Sueños de verde olivo

Javier Fernández Pérez,  delegado directo por las Fuerzas Armadas Revolucionarias al X Congreso de la UJC, revela sus motivaciones de cara al cónclave juvenil

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Su verbo sorprende. Está cargado de lecturas y lleno de argumentos. De verde olivo viste, a tono con la condición de soldado. Su servicio militar activo transcurre en el almacén de armamento en Seboruco, Fomento, donde vino al mundo 18 años atrás.

Javier Fernández Pérez es el secretario de su comité de base de la Unión de Jóvenes Comunistas y fue elegido recientemente como uno de los tres delegados directos que representarán al Ejército Central de las Fuerzas Armadas revolucionarias en el venidero X Congreso de la UJC.

No será la primera vez que se vea entre lo más destacado de su generación: el XVIII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Ecuador en diciembre de 2013, lo acogió como asistente, pero siente que acudir a esta cita en Cuba entraña un honor y a la vez un reto diferente. “Cuando aquello —recalca— la motivación era el reclamo por el regreso de nuestros Cinco Héroes, ahora tenemos una nueva, porque los cubanos a partir del 17 de diciembre pasado vimos que la utopía puede hacerse realidad, como nos ha expresado en varias ocasiones el Comandante en Jefe, y tengo que llevar la disposición de todos los jóvenes de mi radio de acción de acompañar  nuestro proceso revolucionario, llegar juntos al final y perfeccionar el funcionamiento de nuestra organización”, declara.

¿De dónde te vienen el patriotismo y la facilidad de palabras?

Yo creo que las ideas patrióticas vienen de mi familia, tal vez es algo genético, no sé, salió un día así de la nada y decidí defender esta convicción de Fidel, de la Revolución cubana, que para mí es la más justa del mundo.

Háblanos de tu familia…

Mi papá es cuadro profesional de la Construcción del Poder Popular y mi mamá es de la misma rama, trabaja en la Vivienda. Un tío abuelo mío formó parte de las tropas del Che durante la liberación de Fomento, Sergio Jiménez se llama. Mi familia está muy contenta con todo esto, mis abuelas también tienen profundas convicciones revolucionarias, quizás no hayan estado en La Sierra, pero son de las primeras en las tareas. Yo a veces me admiro y me río con ellas, porque asumen las labores cederistas como si fueran jóvenes, como en los años fundacionales de los Comités de Defensa de la Revolución y a veces no se dan cuenta de que hay cosas que han cambiado, que a los jóvenes hay que tratarlos con una tónica diferente en la convocatoria a las actividades. Una se llama Nery y la otra Julia.

Estuviste cerca de Rafael Correa, ¿pudiste saludarlo?

No pude, pues llegó con personalidades como Walter Martínez, conductor de Dossier, y Eduardo Galeano, entre otras. Me impresionó mucho verlo continuar sus palabras a los jóvenes latinoamericanos aun bajo la lluvia.

¿Sientes el deseo de estrechar la mano a algún otro líder?

Bueno, hay un sueño y ya por mis ojos tú debes saber de quién te voy a hablar. Es el sueño de muchos cubanos y de todo joven comunista, yo creo que de más está decir esas cinco letras, ojalá y el Congreso sea el lugar idóneo, es una utopía, pero él mismo dijo que nosotros tenemos derecho a seguir soñando (…). En un libro de él, una conversación con el nicaragüense Tomás Borges, hay un capítulo titulado “Luchar por una utopía es en parte construirla”. Si no fuera así me siento ya retribuido por defender sus convicciones.

¿Qué otros libros has leído?

Me gustan los de temas históricos, me impresionó mucho Los últimos soldados de la guerra fría, que lo recibí precisamente en diciembre de 2013; me atrapó, me siento bastante identificado con él.

De niño, Javier cursó estudios en el centro escolar urbano Manuel Fajardo Rivero, en tanto el nivel secundario lo venció en la escuela Mártires de la familia Romero. Era aún matrícula del preuniversitario urbano Olga Alonso al momento de resultar electo delegado para representar a la juventud cubana en Quito.

¿Qué vas a estudiar cuando termines el Servicio?

Ya tengo en mis manos la carrera de Estudios Socioculturales, desgraciadamente la que yo quería es esa que usted está ejerciendo, es mi sueño, pero vino una sola para la provincia.

Estás a tiempo todavía, a lo mejor un día te veo de este lado…

Es mi propósito, ya sea en siete u ocho años; son 14 meses de servicio nada más. Sí, y a lo mejor ese día usted está de este lado, por ejemplo, un 14 de marzo y yo entrevistándola, ¡Qué bueno sería!

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