Cortés y su partida a la conquista de México

La preparación de la expedición hacia el imperio azteca tuvo como escenario clave la villa trinitaria, a fines de 1518

Durante los 12 días que permaneció en Trinidad, Hernán Cortés desplegó una frenética actividad.

A finales de 1518, la entonces recién fundada villa de la Santísima Trinidad, en la costa sur de Cuba, se convirtió en escenario clave de uno de los episodios más decisivos de la conquista española en América: la preparación de la expedición de Hernán Cortés hacia el imperio azteca.

Tras los fracasos de las incursiones previas de Francisco Hernández de Córdoba (1517) y Juan de Grijalva (1518), el gobernador Diego Velázquez designó a Cortés —su antiguo secretario, luego rival reconciliado— para encabezar un nuevo viaje. Cortés, desobedeciendo las órdenes del gobernador, convirtió esta expedición en una empresa ambiciosa de conquista y colonización.

El 18 de noviembre de 1518, arribó al puerto de La Boca, en la desembocadura del río Guaurabo, con 10 navíos y unos 400 hombres procedentes de Santiago de Cuba. Siguiendo la misma ruta que años antes había tomado Velázquez, remontó el río y ató sus embarcaciones a una frondosa ceiba, a una legua de Trinidad.

Los conquistadores subieron la cuesta que conduce a la villa de La Trinidad. Según relata el cronista Bernal Díaz del Castillo, los vecinos de Trinidad, “muy buenos hidalgos”, salieron a recibir a los expedicionarios con júbilo.

Cortés se instaló en un bohío de guano y tablas de palma que había pertenecido a Juan de Grijalva, ubicado donde hoy se encuentra la Galería de Arte (Desengaño y Real), frente a una explanada de tierra, que luego sería la Plaza Mayor.

Durante los 12 días que permaneció en Trinidad, desplegó una frenética actividad: hizo plantar su estandarte de tafetán negro con una cruz roja y la leyenda “Sigamos la cruz y con esta señal venceremos”, y ordenó pregonar por toda la villa la invitación a unirse a la expedición, prometiendo grandes riquezas a quienes se enrolaran.

Reunió armas, provisiones y hombres, tanto voluntariamente como por la fuerza. Entre los que se sumaron destacaron los hermanos Alvarado, Alonso Hernández Portocarrero, Pedro Sánchez Farfán y su esposa María Estrada —quien, según las crónicas, realizó numerosas proezas con la espada—, el músico Juan Ortiz y varios vecinos de Sancti Spíritus.

Uno de los episodios más recordados fue la intercepción de un navío cargado de alimentos, propiedad de Juan Sedeño, que pasaba frente a las costas trinitarias. Cortés ordenó a Diego de Ordaz abordarlo, y terminó apoderándose de 4 000 arrobas de pan, 1 500 tocinos y muchas gallinas, y pagó con piezas de oro. Sedeño, lejos de protestar, se unió a la expedición y llegaría a ser uno de los más ricos conquistadores. Este fue el primer acto de piratería en tierras americanas

Enterado de los movimientos y temiendo una nueva traición, Velázquez envió desde Santiago a dos mensajeros con la orden de detenerlo. Sin embargo, Cortés logró ganarse al alcalde mayor de Trinidad, Francisco Verdugo —cuñado de Velázquez, que se uniría a la campaña de Cortés— y uno de los enviados, Pedro Lazo, terminó uniéndose a la aventura conquistadora.

El 10 de febrero de 1519, tras una escala en San Cristóbal de La Habana (entonces situada al sur, cerca de Batabanó), Cortés zarpó finalmente hacia México con 11 navíos, unos 700 hombres, alrededor de 1 000 indígenas aliados, 14 cañones, numerosos caballos y abundantes víveres.

Su partida dejó a Trinidad sumida en la miseria y casi despoblada. Muchos de sus vecinos más valiosos se habían marchado, las provisiones escaseaban y, años después, en 1527, un fuerte ciclón arrasaría la villa.

Ante tantos desastres, conforme a una carta de Manuel de Rojas (gobernador en Cuba) al rey de España tras visitar a Trinidad, informó que quedarían en la Villa unas 11 o 12 personas.  Su área se limitaba al rectángulo formado por las calles de Real, Boca, Cristo y Desengaño, es decir, los alrededores de la Iglesia y Plaza Mayor. Esta situación determinó incluso que un indio fuera designado alcalde mayor de la villa.

Mientras Trinidad pasaba por esta situación, Cortés aprendió que la conquista de México no se lograría solo con fuerza bruta, sino mediante alianzas con pueblos indígenas; y, con astucia política y militar, aprovechó la superioridad tecnológica y las divisiones internas entre los indios para construir su camino a la conquista de ese territorio.

Tras la caída de Tenochtitlán en 1521, después de un largo asedio, Cortés sentó las bases del Virreinato de Nueva España, inaugurando tres siglos de dominio español, un profundo mestizaje y la transformación irreversible del mundo mesoamericano.

Aunque la expedición marcó el inicio del fin del imperio azteca y cambió el curso de la historia continental, también evidenció el alto costo que estas empresas extractivas tuvieron para las incipientes comunidades colonizadoras en Cuba.

Trinidad, no obstante, logró renacer con el tiempo, gracias al desarrollo azucarero y cafetalero, y hoy se mantiene como Patrimonio de la Humanidad y testimonio vivo de aquellos días en que sus calles empedradas vieron pasar a uno de los hombres más audaces de la conquista.

Manuel Lagunilla González

Texto de Manuel Lagunilla González

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