La tierra es mi centro de trabajo

Ramón: Me siento un campesino realizado, cuando me propongo algo, lo planifico bien y lo trato de hacer lo mejor posible.Arrimado siempre al campo, Ramón Marrero Medina atesora un aval de productor agropecuario que supera las cinco décadas.

La vida del campesino taguasquense Ramón Marrero Medina destila sacrificio y ejemplo; poco adelantó en los estudios escolares, pero enyugado al interés y a la experiencia ha logrado cultivar una honrosa obra agropecuaria y nunca ha dado la espalda al compromiso de entregar las producciones.

La Campana y Santa Rosa han sido los escenarios que archivan la huella productiva de este guajiro, devenido paradigma dentro del sector anapista de la provincia. “El que inició décadas atrás el Movimiento de los 1 000 quintales entre los campesinos espirituanos fui yo”, dice Marrero, recostado a su taburete de siempre, apenas empieza la mañana; “Dije que un campesino podía producir esa cantidad de comida y lo hice durante muchos años sin afectar el tabaco, mi cultivo principal”.

¿Cuál es su arma secreta para producir?

Tener interés y estar metido en varias producciones; aquí no vale que tú digas: voy a trabajar duro dos días porque cuando pasen, quizás tengas más cosas que hacer. La jornada de un campesino es larga, la mía comienza de madrugada, ordeñando vacas.

¿Solo con interés se hace parir la tierra?

El campo también es de ideas y de saber lo que estás haciendo y organizarse, porque hoy estás en esto, mañana le toca a lo otro, y tener claro que hay cosas que no esperan. Esa enseñanza empieza de chiquito, la adquirí de mi papá; antes no había muchas escuelas, pero las cosas del campo sí se aprendían bien.

¿Cómo puede cumplir con varios contratos a la vez?

Con mucho autocontrol, tengo esos compromisos a la mano y sé lo que tengo que entregar cada mes; yo siempre propongo la cantidad, pero este año, por ejemplo, me pidieron que subiera la entrega de leche en 7 000 litros más, y hasta ahora eso va bien. Al que está en la tierra lo que le hace falta es el interés, el deseo, que le den los recursos que pide, lo otro le toca ponerlo al campesino; no necesito un reloj ni un jefe atrás de mí para aprovechar la jornada, ni que me citen a reuniones, la dirección de la cooperativa puede venir a visitarme, a conversar conmigo, pero para pedirme que entregue la leche no es preciso que venga, la doy al Lácteo porque es lo correcto y le hace falta al país; para mí entregar la comida es un problema de honor.

¿Se comportan igual las cosechas antes y ahora

¡Qué va!, el clima no es igual, si no usas los paquetes tecnológicos no logras nada, hay muchas plagas, enfermedades, antes no pasaba eso; sin exagerar te digo que hoy para coger un pepino hay que volverse artista.

No soy ingeniero, pero la experiencia vale mucho, sé cuando ataca una plaga y hay que fajarse rápido con ella, utilizo mucho los medios biológicos porque en estos tiempos hay que hacer agricultura con lo tradicional y con las nuevas tecnologías. Antes hacía una vega de tabaco y no tenía ni una manchita para fumigar; ahora sin los productos no salvas la vega.

¿Por qué no se fue para el pueblo?

Ni me voy tampoco, el campesino es del campo; vaya, no critico a nadie que lo haga, pero si abandono la finca y me voy para Taguasco, quizá una noche el ganado rompe la cerca, se sale, como estoy aquí puedo recogerlo; si estoy en el pueblo, ¿a dónde van a parar esas reses? El que tiene tierra debe estar en ella.

¿Qué planes tiene Marrero a los 70 años?

Siempre hay aspiraciones de hacer algo nuevo, por ejemplo, montar una buena ganadería, estoy trabajando en eso, he comprado algunos sementales de raza y voy a tratar de buscar nuevas vacas, para tener más producción. Me siento un campesino realizado, cuando me propongo algo, lo planifico bien y lo trato de hacer lo mejor posible.

No me acepto incumplir con un plan, me sentiría mal el día que pase eso, pero te aseguro que trataría de buscar la forma de cumplir. Una vez sembré tabaco en noviembre en la cooperativa Alberto Mansito, en un año de mucha sequía y la presa se estaba secando; me di cuenta de que allí no cumpliría el plan, vine para Santa Rosa, en enero sembré 80 000 posturas y cumplí el compromiso de esa cosecha.

Llevo en una libreta un autocontrol diario de la entrega de leche, el Lácteo lo hace, pero yo tengo el mío, voy chequeando cada decena a ver cómo marcho en el plan y así tengo la seguridad de que a fin de mes cumplo; revise ahí y vaya a ver si encuentra algún día por debajo de lo que debo mandar. En mi vocabulario no está la palabra incumplir, nunca me he parado en una reunión a dar explicaciones porque no llegué a un compromiso, la palabra para mí es ley.

¿No ha sentido deseos de separarse del campo?

Uno se acostumbra al trabajo, a ese sacrificio de levantarse todos los días a las tres o las cuatro de la madrugada. Fíjate si la costumbre influye, que no me hace falta usar reloj para despertarme a esa hora. Vamos a ver hasta donde los años me dejan trabajar, he tenido mucho apoyo de mi familia, tengo el relevo, a mis hijos, preparados, saben bastante del campo y tienen experiencia.

Si la tierra es mi centro de trabajo, lo menos que puedo hacer es esforzarme para hacer las cosas lo mejor posible y lo que produzco entregarlo al Estado; el día que no sea así, no quiero tierra.

One comment

  1. Ramoncito Marrero, tremendo campesino, productor de tabaco, viandas, leche, cumplidor con los planes con el Estado, ejemplo que le ha dado a sus hijos que han seguido su camino.

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