El lirismo ingenuo de Armanel

Los motivos rurales devienen Leitmotiv de la muestra.Armanel Vera Suárez podría conformar la relación de autores espirituanos que bajo la rúbrica de arte ingenuo, naif o popular prestigian nuestro territorio.

Un talentoso artista naif ha aparecido en el firmamento espirituano׃ Armanel Vera Suárez (1976). Sus tallas en madera constituyen un festín de ingenuas visiones sobre personajes y ambientes de Fomento, su terruño natal. Son obras que expresan el modo de contemplar la vida. Con espontaneidad y frescura nos regala una visión particular del acontecer cotidiano.

Fiel a su nombre de estirpe rural, de donde proceden los padres, este creador exhibe en la Galería de Arte Oscar Fernández Morera, de Sancti Spíritus, sillas decoradas con sabor popular, cuadros y platos de madera con escenas campesinas en pleno laboreo diario entre árboles, lomerío y animales, así como vistas aéreas del pueblo que lo vio nacer.

El conjunto expuesto, identificable con la sugestiva identidad de Tallando la vida, expresa el deseo de habitar un microcosmo que transpira sentido de pertenencia. Algunos nombres de las obras así lo revelan׃ Paisaje de mi pueblo, Amanecer en el campo cubano, El vigilante del monte y otros sin títulos que sintetizan el mundo vital del artista.

Entre las cualidades apreciables de las propuestas en bajo relieve de Armanel se intuye la fuerza expresiva que le imprime a cada pieza. Podría etiquetarse bajo el rubro de expresionista por ese deseo manifiesto de subrayar con la filosa punta de la gubia profundas huellas que dotan de movimiento inusitado al ámbito rural o urbano que recrea. Bajo esa óptica, se produce un contrapunto entre el inquietante espacio físico y la calma edénica de quienes lo habitan.

Cuando labora con los fragmentos de madera que integran espaldares y fondos de las sillas de hierro recicladas la mirada expresionista se hace más notoria. Una parte de ellas recuerda las máscaras que diseñan artistas africanos con fines ceremoniales, como la cultura Mayombe, aunque aquí se trata más bien de las visiones de Armanel, quien con goloso deleite distorsiona los rostros para revelarnos dentro de una estética de la fealdad el inquietante mundo del horror imaginario.

Si bien es cierto que en la muestra que él exhibe en la galería de arte no hay máscaras como tal, el espectador podrá contemplar algunas de ellas en el Fondo Cubano de Bienes Culturales. Por rara coincidencia esas obras se emparientan también con imágenes de tendencia monstruosa que utilizan etnias indígenas latinoamericanas para sus danzas religiosas como las dedicadas a Viracocha, el dios supremo de la mitología inca.

Aunque se aprecia habilidades suficientes para tallar la madera, por lo general cedro y caoba, estimo que algunas piezas necesitan mejor definición entra las luces y sombras para lograr mayor contraste entre las figuras y el fondo. Quizás se podría emplear lija fina o un paño grueso que aclare el tinte de los relieves. De igual modo debería emplearse la madera y no la cabilla de hierro para conformar cada silla, consolidando así la cualidad de objeto esculturado no industrial.

En fin, luego de deleitarme con las obras expuestas bajo la denominación de Tallando la vida, sospecho que ellas poseen como denominador común el lirismo que todo lo envuelve en un hálito de misteriosos equilibrio entre la naturaleza/entorno urbano y las figuras humanas que se desplazan como criaturas gozosas por el espacio que les ofreció el artista.

Armanel Vera Suárez podría conformar la relación de autores espirituanos que bajo la rúbrica de arte ingenuo, naif o popular prestigian nuestro territorio como El Monje, Benito Ortiz, William Saroza, Benita Martín, Margarita Porcegué, Caracusey, Erasmo Rameau, Elio Vilva y Eduardo Cornelio, entre otros. Por sus apreciables méritos es miembro de la Asociación Cubana de Artistas Artesanos y ha participado en una veintena de exposiciones colectivas durante su corta pero fructífera labor profesional. Esta es la primera exposición personal que brinda al público espirituano.

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