Una carta para toda la vida (+fotos)

Diamila Peña Rojas y Luis Manuel Mesa Palacios se unieron hace más de 30 años, gracias a una carta de la infancia. Escambray se acerca a esta sui géneris historia de amor en el día de San Valentín

Del amor de Diamila y Luis Manuel nacieron dos hijas que hoy tienen 19 y 21 años. (Fotos: Roberto Javier Bermúdez/Escambray)

AÑO 1981. LA FRAGUA, SANCTI SPÍRITUS

Diamila tenía 12 años, era trigueña, de pelo crespo, aplicada. Cursaba el séptimo grado en la Secundaria Básica de Guayos. “Estuve enferma, no recuerdo de qué, y para entretenerme en casa escribí a la sección Me quieres escribir, de la revista Pionero”.

La adolescente recibió muchísimas cartas, pero no respondió ninguna. Entre esas, una de Luis Manuel, un niño pinareño.

Con la frase “Hola, me llamo Manolito”, iniciaba la misiva que cambiaría, tiempo después, sus vidas. “Me contó sobre sus padres, la escuela y hasta me envió una foto”, rememora Diamila al paso de los años.

Diamila pudo conocer finalmente en su etapa de estudios universitarios.

AÑOS 1987-1992. UNIVERSIDAD DE PINAR DEL RÍO HERMANOS SAÍZ MONTES DE OCA

La espirituana viaja hasta Pinar del Río para estudiar Geología, donde había muy pocos coterráneos.

“En las vacaciones de segundo año para tercero recogí mi closet ─de la casa en La Fragua─ y encontré la carta de Manolito. La releí y dije: Es de Pinar, voy a preguntarle a mis amigas.

“Cuando inició el curso en septiembre le comenté a mi compañera de cuarto sobre Luis Manuel, la carta que me había mandado y los detalles de la historia que hasta ese minuto no tenía nada de relevancia.

“Mi amiga Yoandra, increíblemente, vivía en el mismo lugar que él y me dijo que estudiaba Mecánica”.

Manolito se convirtió el muchacho más buscado de la facultad hasta que le dejaron el recado que pasara por un cuarto del último piso de la beca, que una muchacha de Sancti Spíritus tenía una foto suya. Se preguntaba cómo su imagen había llegado hasta alguien de tan lejos. Ya había olvidado la carta que alguna vez le había enviado a Diamila.

“Por la noche fui a su cuarto, por tanta insistencia. Me enseñaron la foto con la dedicatoria y la carta. A mí me cambiaban los colores, no sabía qué decir”, cuenta Manolito risueño y sonrojado.

“Recuerdo perfectamente que la tinta del bolígrafo era roja y que sí, el de la foto era yo. Pero no me acordaba de haber escrito esa carta que terminaba diciendo que era un alumno ejemplar”.

Así comenzaba la historia de Diamila y Luis Manuel que, gracias a las casualidades, se escribieron, se encontraron y más tarde se enamoraron.

“Es que uno lo dice y no lo cree —reflexiona Manolito—. Enviarle una carta con mi foto; ella de Sancti Spíritus a Pinar para estudiar; conservar la carta y buscarme; su amiga de cuarto conocerme porque vivíamos en el mismo lugar…”.

Diamila invitó a Manolito a su cumpleaños y desde entonces comenzaron a visitarse, a compartir. “A mis amigas y a mí nos encantaba ir a la Casa del Té y lo invitábamos; iba solo por acompañarme, después que entró en confianza me dijo que no le gustaba el té”.

El joven pinareño les comentó a sus padres de Diamila, a quien le había mandado la carta cuando pequeño, y que ahora estudiaba en la Universidad. “Tráela, que hay que conocerla —me dijeron enseguida—. Ellos sí se acordaban de la carta”.

Entonces Diamila fue aún sin ser su novia a conocer a sus padres, en Niceto Pérez o Rancho Mundito, como también se conoce esa zona que, en la actualidad, pertenece a la provincia de Artemisa.

“Me estaban buscando novia hasta que les dije que la que me gustaba era ella. En abril de 1990 nos hicimos novios”. Se casaron el 19 de agosto de 1994 y, según cuentan, de Pinar vino hasta Sancti Spíritus un camión lleno de gente para la boda.

Diamila se graduó y regresó a su tierra; más tarde, Manolito también vino para Sancti Spíritus. Aquí se han arraigado hasta hoy.

SIGLO XXI. SANCTI SPÍRITUS

Él ya trabajaba en los talleres del Ministerio de la Agricultura y ella en la Delegación Provincial de Recursos Hidráulicos. Pensaban en aumentar la familia. Diamila estuvo seis años en la consulta de infertilidad, pero en 2005 nació Dayla.

Manolito recibió una llamada durante una estancia en La Habana. Era Diamila. Lo felicitó y él se preguntaba qué fecha se le había olvidado. “Vas a ser papá”, le dijo y ese día todos sus amigos fueron a festejar la noticia.

“Los nueve meses de embarazo los pasé acostada, Dayla era un feto muy valioso. Cuando nació seguí al pie de la letra cada indicación”. En 2007 nació Diana, su segunda hija, y fue mucho más fácil.

En una de las visitas a Pinar del Río, la tierra natal de Luis Manuel.

Las niñas pensaban, las primeras veces que escucharon la historia de sus padres, que era fantasía; con el tiempo conocieron los detalles y supieron que era realidad; que las casualidades sí existen y son fruto de ello.

Aquella cartica escrita como quien no quiere las cosas marcó para siempre el destino de Diamila y Manolito. Más de 30 años de matrimonio y dos hijas preciosas son el saldo de esta historia que parece guion de telenovela.

Dayla y Diana ya están grandes. La primera estudia Bioquímica y la segunda, Ingeniería Civil; pero escuchando, otra vez, la historia de sus padres sus rostros lucen como los de dos niñas a quienes les están leyendo un cuento de hadas.

Manolito, ¿pensaste que aquella cartica iba a tener tanta repercusión?

“Muchacha, ¡esa carta me ha costado!”.

La familia sonríe a carcajadas con la broma, se miran entre sí como si ni ellos se creyeran la historia que acaban de contar; pero es cierta, como cierto es el amor que los mantiene unidos.

Adriana Alfonso Martín

Texto de Adriana Alfonso Martín

Escambray se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social, así como los que no guarden relación con el tema en cuestión.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *