbolo. Brocha en mano, se deslizan de una pared a otra, no sin antes chequear cuerdas, guinches y arnés de distintos tipos y calibres. Los rodea el azul del cielo y el verde de las montañas en un contraste que emociona.

Estos métodos favorecen el acceso a los elementos arquitectónicos con mayor facilidad a la vez que garantiza una labor de calidad óptima. “Hablamos de una superficie aproximada de 1500 metros y unos 600 metros con trabajo de alpinismo. Eso ha demandado alrededor de 400 litros de pintura importada, de alto rendimiento”, expone Omar atento a cada maniobra de sus muchachos.

El aplauso para estos restauradores del patrimonio desde las alturas, quienes devuelven la lozanía a un ícono de esta ciudad, la torre campanario del Museo Nacional de la Lucha contra Bandidos.

Ana Martha Panadés

Texto de Ana Martha Panadés
Reportera de Escambray. Máster en Ciencias de la Comunicación. Especializada en temas sociales.

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