¿Política invisible?

¿Artista de primer nivel? Ilustración Montos.
¿Artista de primer nivel? Ilustración Montos.

Durante años la política cultural en Sancti Spíritus sació el espíritu del público desde propuestas institucionales. ¿Cómo se comporta ello en estos tiempos?

 

Disonancias entre cuerdas

Proyecto de desarrollo local de Trinidad integra catálogo de Excelencias

Hoy, la apatía de las masas, el enraizamiento de la vulgaridad, la banalización, la adulteración de espacios arrendados por el sector no estatal y concesiones imperdonables a entidades locales ponen en riesgo este sistema de dinamización de la cultura.

Dicen que es un asunto del pasado, normas apolilladas que alguna vez dictaron pero cayeron en el limbo, sin salvación aparente; otros, defienden con fervor su permanencia, o al menos así lo declaran de boca hacia afuera, aunque cuando se apague la grabadora empiecen a titubear en los argumentos; algunos opinan que se impone repensarlas para no naufragar en la tormenta de los nuevos tiempos.

Así, tan heterogéneos como la cultura misma resultan los criterios en torno a la política cultural en el territorio, asunto peliagudo que suscita no pocas desavenencias entre el sector no estatal y el institucional: que si el primero tiende a la distorsión, que si el segundo también promueve malas prácticas en función de la economía, que si el Estado ahoga iniciativas decorosas bajo razones absurdas, que si todo es culpa del liderazgo…

Por semejante cuerda floja se aventura a transitar Vitrales para aquilatar la magnitud de un fenómeno de solución pendiente, más en un contexto donde la identidad cultural se enfrenta a patrones foráneos en la batalla por la colonización del pensamiento.

EN PAPELES SÍ, ¿Y EN LA PRÁCTICA?

“Déjame decirte que en Sancti Spíritus no existen políticas culturales”, afirmó tajante más de un entrevistado cuando el suplemento comenzó a concertar citas vía telefónica; una declaración con sentimientos a flor de piel, pues, si bien a veces permanecen en el universo de las gavetas cerradas, este conjunto de interacciones entre Estado e individuos para ordenar el desarrollo simbólico de la sociedad con vistas a satisfacer sus demandas culturales sí están reguladas en documentos oficiales.

Lo corrobora María Eugenia Gómez Pérez, subdirectora técnica de la Dirección Provincial de Cultura y Arte en Sancti Spíritus, al afirmar que dicho organismo “se rige por el Programa de Desarrollo Cultural, donde tenemos en cuenta los planteamientos de la filial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) y la Asociación Hermanos Saíz, de la Sociedad Cultural José Martí, entre otras instituciones que tributan a nuestro sector. Sobre la base de las deficiencias trazamos las políticas culturales”.

Si bien dichas estrategias abarcan todas las manifestaciones artísticas, la música, vista desde la tendencia actual que incorpora al producto sonoro lo audiovisual, constituye la más vulnerable en esta suerte de disturbio.

Así, la estampa de los reguetoneros invitando a “las mamis a perrear y mover la colita”, de improvisados DJ que vociferaban improperios, de la difusión de letras vacías… proliferaron al punto de convertirse en hechos habituales. Sin embargo, dichas prácticas no pudieron invadir espacios públicos sin el respaldo de los decisores, quienes en cierto momento confundieron recreación con cultura y no previeron —u optaron por lavarse las manos tiempo después— la deformación estética que socavaba a las masas.

De modo que comenzó a gestarse el clima actual, donde Marco Antonio Calderón Echemendía, presidente de la Uneac en Sancti Spíritus, sostiene: “La política cultural en la provincia es caótica, aleatoria, depende de quién la aplique, o mal aplique. Hoy se dice: ‘Eso es lo que quiere el público’, sin darse cuenta de que ha sido un proceso acumulativo de deformación del gusto estético. Nuestros funcionarios, no solamente del sector de Cultura, apenas reciben capacitación y te dicen que determinado producto es bueno basado en la popularidad. Si tu perspectiva de los procesos culturales, de las necesidades ciudadanas, de la creación de universos espirituales no existe, entonces no puedes ofrecer nada mejor que tu propia percepción precaria, limitada, y satisfaces gustos deformados”.

Así, reaparece el llevado y traído tema de la vulgaridad, la banalización, la chabacanería con la venia del Estado, que si bien encamina el discurso de arremeter contra las indisciplinas, admite en sus dominios a Osmany García para recaudar fondos, y en aquella institución del bulevar espirituano apenas figuran cuatro gatos en la propuesta cultural de turno.

Mientras, a varios kilómetros, se escucha un ruido similar. Mas, esta vez no proviene de la plaza, sino de un Círculo Social arrendado por un cuentapropista.

CULTURA POR CUENTA PROPIA

Apenas comenzó a afianzarse, el sector no estatal engrosó los achaques de la política cultural con nuevos dolores de cabeza. Ciertos restaurantes empezaron a ofrecer servicios hasta determinada hora para incluir después un concierto del artista que lograran contratar por sus medios; un digestivo musical de lujo. Luego, con la posibilidad de arrendar Círculos Sociales y otros locales, la práctica adquirió otra connotación: no se trataba ya de una presentación exclusiva para los comensales, sino de un concierto a la altura de los del teatro Mella o el Karl Marx.

Actualmente el sector del Comercio pone en manos de los cuentapropistas espirituanos cerca de 160 Círculos Sociales, aunque se pretende que la cifra de unidades incorporadas a este modelo de gestión económica sobrepase las 212, según declara Odalys Calero Iturriaga, directora económica de su Grupo Empresarial en Sancti Spíritus.

Más allá del dato estadístico, sin embargo, cabría cuestionar el uso de dichos espacios, sobre todo en lo referido a la contratación de artistas. Al respecto, la subdirectora técnica de la Dirección Provincial de Cultura aclara: “La contratación de artistas solo puede llevarse a cabo a través del Centro Provincial de la Música o Artes Escénicas. En este sentido, los municipios más recurrentes son Yaguajay y Jatibonico, donde trajeron hasta Los Desiguales y otros grupos de reguetón sin consultar, pero desde que aplicamos las medidas pertinentes, como multas y otras sanciones no ha vuelto a suceder”.

Llegado este punto cabría replantearse la radicalidad que atañe a la política cultural. Si bien resulta una verdad de Perogrullo impedir la presentación de agrupaciones que fomenten el mal gusto, la vulgarización, en medio de un panorama tan agrisado existen ejemplos loables, sofocados hoy bajo argumentos irracionales.

Vitrales recuerda aquel establecimiento en Trinidad que, aun sin escenario, devino una especie de mecenas de la buena cultura al poner a disposición del público la voz de figuras cimeras del pentagrama contemporáneo, cabe notar, nada afines al reguetón o la música estridente, sin cobro de entrada ni obligación a consumir; iniciativa que quedó ahogada bajo el argumento del objeto social: brindar servicios gastronómicos, no un concierto. Tal excusa, sin embargo, parece quedarles grande a algunos establecimientos del Estado, que bombardean de reguetón a los consumidores, quieran o no.

Según Juan Eduardo Bernal Echemendía, presidente de la filial provincial de la Sociedad Cultural José Martí, “el peligro no está en que sean privados o del Estado, sino en la capacidad de los dueños para articular una propuesta decorosa. No se puede medir a todo el mundo por el mismo rasero porque, si así fuera, serían muchas las instituciones estatales que deberían cerrar las puertas inmediatamente.

“Ninguna expresión de la cultura debe surgir o desarrollarse por competencia. Cuando las instituciones abren para rivalizar contra lo no estatal, o entre ellas mismas, la guerra está perdida antes de empezarla. No es inteligente ni lógico porque puede que una tenga lo que le falte a la otra. Tampoco creo que a los cuentapropistas se les haya capacitado al respecto. No los defiendo, pero tampoco los culpo”.

Por su parte, Carlos Sotolongo Gómez, director artístico de gran prestigio por estos lares, esgrime que si la experimentación está sustentada en la tradición y defensa de la identidad cultural, debería tenerse en cuenta. “Una cosa es imponer criterios o gustos y otra muy diferente es convertirte en un promotor de cultura. La apertura económica actual significa un coqueteo con el mercado. Puede que alguien esté interesado en trabajar la tradición desde nuevos aires y siempre que ese lenguaje esté sustentado en las raíces debe recibirse con respeto”.

De tales esencias bebió, por ejemplo, el dúo Cofradía cuando concibió su proyecto El lío de Lía. Si bien cuentan con el auspicio del centro Pablo, el apoyo solo se ciñe, y no de manera regular, al pago de la transportación. “Tuvimos alrededor de siete peñas en la ciudad y ante algunos inconvenientes decidimos conformar una estrategia que nos diera la posibilidad de realizarnos como músicos y, a la vez, darle un espacio abierto al público ávido de espectáculos trovadorescos”, señalan los protagonistas. Lo demás corre por cuenta de la guitarra, y a poco más de tres años de gestada la idea, Gerardo Alfonso, Inti Santana y la argentina Liliana Herrero, entre otros, han cantado en el jardín devenido escenario o en la sala si la noche regala lluvias.

A punto de cerrar el contrapunteo, faltan piezas en este rompecabezas como las normas del sector turístico para la presentación de los artistas en sus predios artísticos; solicitud de la cual Vitrales nunca recibió respuesta por parte de los funcionarios, aunque no se precisan dotes premonitorias para saber que también allí la política cultural debe saldar deudas.

Si resultara cierto que el último viernes del mes la Junta de Programación de la Dirección Provincial de Cultura debate en torno a la política cultural, a estas alturas los resortes no exhibieran semejantes incongruencias, o tal vez necesitan establecer un nuevo orden del día.

Mientras persisten las ¿inspecciones sorpresivas? y las hojas se atiborran de estrategias, Sancti Spíritus se convierte en un territorio con un público cada vez más acrítico, amorfo; una audiencia sin memoria que engulle las proposiciones que rondan al fantasma de la globalización cultural.

One comment

  1. Periodista en mi opinion con la cultura pasa como con la cocina.No todos tenemos el paladar suficiente adiestrado y educado como para disfrutar los mas sofisticados platos, elaborado por un Chef de punta, o para degustar un vino viejo de cocecha especial.La mayoria preferimos un plato de congri,Bistec y tostones,acompanado de cerveza fria, a una cena con suchi tahilandes hecho con pez globo.Le pongo otro ejemplo: Soy de la generacion de los Beatles,considerado una revolucion en la musica…Traduzca cualquiera de sus letras y vera que son casi tan simples como un reguetton,sin la groseria.En lo personal el reguetton no me gusta,quizas por que soy viejo y soy un simple empleado municipal sin mucha sofisticacionl.Mi hijo mas chico,un brillante profesor universitario en una universidad americana,lo adora, lo msimo que a las indigestas peliculas de accion de Holliwood al estilo de fast and furious,por eso amigo,mi consigna es :cada uno goza con lo que le gusta y deja a los demas que se diviertan como le plazca.Me gusta Chopin y la original de Manzanillo,los coccuyeses de Santiago y el coro de Clave..pero no entiendo y por tanto no lo aprecio,el Ballet o la pintura..Ah! mi antiguo colega Juan Eduardo Bernal Echemendía,tiene razon en lo que dice,de acuerdo a donde lo dice

Deja un comentario

Escambray se reserva el derecho de moderar aquellos comentarios que irrespeten los criterios ajenos, ofendan, usen frases vulgares o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social.